Leucocotra

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… es la leucocotra, en la que ciertos comentadores han visto un reflejo del gnu, y otros de la hiena, y otros, una fusión de los dos. Es rapidísima y del tamaño del asno silvestre. Tiene patas de ciervo, cuello, cola y pecho de león, cabeza de tejón, pezuñas partidas, boca hasta las orejas y un hueso continuo en lugar de dientes. Habita en Etiopía —donde asimismo hay toros salvajes, armados de cuernos movibles— y es fama que remeda con dulzura la voz humana.

Jorge Luis Borges, en MANUAL DE ZOOLOGÍA FANTÁSTICA
No. 8, Diciembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 60

La respuesta

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Dwar Ev soldó solemnemente la última conexión con oro. Los objetivos de una docena de cámaras de televisión lo estaban observando, y el subéter se encargó de llevar por todo el universo una docena de imágenes diferentes del acontecimiento.

Se concentró, hizo un gesto con la cabeza a Dwar Reyn, y se coló enseguida junto al botón que establecería el contacto. El conmutador pondría en relación, de un solo golpe, todas las supermáquinas de todos los planetas habitados en el universo —noventa y seis billones de planetas—, en un supercircuito que los transformaría en gigantesco supercalculador, gigantesco monstruo cibernético que reuniría el saber de todas las galaxias. Dwar reyn habló unos instantes a los trillones de seres que lo observaban y lo escuchaban. Y, tras un breve silencio, anunció:

—Y ahora con ustedes, Dwar Ep.

Dwar Ep giró el conmutador. Se oyó un potente ronroneo, el de las ondas que salían hacia noventa y seis billones de planetas. Se prendieron y apagaron las luces en los dos kilómetros que componían el tablero de control.

Dwar Ep dio un paso hacia atrás, respirando profundamente.

—Es a usted que corresponde hacer la primera pregunta, Dwar Reyn.

—Gracias —dijo Dwar Reyn—, haré una pregunta que nunca pudo ser contestada por las máquinas cibernéticas sencillas.

Se volvió hacia la máquina:

—¿Existe un Dios?

La voz poderosa contestó sin titubeos, sin el menor temblor:

—Sí, ahora existe un Dios.

Fredric Brown
No. 8, Diciembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 50

La dama eterna

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Otro relato, recogido cerca de Oldenburgo, en el Ducado de Holstein, trata de una dama que comía y bebía alegremente y tenía cuanto puede anhelar el corazón, y que deseó vivir para siempre. En los primeros cien años todo fue bien, pero después empezó a encogerse y arrugarse, hasta que no pudo andar, ni estar de pie, ni comer ni beber. Pero tampoco podía morir. Al principio la alimentaban como si fuera una niñita, pero llegó a ser tan diminuta que la metieron en una botella de vidrio y la colgaron en la iglesia. Todo estaba ahí, en la iglesia. Todavía estaba ahí, en la Iglesia de Santa María, en Lubeck. Es del tamaño de una rata, y una vez al año de mueve.

James George Frazer,en BALDER THE BEAUTIFUL
No. 8, Diciembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 46

Cortesano precoz

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Había en tiempos pasados un sultán que, habiendo tenido conocimiento de que su hayib —primer ministro— tenía un hijo de corta edad, muy listo e inteligente… fue un día a visitarlo…

…Presentóse el mancebo y saludó al sultán arrodillándose y diciendo:

Feliz y bendita sea la hora en que Dios me ha permitido estar en presencia de mi señor y dueño, el príncipe de los creyentes.

Complacido, el sultán le preguntó:

—¿Qué estancia te parece mejor, mi palacio o esta casa de tu padre?

—Me parece mejor esta casa.

—¿Cómo es eso?

—Porque en ella está nuestro señor, el príncipe de los creyentes.

Mostróle entonces el sultán una sortija que llevaba con un valiosísimo diamante, y le preguntó:

—¿Crees que haya algo en el mundo que valga más que este brillante?

—Sí, mi señor.

—¿Qué cosa es ésa?

—La mano que la lleva.

Gibran Jalil Gibran
No. 8, Diciembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 45

El problema

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Le fue planteado a un sabio el siguiente problema:

—Un hombre está en un aposento, a solas con una joven a quien ama. La puerta está bien cerrada, los sirvientes duermen y el galán se estremece de deseo. Como dice el árabe: “Maduro está el dátil y el guardián del oasis no impide cogerlo”… ¿Tal vez rezando con fervor podrá este hombre vencer la tentación? ¿Qué respondes?

—Quizás es salve la joven; mas no se salvará de los murmuradores.

Saadi en: EL JARDÍN DE LAS ROSAS
No. 8, Diciembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 40

La última tarde

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Piteo afirmaba haber recorrido a pie hacia la Bretaña hasta llegar a Tule, y hacía de las comarcas circundantes una descripción absolutamente maravillosa: por ejemplo, en tales parajes no se encontraba ni tierra, ni mar, ni aire, sino una cierta mezcla de todos los elementos, una especie de pulmón marino; venía a ser algo así como el punto en que se unían tierra, mar y aire, flotando indecisos en el espacio. En lugar alguno podía fijarse la planta y no había lugar que los barcos pudieran abordar.

Alexis Chassang
No. 8, Diciembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 34