Historias universales

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En un cosmos inconcebiblemente complejo, cada vez que una criatura se enfrentaba con diversas alternativas, no elegía una sino todas, creando de este modo muchas historias universales del cosmos. Ya que en este mundo había muchas criaturas y que cada una de ellas estaba continuamente ante muchas alternativas, las combinaciones de esos procesos eran innumerables y a cada instante ese universo se ramificaba infinitamente en otros universos, y estos, en otros a su vez.

Olaf Stapledon
No. 18, Noviembre 1966
Tomo III – Año III
Pág. 522

Aprendizaje

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Durante las últimas tres semanas de marcha había aprendido otra verdad nueva y consoladora: que no hay nada en el mundo que sea terrible. Había aprendido que, del mismo modo en que no existen condiciones en que el hombre pueda ser feliz y eternamente libre, tampoco existen condiciones en las que tenga que ser infeliz y sin libertad. Aprendió que el sufrimiento y la libertad tienen sus límites y que esos límites están muy cerca el uno del otro: que la persona en un lecho de rosas con un pétalo arrugado sufría tan agudamente como él, que ahora dormía en la tierra húmeda con un costado helándose mientras el otro se calentaba; y que cuando se había puesto estrechas zapatillas de baile había sufrido lo mismo que ahora, cuando caminaba sobre pies descalzos cubiertos de llagas… Descubrió que cuando se había casado con su esposa —por su propia libre voluntad, según le había parecido— no había sido más libre que ahora, cuando lo encerraban en un establo por las noches.

Tolstoy, Guerra y paz, XIV: XII
No. 18, Noviembre 1966
Tomo III – Año III
Pág. 518

A buen entendedor

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La suegra de Davidson (que está haciendo mi busto y en cuya casa almuerzo hoy), exquisita anciana de 82 años, al preguntarle yo, después de comer y a punto de encender un cigarrillo, si el humo le molesta, nos cuenta que la misma pregunta le hizo antes del 70 Bismarck, en el tren, entre París y Saint-Germain, estando los dos solos en el compartimiento. Ella le contestó en seguida:

—Señor, no puedo decírselo. Nadie hasta ahora ha fumado delante de mí.

Al parecer, Bismarck hizo inmediatamente que el tren se detuviera para cambiar de compartimiento.

André Gide, en DIARIO
No. 18, Noviembre 1966
Tomo III – Año III
Pág. 516

El gesto de la muerte

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Un joven jardinero persa dice a su príncipe:

—¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahan.

El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:

—Esta mañana ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?

—No fue un gesto de amenaza —le responde— sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahan esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahan.

Jean Cocteau
No. 18, Noviembre 1966
Tomo III – Año III
Pág. 515

Los alivios

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Los nombres que se usan en castellano para el W. C. o restroom o son del todo impropios (como el baño) o son del todo abominables. Proponemos un nombre, inocuo… y evocador: “los alivios”.

—¿Adónde ha ido Fulana?

—Ahora vuelve, fue a los alivios

Alfonso Reyes
No. 18, Noviembre 1966
Tomo III – Año III
Pág. 512

Cortes celestiales

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Su Infernal majestad Chin Kuang está a cargo del registro de la vida y de la muerte tanto de los viejos como de los jóvenes, y preside el sitio de juicio en las regiones inferiores. Su corte está situada en el gran Océano, muy lejos, más allá de la roca Wu-chiao, lejos, hacia el oeste, cerca del camino penumbroso que lleva a los Manantiales Amarillos. Cada hombre o mujer que muere en la vejez y cuyo destino es nacer de nuevo en el mundo, si sus partes de bien y de mal están igualmente balanceadas, es enviado a la Primera Corte, y de allí devuelto a la Vida, el hombre transformándose en mujer, la mujer en hombre, el rico en pobre y el pobre en rico, de acuerdo a sus diversos merecimientos. Pero aquellos cuyas obras malas sobrepasen a las buenas, son enviados a una terraza a la derecha de la Corte, llamada la Terraza del espejo del Pecado, de tres metros de alto. El espejo mide diez brazadas en circunferencia y cuelga mirando hacia el este. Sobre él hay siete caracteres escritos horizontalmente: Terraza del Espejo del Pecado Para los Hombres Malos. Allí las almas malvadas pueden ver la vileza de sus propios corazones mientras estuvieron entre los vivos, y el peligro de la muerte y del infierno… Luego son enviadas a la Segunda Corte, donde se les tortura y se les hace pasar al verdadero infierno.

Del Yü Li Ch´ao Chuan
No. 18, Noviembre 1966
Tomo III – Año III
Pág. 501