Demasiado tarde

Esperas silenciosa a que te llegue el turno, tejiendo una prenda para ahuyentar el tedio. Al agotar todo el estambre del pueblo, reconoces angustiada que no existen los príncipes azules.

Guillermo González
No. 81, Mayo – Junio 1980
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 34

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