La viuda fiel

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Una viuda que lloraba ante la tumba de su marido fue abordada por un Apuesto Caballero quien le aseguró de la manera más respetuosa que, desde hacía mucho tiempo, le inspiraba ella los sentimientos más delicados.

—¡Miserable! —exclamó la Viuda—. ¡Váyase ahora mismo! ¿Es esta una ocasión para hablar de amor?

—Le aseguro, señora, que no era mi intención descubrir mis sentimientos —explicó humildemente el Apuesto Caballero—, pero el poder de su belleza venció mi discreción.

—Debería verme cuando no estoy llorando —dijo la viuda.

Ambose Bierce
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 35

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Un sueño

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En un desierto lugar del Irán hay una no muy alta torre de piedra, sin puerta ni ventana. En la única habitación (cuyo piso es de tierra y tiene la forma de círculo) hay una mesa de madera y un banco. En esa celda circular, un hombre que se parece a mí escribe en caracteres que no comprendo un largo poema sobre un hombre que en otra celda circular… El proceso no tiene fin y nadie podrá leer lo que los prisioneros escriben.

Jorge Luis Borges
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 33

El grito atrapado

Doña Amelia había sufrido su cuota en la vida. Como a todos los mortales, por cada sufrimiento que se callaba o que enfrentaba con entereza y a solas, un grito se le formaba poco a poco dentro de ella, grito que iba quedando atrapado. Con la vida, muchos fueron los gritos que, agazapados adentro, empezaron a entrelazarse hasta que se volvieron uno.

Sin embargo, había momentos felices y ahora su vida giraba en torno al amado. Fue al descubrir su traición que el grito ganó la batalla. Se enroscó fieramente en sus vísceras y el dolor fue tan intenso, que terminó aniquilando su corazón. Al momento de su muerte, el monstruoso grito abandonó su cuerpo y salió de su boca como una enorme serpiente negra y fluorescente. Las paredes del cuarto se estremecieron y el grito, al fin liberado, se perdió, culebreando en el espacio.

El que ella había amado, sólo sonrió. Rodeando con displicencia los hombros de su nuevo amor, le dijo:

—Ella fue siempre extraña, creo que estaba un poco loca.

Y se fueron caminando juntos por la ancha avenida.

Ana Gallegos
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 31

Inventos

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La estampilla a contrapelo, para quien responda las cartas con demasiado retraso: basta con pegarla al sobre para que la contestación llegue a destino tres semanas antes de enviada.

El puente alto, tan alto que al pasar un bote por debajo de él, hay que ponerse de pie para poder agacharse.

La peluca horripilada, o sea con los pelos parados, para los lectores calvos de historias de fantasmas.

El automóvil Stoopnagle (nada mejor para esta época de crisis petroleras): no usa gasolina, pero tiene las ruedas traseras mucho más grandes que las delanteras para rodar siempre cuesta abajo. (A la pregunta: “Que sucede cuando en una pendiente el auto queda en posición horizontal”, el autor promete responder en otro libro titulado “Por qué la gente hace preguntas idiotas”.)

La manguera de dos puntas, para ahorrar tiempo al regar el jardín, ya que el agua llega a dos sitios a la vez.

F. Chase Taylor
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 23

El perro y el médico

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Un perro que vio a un médico asistir al entierro de un adinerado paciente dijo:

—¿Cuándo espera desenterrarlo?

—¿Por qué habría de desenterrarlo? —preguntó el médico.

—Cuando entierro un hueso —dijo el perro—, es con la intención de destaparlo más tarde y roerlo.

—Los huesos que yo entierro —dijo el médico— son los que ya no puedo roer.

Ambose Bierce
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 17

…de Lilian Elphick

“La gran ola ” fue finalista del Concurso de Cuentos Juan Rulfo, París, Francia, 1990. Estaba de visita en París y yo misma fui a dejar mi cuento a Radio Francia Internacional. Tenía 30 años recién cumplidos. Nunca me avisaron que había sido finalista. Me lo contó dos años después Daniel Divinsky, editor de Ediciones de la Flor, en Buenos Aires. Me mostró la revista. No podía creerlo. El fotocopió el cuento y yo me vine a Chile. Escribí a la revista para pedir un ejemplar. Me lo enviaron por correo postal con tan mala suerte que justo mi texto venía en blanco. Volví a escribir. Pasaron meses y recibí la revista, esta vez con el cuento bien impreso. El año 2000 mi casa se incendió y la Revista El Cuento N° 117 desapareció para siempre de mi vida.

Pero, como la vida tiene muchas vueltas, el año 2013, Alfonso Pedraza me envió el cuento en formato pdf, vía mail.

Lilian Elphick testimonio

Lilian Elphick con Luis Britto García,en el Congreso Internacional Juntémonos en Chile.

Lilian Elphick

Lilian Elphick

Lilian Elphick Latorre

(Santiago de Chile, 1959)

Escritora, directora de talleres literarios desde 1990, editora del portal web Letras de Chile. Licenciada en Literatura y con estudios completos de Magíster en Literatura Chilena e Hispanoamericana por la Universidad de Chile.

Ha publicado  La última canción de Maggie Alcázar (cuentos, 1990); El otro afuera (cuentos, 2002); Ojo Travieso (Microrrelatos, 2007); Bellas de sangre contraria (microrrelatos, 2009); Premio Mejores Obras Literarias Editadas, categoría cuento, del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Santiago, Chile, octubre 2010; Diálogo de tigres (microrrelatos, 2011), Confesiones de una chica de rojo (microrrelatos, 2013) y K (microrrelatos, 2014).

Su obra ha sido incluida en numerosas antologías de cuento y microrrelato, tanto en Chile como el extranjero.

Sus textos han sido traducidos al inglés, alemán, francés, italiano y húngaro[1].

 

[1]Datos enviados por la propia Lilian por vía e-mail.