Esperando el zarpazo

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El zamuro permanecía inmutable, apenas su negra capa se iba decolorando al lento paso de los días sin esperanza. Mi situación, sórdida y latente, no experimentaba cambio alguno a no ser la gradual convicción del cercano fin. Una constante: la oscura presencia del zamuro. No tenía necesidad ni de recurrir a la simbología ni de enredarme en complicadas deducciones, todo estaba claro como limpio cristal: el señor capa negra esperaba mi muerte. En base a esto todas las defensas de mi maltratado organismo se orientaban el sentido de postergar el inevitable desenlace. Por un extraño mecanismo cuya razón no logro comprender —tal vez el instinto de conservación común a todos los animales—, el escurrirse del tiempo fue aumentando mi resistencia llegando en el paroxismo a convertirme en un ser sordamente agresivo. Sabía que soportaba más allá del límite de mis fuerzas normales. El prolongado ayuno no había disminuido mi poder perceptivo, al contrario, lo había afinado. Con el tiempo y la ejercitación logré captar claramente la respiración del zamuro, sofocada durante el cálido día, calmosa durante la noche. Mi vista apreciaba el más leve movimiento de su capa, el más tenue brillo de una de sus plumas.

Mi posición no era muy favorable, confinado a una húmeda y sombría cueva. Boca arriba, paralizados todos mis movimientos, contemplando la insistente espera del podrido caballero de la negra capa. Como fondo de aquel desconsolador cuadro un pedazo de cielo de un azul triste desteñido.

No sé cuántos siglos se fueron por la cloaca. Casi gris el zamuro envejece. El árbol torcido donde espera desde el primer día adquiere consistencia de piedra.

Otro día el viento sopló con furia de perro rabioso: presagio. La resistencia acumulada en mi cuerpo cristalizó en aullido. El zamuro cayó como manzana podrida: señal. Impulsado por un oculto resorte me incorporé con agilidad felina y avancé hasta la salida de la cueva. Comprendí. La espera había culminado. El otro era la víctima.

Ednodio Quintero
No. 56, Diciembre 1972 – Enero 1973
Tomo IX – Año IX
Pág. 375

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