Cortísimo metraje

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Automovilista en vacaciones recorre las montañas del centro de Francia, se aburre lejos de la ciudad y de la vida nocturna. Muchacha le hace el gesto usual del auto-stop, tímidamente pregunta si dirección Beaune o Tournus. En la carretera unas palabras, hermoso perfil moreno que pocas veces pleno rostro, lacónicamente a las preguntas del que ahora, mirando los muslos desnudos contra el asiento rojo. Al término de un viraje el auto sale de la carretera y se pierde en lo más espeso. De reojo sintiendo cómo cruza las manos sobre la minifalda mientras el terror poco a poco. Bajo los árboles una profunda gruta vegetal donde se podrá, salta del auto, la otra portezuela y brutalmente por los hombres. La muchacha lo mira como si no, se deja bajar del auto sabiendo que en la soledad del bosque. Cuando la mano por la cintura arrastrarla entre los árboles, pistola del bolso, y a la sien. Después billetera, verifica bien llena, de paso roba el auto que abandonará algunos kilómetros más lejos sin dejar la menor impresión digital porque en ese oficio no hay que descuidarse.

Julio Cortázar
No. 62, Diciembre 1973 – Enero 1974
Tomo X – Año X
Pág. 251

Julio Cortazar
No. 81, Mayo – Junio 1980
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 37

Julio Cortázar
No. 123-124, Julio-Diciembre 1992
Tomo XXI – Año XXIX
Pág. 271

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Demasiado tarde

Esperas silenciosa a que te llegue el turno, tejiendo una prenda para ahuyentar el tedio. Al agotar todo el estambre del pueblo, reconoces angustiada que no existen los príncipes azules.

Guillermo González
No. 81, Mayo – Junio 1980
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 34

Un cuento

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Una vez un hombre, después de largos días de paciencia, logró armar un barquito de esos que se forman pieza por pieza dentro de una botella.

Cerró la botella el hombre con un tapón de corcho y lo puso en la sala de su casa, sobre la chimenea. Allí la mostraba orgullosamente a sus amigos.

Un día que el hombre estaba viendo su barquito, notó asombrado que una de sus pequeñas ventanas se había abierto, y a través de ella observó algo que lo dejó asombrado: en una sala como la suya, sobre una chimenea como la suya estaba otra botella igual a la suya, nomás que extremadamente más pequeña, con otro barquito dentro como el suyo. Y la botella estaba siendo mostrada a sus amigos por un hombrecito diminuto que no parecía sufrir nada por el hecho de estar dentro de una botella.

El hombre sacó el tapón y con unas pinzas cogió al hombrecito, pero lo apretó de tal manera que lo ahogó.

Entonces el hombre escuchó un ruido. Volvió la vista y descubrió asustado que una de sus ventanas de la sala se había abierto. Un ojo enorme lo atisbaba desde afuera. Y lo último que alcanzó a mirar el hombre fue un par de enormes pinzas que avanzaban hacia él como las fauces de un animal monstruoso.

Armando Fuentes Aguirre
No. 81, Mayo – Junio 1980
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 29

Walter William Skeat

Walter William Skeat

Walter William Skeat

(21 noviembre 1835 hasta 6 octubre 1912)

Filólogo inglés, nació en Londres y estudió en la Escuela del Colegio del Rey ( Wimbledon ), Highgate School, y la universidad de Cristo, Cambridge. Su hijo fue el antropólogo Walter William Skeat.

En 1878 fue elegido profesor de inglés en Cambridge. Completó la edición de los Evangelios Anglosajones de Mitchell Kemble, e hizo mucho otros trabajos tanto en ingés antíguo, pero es quizás el más generalmente conocido por sus trabajos en Inglés medio.

Su edición de Pedro el Labrador en tres textos paralelos se publicó en 1886.

Está enterrado en la Parroquia de la Ascensión Burial Ground , en Cambridge.

En la filología pura, el logro principal de Skeat es su  DiccionarioEtimológico Inglés (4 partes, 1879-1882;. rev, y ampliada, 1910). Al preparar el diccionario, escribió cientos de artículos cortos sobre los orígenes de las palabras para las notas del diario con sede en Londres y consultas. Skeat también fue un pionero de los estudios de topónimias[1].