Esperanza

Después de bregar años y años por desfiladeros y precipicios, sufriendo multitud de penalidades y burlando la muerte una y mil veces, llegó a la orilla de aquel río de aguas turbulentas y formidables, las tocó con su vara y éstas se abrieron formando dique a derecha e izquierda; cruzó sin problemas y llegó a aquel país maravilloso; sin guerras injustas, sin abortos, sin crímenes nefandos, sin smog, sin ruidos de escapes y motores, sin carreras precipitadas, sin vendedores ambulantes, sin política, sin líderes ni dictadores, sin… iba a lanzar un grito de alegría, pero alguien le tocó en el hombro y le dijo: “Silencio, has cruzado el río que separa la vida de la muerte”.

Salvador Castañeda Pérez
No. 56, Diciembre 1972 – Enero 1973
Tomo IX – Año IX
Pág. 439

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