Un pobre vergonzante

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La sacó / de su bolsillo roto,
la buso bajo sus ojos
y la miró bien,
diciendo: ¡Infeliz!

La sopló / con su boca húmeda,
casi sentía miedo
de un pensamiento horrible
que le partía el alma.

La mojó / con una lágrima helada
que cayó por casualidad.
Agujereado era su cuarto
más que un bazar.

La frotó / sin calentarla;
apenas si la sentía.
Pellizcada por el frío,
ella se apartaba.

La pesó /como se pesa una idea,
sosteniéndola en el aire.
Y luego la midió
con un hilo de hierro.

La tocó / con sus labios arrugados.
Ella gritó
Con un frenético espanto:
“Adios, ¡bésame!”

Él la besó / Y luego la cruzó
sobre el reloj del cuerpo,
que, ya casi sin cuerda,
mala, pesadamente latía.

La palpó /con una mano resuelta
a hacerla morir:
—Sí, es un bocado
como para alimentarse.

La dobló
la rompió,
la ubicó,
la cortó,
la lavó,
la llevó,
la asó,
la comió.
Cuando aún era niño, le habían dicho: ”Si tienes hambre, cómete una de tus manos”.

Xavier Forneret
No. 132, Enero – Marzo 1996
Tomo XXVI – Año XXXII
Pág. 86

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