El juicio

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Entonces se hizo un gran silencio en la cámara de la justicia de Dios. Y el alma del pecador avanzó desnuda ante Dios.

Y Dios abrió el libro de la vida del pecador.

—Ciertamente tu vida ha sido pésima. Tú has… (seguía una prodigiosa, maravillosa enumeración de pecados). Puesto que has hecho todo eso, ciertamente te he de enviar al Infierno.

—No puedes enviarme al infierno.

—¿Y por qué no puedo enviarte al infierno?

—Porque allí he vivido toda mi vida.

Entonces se hizo un gran silencio en la cámara de justicia de Dios.

—Pues bien: ya que no puedo enviarte al Infierno, te enviaré al Cielo.

—No puedes enviarme al Cielo?

—Porque jamás he podido imaginarlo.

Y se hizo un gran silencio en la Cámara de la justicia de Dios.

Contado por Oscar Wilde a André Guide
No. 8, Diciembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 76

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