Eugenesia

132 top
Una dama de calidad se enamoró con tanto frenesí de un tal señor Dodd, predicador puritano, que rogó a su marido que les permitiera usar de la cama para procrear un ángel o un santo; pero, concedida la venia, el parto fue normal.

Drummond
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 83

Anuncios

Bustos Domecq

Honorio Bustos Domecq

Honorio Bustos Domecq

Honorio Bustos Domecq es el autor ficticio de la colección de relatos detectivescos Seis problemas para don Isidro Parodi (publicada en 1942) y escritos en colaboración entre los escritores argentinos Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Posteriormente publicaron con el mismo seudónimo Un modelo para la muerte (1946) y Crónicas de Bustos Domecq (1967).

La obra viene precedida de una somera biografía sobre el supuesto autor a cargo de una maestra llamada Adelma Badoglio, así como de una redicha presentación de un tal Gervasio Montenegro, imaginario colega y amigo de Honorio Bustos. Gervasio Montenegro aparece también como personaje, un célebre actor acusado de asesinato, en algunos de los relatos que se supone que prologa.

Según su biógrafa, Honorio Bustos Domecq, nació en la localidad argentina de Pujato y fue un escritor precoz que publicó sus primeras obras en la prensa de Rosario a la edad de 10 años. Fue un eminente polígrafo y durante la intervención de Labruna fue nombrado Inspector de Enseñanza y, más tarde, Defensor de Pobres.

El origen del pseudónimo consiste en la reunión de los apellidos de un bisabuelo materno de Borges (Bustos) y del de la abuela paterna de Bioy (Domecq).

Otro seudónimo utilizado por Borges y Bioy Casares es Benito Suárez Lynch[1].

El extraño caso de Bustos Domecq

Alfredo Taján

Bustos Domecq fue el alter-ego de Bioy Casares y Borges

PARA entender la historia de Bustos Domecq no hay que ser un genio, pero sí hay que haber leído un poco, no mucho, sólo un poco. Bustos Domecq fue el alter-ego de dos grandes escritores argentinos: Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges; Domecq fue un personaje que estos dos autores inventaron para dar rienda suelta a sus opiniones más radicales sobre esto y aquello, y entre tanto pasárselo bien a toda costa. Bustos Domecq es la fotografía velada y turbia de una traición: la de la autoría y la de la amistad. Tampoco hay que marear la perdiz, sólo decir que Bustos Domecq publicó un par de títulos hilarantes que en su momento causaron gran revuelo y que como tal es considerado el primer escritor con personalidad propia que, en realidad, no existe. La broma sería luego copiada hasta la saciedad por autores hoy tan renombrados como Roberto Bolaño, cuando crea al Carlos Wieder de ‘Estrella distante’, e incluso su demencial lista de ‘Literatura Nazi en América’ es una receta extraída del escritor invisible; pero no nos equivoquemos, Bustos Domecq no es un heterónimo, no es un alias, ni siquiera un seudónimo, al contrario, es alguien que siente, y sobretodo, disiente, como si estuviera vivito y coleando.

Borges y Bioy basaron su larga relación de cuatro décadas en un exquisito refinamiento existencial e intelectual. Con el paso del tiempo llegaron a despreciar cualquier libro, o fragmento de libro, una u otra opinión, que no se adecuara a sus cánones. A cuatro manos Borges y Bioy, tanto monta, monta tanto, firmaron con sus nombres respectivos, a los que debe añadirse el de la esposa de Bioy, la también escritora Silvina Ocampo, la ‘Antología de la literatura fantástica’ (1940), que ya advierte el trabajo crítico de sus autores, establece un programa de lecturas y crea un universo de fobias y filias. Bioy escribió que «los amigos que se ven con regularidad acaban por elaborar un dialecto burlesco», Borges, en la misma línea, aseguró que «aún a los narradores fantásticos les llega la hora de conmemorar a las pocas personas que el destino mezcló en sus vidas».

Al margen de que la amistad entre Borges y Bioy exija un profundo examen, la creación del crítico ficticio Honorio Bustos Domecq -feliz reunión de los apellidos de un bisabuelo de Borges (Bustos) y de un bisabuelo de Bioy (Domecq)-, tuvo su estreno en 1942 con la novela ‘Seis problemas para Don Isidro Parodi’, donde un extravagante detective, que está preso, investiga desde su celda, cuantos laberínticos crímenes se cometen en la República Argentina.

En 1963 reapareció Bustos Domecq con sus famosas ‘Crónicas’: veinte años no es nada dice la letra del tango. En esta obrita postrera, la institución cultural en su conjunto es parodiada, incluso el prologuista de la obra, Gervasio Montenegro, es acotado por el propio Domecq, que no duda en escribir un sutil manifiesto contra la osada ignorancia. No en vano estas ‘Crónicas’ de Bustos Domecq están dedicadas a «Picasso, Joyce y Le Corbusier, esos grandes olvidados…»

Deliciosos embaucadores, Borges y Bioy, dieron rienda suelta a sus pequeñas maldades y a sus respectivas soberbias a través de Bustos Domecq. No en vano en ello se les iba, se les fue, la vida[2].

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Honorio_Bustos_Domecq

[2] http://www.diariosur.es/20091106/cultura/extrano-caso-bustos-domecq-20091106.html

La verdad del bosque

132 top
Como un golfo de soles este espacio hermético y transparente: una esfera de cristal con el sol adentro; con un cuerpo dorado (un ausente, querido tú) con una cabeza donde brillan los ojos más azules delante del sol en la esfera transparente.

La acción transcurre en el desierto y qué sola atravesé mi infancia como caperucita el bosque antes del encuentro feroz. Qué sola llevando una cesta, qué inocente, qué decorosa y bien dispuesta, pero nos devoraron a todos porque ¿para qué sirven las palabras si no pueden constatar que nos devoraron? —dijo la abuela.

Pero de la mía no se vistió el lobo. El bosque no es verde sino en el cerebro. La abuela dio a luz a mi madre, quien a su vez me dio la tierra, y todo gracias a mi imaginación. Pero allí, en mi pequeño teatro, el lobo las devoró. En cuanto al lobo, lo recorté y lo pegué en mi cuaderno escolar. En suma, en esta vida me deben el festín.
—¿Y a esto llamas vida? —dijo la abuela.

Alejandra Pizarnik
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 79

Exhibicionista

132 top
El pelo me crecía tanto por la noche que amanecía como dentro de un nido. Pero una mañana desperté calvo. Al día siguiente comenzó a levantárseme la piel. Cada noche pierdo un dedo, un diente, una oreja… y así sigo. Esto no puede durar mucho pero mi salud es perfecta.

A. F. Molina
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 75

Las transformaciones

132 top
Me nacieron. No quise nacer, pero me nacieron y me nacieron. V. en vez de H. y me clasificaron como a una mariposa, siempre las clasificaciones.
Yo era diferente y el hombre se había complicado la vida y quise alejarme del hombre porque quería ser feliz y con mi poder de adaptación dispuse de la tabla mágica de las transformaciones y me transformé en huevo y fui feliz en el culo de la gallina, y me transformé en humo y fui feliz dibujando estelas en el cielo y me transformé en lluvia y fui feliz mojando las ciudades y me transformé en pájaro y fui feliz cagando los sombreros de las señoras y los trajes de los señores y los coches y las mesas de las terrazas de los cafés y me transformé en cáncer y fui feliz comiéndome los pechos de lolita, pero llegó el día en que me cansaron las transformaciones y quise volver a mi estado primario y me transformé en hombre y al transformarme en hombre me volví loco.

Manuel Pacheco
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 73

Las huellas

132 top
Un camello exhausto se ha desplomado en mitad de la calle, frente a casa. Como pesa demasiado para transportarlo hasta el matadero, dos hombres armados de hachas lo despedazan vivo allí mismo. Los filos se hunden en la carne blanca, y la pobre bestia parece cada vez más triste, más aristocrática, más perpleja a medida que le cortan las patas. Por último sólo queda viva la cabeza, los ojos abiertos que miran en torno. Ni un grito de protesta, ni una convulsión. El animal se somete como una palmera. Pero durante muchos días el barro de la calle queda empapado en sangre, y nuestros pies descalzos dejan sus huellas en esa humedad.

Lawrence Durrel
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 71

James Baldwin

???????????????????????????????????????????????

James Baldwin

(Nueva York, 1924 – París, 1987)

 

Narrador, ensayista y comediógrafo estadounidense de raza negra cuya obra, sobre todo en las décadas de 1950 y 1960, tuvo gran repercusión literaria y política por el análisis del problema racial en Estados Unidos.

Hijo de un predicador de Harlem, el mayor de nueve hermanos, a los catorce años Baldwin atravesó una profunda crisis religiosa que le llevó a convertirse en predicador. Esta experiencia está narrada con vigor, lucidez y perfecto dominio lingüístico del material tratado, en su primera y probablemente mejor novelaVe y dilo en la montaña (1953). Sobre el fondo de la conversión del protagonista, John Grimes, se dibuja la compleja trama de las relaciones familiares, cargadas de tensiones y frustraciones.

En 1948 Baldwin se trasladó a Francia (donde permanecerá hasta 1957) a la búsqueda de su identidad como negro y como artista, lejos de las heridas producidas por el racismo norteamericano. La experiencia de la adolescencia ligada a la religión es también la base de The Amen Corner, representada por primera vez en 1955 en una universidad negra norteamericana y sólo publicada en 1968. De trazos suaves, pero construido eficazmente sobre el ritmo de un ritual afroamericano, el drama, al tiempo que expone con sarcasmo la iglesia negra y sus con frecuencia hipócritas fieles, a través del sufrimiento interior de la protagonista, Margaret, afirma la necesidad de compasión y del amor más allá de todo conformismo.

Su primera colección de ensayos (Notes of a Native Son, 1955), le sitúa en seguida como uno de los mejores prosistas norteamericanos en este género después de Emerson. Lúcido y apasionado en el análisis, Baldwin traza a partir de experiencias propias el estado tortuoso de las relaciones entre negros y blancos en EE.UU., envueltos en una espiral de odio y miedo, pero necesitados los unos de los otros.

En el plano literario, Baldwin ataca resueltamente la novela de protesta, patrocinada por su ex padre espiritual Richard Wright. La Habitación de Giovanni(Giovanni’s Room, 1956) es una novela en parte no lograda, donde Baldwin afronta el tema de la relación homosexual entre dos blancos y que culmina trágicamente con la ejecución de Giovanni, condenado por homicidio después de haber sido abandonado por su amante. La escritura resulta opaca y los personajes mal dibujados.

Tras su regreso a la patria, Baldwin publica Nobody Knows My Name (1961), magníficos ensayos en los que afronta más directamente los problemas raciales de EE.UU. Otro país (Another Country, 1962) parece confirmar su involución como narrador: ambientada en un Greenwich Village multirracial, la novela narra un complejo de relaciones, básicamente eróticas, de un grupo de personajes a la búsqueda del equilibrio y la salvación en un mundo caótico. La próxima vez, el fuego (The Fire Next Time, 1963) reafirma una vez más que su mejor terreno es el ensayo: los análisis amargos de las heridas psíquicas que padece su país se acompañan con una vibrante llamada para que blancos y negros consigan integrarse en un plano de igualdad.

En 1964 publica y pone en escena Blues para Mr. Charlie (Blues for Mister Charlie), drama fuertemente expresionista centrado en el linchamiento de un joven negro, donde Baldwin no desdeña hacer propaganda de las ideas del Black Power, entonces en alza. En Going to Meet the Man (1965), colección de cuentos de valor desigual, el ritual de la música negra permitirá a dos hermanos reencontrar una identidad común. Tell Me How Long the Train’s Been Gone (1968) cuenta la historia de amor de un actor y una actriz negros hasta el desarrollo de la conciencia política del actor.

Sobre mi cabeza (1979) se centra en la carrera de un cantante de soul y sus amores homosexuales, contada por el hermano, y que culmina trágicamente. En Blues de la calle Beale (1974), la violencia de un joven negro encarcelado injustamente aparece en contraposición al sentimiento de solidaridad que une a la familia negra. Por el mismo tiempo publica ensayos: No Name in the Street (1972), The Devil Finds Work (1976). En 1985 aparece la colección completa de sus ensayos: The Price of the Ticket: Collected non-fiction 1948-85. El silencio de sus últimos años quizá fue indicativo de las mayores dificultades que su talento provocador pudo tener para hallar nuevas inflexiones dentro de su tono ardientemente profético[1].

 

 

[1] http://www.biografiasyvidas.com/biografia/b/baldwin_james.htm

La ciudad y la noche

132 top
La ciudad es como una experta prostituta: la noche va y viene sobre ella, se muestra indiferente ante su aproximación y sigue inalterable cuando se desvanece…

Solamente la ciudad ha encontrado un medio para entenderse con la noche, y ese medio es la indiferencia; acaso, por ello mismo, la noche es tan cruel en la ciudad y tan voluptuosa en los campos.

James Baldwin
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 69

El templo

Redoblan las campanas, que majestuosas dan aviso del ofertorio próximo a celebrarse. El pueblo queda sumergido un instante en el eco del dulce sonido, a la vez, cientos de palomas abandonan el campanario, envolviendo el cielo con sus cuerpos frágiles.

El día iba a transcurrir como siempre, los señores es sus respectivos trabajos y las mujeres en el mercado, o comadreando en la esquina, al mismo tiempo que vigilan a sus hijos quienes juegan en el laberinto de callejuelas empedradas. Esta normalidad fue bruscamente interrumpida al desencadenarse un terremoto. La gente empezó a correr desesperadamente sin sentido hasta que alguien gritó:

—¡A la iglesia! ¡Vamos a la iglesia!

Las personas que pasaban por ahí, se detuvieron y exclamaron:

—¡Sí!. ¡protejámonos en la casa de Dios! —y así, todos se dirigieron al templo, mientras pensaban:

—¿Qué se atrevería a tocar el hogar de Cristo?, ¡nada! Tal vez Dios hizo que temblara para salvar únicamente a los buenos, ya que el bueno se refugia en su casa y ésta jamás será destruida. ¡Ay! Padre nuestro… ¡sálvanos!. —La gente corrió hacia la iglesia. En un momento todo el pueblo yacía orando dentro del templo, la tierra aún rugía. Minutos después un silencio aterrador se apoderó de las calles, vacías e intactas al igual que todas las construcciones del poblado excepto la iglesia, pues ésta quedó reducida a escombros y todos murieron.

Un grupo de hermosas palomas blancas se posó en los cuerpos ensangrentados… Dios se hizo presente.

Rex Felipe De la Concha
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 66

Historia del joven celoso

132 top
Había una vez un hombre joven que estaba muy celoso de una joven muchacha bastante voluble.

Un día le dijo: “Tus ojos miran a todo el mundo”. Entonces, le arrancó los ojos.

Después le dijo: “Con tus manos puedes hacer gestos de invitación” Y le cortó las manos.

“Todavía puede hablar con otros”, pensó. Y le extirpó la lengua.
Luego, para impedirle sonreír a los eventuales admiradores, le arrancó todos los dientes.

Por último, le cortó las piernas. “De este modo”, se dijo, “estaré más tranquilo”.

Solamente entonces pudo dejar sin vigilancia a la joven muchacha que amaba. “Ella es fea”, pensaba, “pero al menos, será mía hasta la muerte”.

Un día volvió a la casa y no encontró a la joven muchacha: ella había desaparecido, raptada por un exhibidor de fenómenos.

Henri Pierre Cami
No. 30, Mayo 1968
Tomo V – Año V
Pág. 552

Henri Pierre Cami
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 53

Suicidio

132 top
Hay muchos modos de suicidarse. El que yo propongo es el siguiente: suicídese usted mediante el único método del suicidio filosófico.

—¿Y es?

—Esperando que le llegue la muerte. Desinterésese un instante, olvídese de su persona, dese por muerto, considérense como cosa transitoria llamada necesariamente a extinguirse. En cuanto logre usted posesionarse de este estado de ánimo, todas las cosas que le afectan pasarán a la categoría de ilusiones intrascendentes, y usted deseará continuar sus experiencias de la vida por una mera curiosidad intelectual, seguro como está de que la liberación lo espera. Entonces, con gran sorpresa suya, comenzará usted a sentir que la vida le divierte en sí misma, fuera de usted y de sus intereses y sus exigencias personales. Y como habrá usted hecho en su interior, tabla rasa, cuando le acontezca le parecerá ganancia y un bien con el que usted ya no contaba. Al cabo de unos cuantos días, el mundo le sonreirá de tal suerte que ya no deseará usted morir, y entonces su problema será el contrario.

Alfonso Reyes
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 51

La naturaleza humana

132 top

I

Los azotes físicos y las calamidades de la naturaleza humana hicieron necesaria la sociedad. La sociedad se agregó a los desastres de la naturaleza. Los inconvenientes de la sociedad hicieron necesario el gobierno, y el gobierno se agregó a los desastres de la sociedad. Esta es la historia de la naturaleza humana.

II

Cuando se considera que el producto del trabajo y de la inteligencia de treinta o cuarenta siglos ha servido para entregar trescientos millones de hombres repartidos sobre el planeta a una treintena de déspotas, en su mayoría ignorantes e imbéciles, cada uno de ellos gobernado por tres o cuatro pervertidos, algunas veces estúpidos, ¿Qué pensar de la humanidad, y qué esperar de ella para el porvenir?

Chamfort
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 45

Idries Shah

Idries Shah

Idries Shah

(16 de junio de 1924 – 23 de noviembre de 1996)

Fue un autor que escribió más de tres docenas de libros aclamados por la crítica que versan sobre temas que van desde la psicología y espiritualidad hasta diarios de viajes y estudios culturales.

Nacido en la India, descendiente de una familia noble de Afganistán, Shah creció principalmente en Inglaterra. Sus escritos tempranos se centraron en temas como magia y brujería. En 1960 fundó una casa editorial llamada Octagon Press, produciendo traducciones de textos clásicos Sufis como también títulos propios. Su trabajo más emblemático fue Los Sufis, el cual apareció en 1964 gozando de una buena recepción internacional. En 1965, Shah fundó en Londres el Institute for Cultural Research (Instituto para la Investigación Cultural), una organización educativa sin fines de lucro dedicada al estudio del comportamiento humano y de la cultura. Una organización similar, el Institute for the Study of Human Knowledge, también conocido como ISHK (Instituto para el Estudio del Conocimiento Humano) existe en los Estados Unidos de Norteamérica,6 bajo la dirección del psicólogo y profesor de la Universidad de Stanford Robert Ornstein.7

En sus escritos, Shah presenta al Sufismo como una forma universal de sabiduría anterior al Islam, poniendo el énfasis en la dinamicidad del Sufismo, su naturaleza no estática que siempre se adapta al tiempo presente, de acuerdo al lugar y a la gente involucrada. Además enmarcó su enseñanza en términos psicológicos occidentales. Shah hizo una extensiva utilización de cuentos-enseñanza tradicionales y de parábolas, textos que contienen múltiples capas de significados diseñados para activar introspección y autorreflexión en el lector. Quizá él sea más conocido por sus colecciones de las historias cómicas del Mula Nasrudín.8

En ocasiones Shah fue criticado por orientalistas que cuestionaron sus credenciales y antecedentes. Su rol en la controversia que despertó una nueva traducción del Rubaiyat de Omar Khayyam, publicado por su amigo Robert Graves y su hermano mayor, Omar Ali Shah, fue objeto de una minuciosa examinación.9 Sin embargo, tuvo también numerosos defensores, entre los cuales se destacó la novelista (y ganadora del premio Nobel de literatura) Doris Lessing. Shah llegó a ser reconocido como un vocero del Sufismo en occidente y dictó conferencias en calidad de profesor visitante en un gran número de universidades occidentales. Sus trabajos han jugado un rol significativo en presentar al Sufismo como una forma de sabiduría espiritual secular e individual[1].

 

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Idries_Shah

De espaldas hacia el frente

132 top
Las personas razonables siempre ven las cosas en la misma forma —le dijo un día el Khan de Samarkanda a Nasrudín.

—Ese es justamente el problema de la gente “razonable” —respondió Nasrudín—; entre ellos hay quienes siempre ven una sola cosa, cuando hay en potencia dos posibilidades.

El Khan llamó a los adivinos y filósofos para que le explicaran, pero ellos creyeron que Nasrudín pasó por el pueblo sobre un burro, montándolo de espaldas, de manera que su cara miraba hacia la cola.

Cuando llegó al palacio adonde el Khan estaba sentado con sus consejeros, Nasrudín dijo:

—Alteza, por favor, pregunte a esta gente lo que acaban de ver.

Cuando el Khan les preguntó, todos dijeron:

—Un hombre que va montado en un burro con las espaldas hacia el frente.

—Ese es exactamente mi punto —dijo Nasrudín—. El problema de todos ellos es que no notaron que quizá era yo el que estaba bien y el burro el que estaba al revés.

Idries Shah
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 37

La viuda fiel

132 top
Una viuda que lloraba ante la tumba de su marido fue abordada por un Apuesto Caballero quien le aseguró de la manera más respetuosa que, desde hacía mucho tiempo, le inspiraba ella los sentimientos más delicados.

—¡Miserable! —exclamó la Viuda—. ¡Váyase ahora mismo! ¿Es esta una ocasión para hablar de amor?

—Le aseguro, señora, que no era mi intención descubrir mis sentimientos —explicó humildemente el Apuesto Caballero—, pero el poder de su belleza venció mi discreción.

—Debería verme cuando no estoy llorando —dijo la viuda.

Ambose Bierce
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 35

Un sueño

132 top
En un desierto lugar del Irán hay una no muy alta torre de piedra, sin puerta ni ventana. En la única habitación (cuyo piso es de tierra y tiene la forma de círculo) hay una mesa de madera y un banco. En esa celda circular, un hombre que se parece a mí escribe en caracteres que no comprendo un largo poema sobre un hombre que en otra celda circular… El proceso no tiene fin y nadie podrá leer lo que los prisioneros escriben.

Jorge Luis Borges
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 33

El grito atrapado

Doña Amelia había sufrido su cuota en la vida. Como a todos los mortales, por cada sufrimiento que se callaba o que enfrentaba con entereza y a solas, un grito se le formaba poco a poco dentro de ella, grito que iba quedando atrapado. Con la vida, muchos fueron los gritos que, agazapados adentro, empezaron a entrelazarse hasta que se volvieron uno.

Sin embargo, había momentos felices y ahora su vida giraba en torno al amado. Fue al descubrir su traición que el grito ganó la batalla. Se enroscó fieramente en sus vísceras y el dolor fue tan intenso, que terminó aniquilando su corazón. Al momento de su muerte, el monstruoso grito abandonó su cuerpo y salió de su boca como una enorme serpiente negra y fluorescente. Las paredes del cuarto se estremecieron y el grito, al fin liberado, se perdió, culebreando en el espacio.

El que ella había amado, sólo sonrió. Rodeando con displicencia los hombros de su nuevo amor, le dijo:

—Ella fue siempre extraña, creo que estaba un poco loca.

Y se fueron caminando juntos por la ancha avenida.

Ana Gallegos
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 31

Inventos

132 top
La estampilla a contrapelo, para quien responda las cartas con demasiado retraso: basta con pegarla al sobre para que la contestación llegue a destino tres semanas antes de enviada.

El puente alto, tan alto que al pasar un bote por debajo de él, hay que ponerse de pie para poder agacharse.

La peluca horripilada, o sea con los pelos parados, para los lectores calvos de historias de fantasmas.

El automóvil Stoopnagle (nada mejor para esta época de crisis petroleras): no usa gasolina, pero tiene las ruedas traseras mucho más grandes que las delanteras para rodar siempre cuesta abajo. (A la pregunta: “Que sucede cuando en una pendiente el auto queda en posición horizontal”, el autor promete responder en otro libro titulado “Por qué la gente hace preguntas idiotas”.)

La manguera de dos puntas, para ahorrar tiempo al regar el jardín, ya que el agua llega a dos sitios a la vez.

F. Chase Taylor
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 23

El perro y el médico

132 top
Un perro que vio a un médico asistir al entierro de un adinerado paciente dijo:

—¿Cuándo espera desenterrarlo?

—¿Por qué habría de desenterrarlo? —preguntó el médico.

—Cuando entierro un hueso —dijo el perro—, es con la intención de destaparlo más tarde y roerlo.

—Los huesos que yo entierro —dijo el médico— son los que ya no puedo roer.

Ambose Bierce
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 17