Post mortem

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En el Paraíso nos atenderán las huríes, vírgenes de ojos como estrellas, de inmarcesible virginidad que renace bajo los besos y de saliva tan suave que si una gota cayera en los océanos toda el agua se endulzaría.

Du Ryére, EL CORÁN
No. 20, Enero-Febrero de 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 86

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Vigilia

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Nuestros días eran muy duros y estábamos despiertos dieciocho de las veinticuatro horas. Los tibetanos creen que no es prudente dormir cuando hay luz, porque los demonios del día pueden llevarnos. Hasta a los niños muy pequeños se les mantiene despiertos para que no los infecten los demonios. También tienen que estar despiertos los enfermos, y un monje es el encargado de no dejarlos dormir. Nadie queda libre de esto, hasta los moribundos tienen que estar conscientes el mayor tiempo posible, para conocer cuál es el camino correcto que deben seguir a través de las tierras fronterizas hasta el otro mundo.

Lobsang Rampa
No. 20, Enero-Febrero de 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 83

Cielos apócrifos

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El Testamento apócrifo de los doce patriarcas reconoce siete Cielos. El primero, es decir, el que es para ellos el Cielo inferior, es el espacio situado entre la tierra y las nubes. En el segundo moran las nubes, el agua, la piedra y los demonios. En el tercero que es mucho más alto y más brillante, habitan los ejércitos celestiales que en el día del juicio han de castigar a los malos ángeles. En el cuarto están los santos; en el quinto los ángeles que interceden en favor de los pecados de los justos: en el sexto, los ángeles que llevan las contestaciones a los ángeles que han intercedido con sus ruegos; y en fin, en el séptimo están los ángeles que alaban al Señor sin cesar.

Diccionario enciclopédico de Teología Católica
No. 20, Enero-Febrero de 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 79

Francisco Javier Clavijero

Francisco Javier Clavijero

Francisco Javier Clavijero

(Francisco Javier o Xavier Clavijero o Clavigero)

(Veracruz, 1731-Bolonia, Italia, 1787)

 

Historiador y jesuita mexicano. Descendiente de españoles (su padre era funcionario en la Nueva España, al servicio del Gobierno peninsular), estudió en Puebla e ingresó después en la Compañía de Jesús.

A raíz del decreto de expulsión de los jesuitas, embarcó en Veracruz rumbo a Italia (1767), pero tuvo que detenerse en La Habana, aquejado por una grave enfermedad; durante su destierro, residió primero en Ferrara y después en Bolonia, donde murió.

Como ocurre generalmente con los desterrados, su obsesión era la patria lejana, y a ella dedicó su atención y actividad al escribir su Historia antigua de Méjico, casi sin recursos, a base de los documentos reunidos por Sigüenza y Góngora, y de casi todo cuanto se había escrito hasta entonces en relación con el tema.

Hombre de espíritu moderno, conocedor de los textos de Descartes, Feijoo y Leibniz, preconizó la modernización de la filosofía escolástica y combatió el barroquismo desenfrenado en el lenguaje. Es interesante su Diálogo entre Filateles y Paleófilo.

En 1789 se publicó en italiano, en Venecia, su Historia de la Antigua o Baja California, obra póstuma de la que se publicó en México, en 1852, una traducción castellana de Nicolás García San Vicente. Cronológicamente, Francisco Javier Clavijero es el primer historiador mexicano de importancia[1].

Olmecas

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Algunos autores, y entre ellos el Dr. Sigüenza, dicen que los olmecas pasaron de la isla Atlántida, y que fueron los únicos que llegaron a Anáhuac por la parte oriente, pues todos los demás entraron por el norte; pero ignoro los fundamentos de esta opinión.

Francisco J. Clavijero
No. 20, Enero-Febrero de 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 72