Misión frustrada

Con las municiones que le quedaban (y sabía que eran las últimas) tenía que acabar con el enemigo que, oculto tras las peñas, esperaba con su ametralladora a que se acercara el último avión de bombas y derribarlo. Ambos, además de querer salvar la propia vida, tenían un objetivo acrecentado por la respectiva propaganda, el odio y el heroísmo.

A la una en punto, ninguno de los dos soldados había dejado de observar y de protegerse, acumulando paciencia y rencor contra el sol que aumentaba el malestar de la fatiga y la sed.

A lo lejos se oyó el zumbar conocido de un avión. Cuando el de la ametralladora, con los nervios tensos y las manos empapadas de sudor se aprestaba a disparar, llegó la orden de tregua en la voz de la madre de otro niño: “Arno, te llama tu mamá para que vayas a comer”.

Roberto Bañuelas
No. 121-122, Enero-Julio 1992
Tomo XXI – Año XXVIII
Pág. 48

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