Pigmalión

121-122  top
Fue al revés: la hermosísima Galatea era un ser vivo. Pero en cuanto le apareció la primera arruga. Pigmalión, egoísta como todos los estetas, le suplicó a Venus que convirtieses a su amada en una estatua. La diosa consintió. Y desde entonces Pigmalión acariciaba una mujer de mármol en vez de una mujer de carne, “Lo prefiero —afirmaba con toda seriedad—. Es fría e inerte, pero al menos no envejece, no huele mal, no dice tonterías”

(N. N. : Papeles para Ucronia.)

Marco Denevi
No. 121-122, Enero-Julio 1992
Tomo XXI – Año XXVIII
Pág. 36

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