La sorpresa

1  top
Una vez Asrael, el ángel de la muerte, entró en casa de Salomón y fijó su mirada en uno de los amigos de éste. El amigo preguntó:”’¿Quién es?” “El ángel de la muerte”, respondió Salomón. “Parece que ha fijado sus ojos en mí —continuó el amigo—. Ordena entonces al viento que me lleve consigo y me posé en la India” Salomón así lo hizo. Entonces habló al ángel: “Si le miré tanto tiempo fue porque me sorprendió verle aquí, puesto que he recibido orden de ir a buscar su alma a la India, y, sin embargo, estaba en su casa, en Canaán.”

El Corán, narrado por Beidhawi
No. 1, Mayo 1964
Tomo I – Año I
Pág. 85

Obligaciones de la mujer

1  top
Mishná. Estos son los trabajos que la mujer debe hacer para el marido: mocler, cocer el pan, blanquear la ropa, guisar, dar el pecho a su hijo, hacer la cama de su esposo y cardar la lana. Si tiene una criada, no está obligada ni a moler ni a cocer el pan, ni a blanquear la ropa. Si tiene dos criadas, tampoco está obligada a a guisar ni a dar pecho a su hijo. Si tiene tres, tampoco deberá hacer la cama ni cardar la lana. Si tiene cuatro, puede estarse sentada en un sillón, sin necesidad de hacer nada. R. Eliézer dice: aunque tuviera cien criadas a su disposición, el marido puede exigir que carde lana, ya que la ociosidad hace malos pensamientos.

El Talmud: Katuvot 59b.-V, 5
No. 1, Mayo 1964
Tomo I – Año I
Pág. 84

Licantropía

1  top
“… de 1603 es otro aún más ruidoso proceso contra Jean Grenier, un alucinado aldeanito de trece años, quien a los espantados compañeros de juego contaba que tenía la facultad de convertirse en lobo cuando lo deseaba, y entonces hería con sus colmillos y devoraba niños y niñas: repite a los jueces las mismas cosas, agregando que un misterioso ‘señor del bosque’ le entregaba regularmente una piel de lobo, ordenándole que se la pusiera y corriera con ella por la floresta. Los jueces, teniendo en cuenta su edad, fueron clementes con él: le condenaron a permanecer encerrado por toda la vida en un convento de Bordeaux, donde, nos asevera de Lancre, murió siete años después como buen cristiano.”

Giuseppe Faggin, en “Las brujas”
No. 1, Mayo 1964
Tomo I – Año I
Pág. 81

La casa encantada

1  top
Una joven soñó una noche que caminaba por un extraño sendero campesino, que ascendía por una colina boscosa, cuya cima estaba coronada por una hermosa casita blanca, rodeada de un jardín. Incapaz de ocultar su placer, llamó a la perta de la casa, que finalmente fue abierta por un hombre muy, muy anciano, con una larga barba blanca. En el momento en que ella empezaba a hablarle, despertó. Todos los detalles de este sueño permanecieron tan grabados en su memoria, que por espacio de varios días no pudo pensar en otra cosa. Después volvió a tener el mismo sueño en tres noches sucesivas. Y siempre despertaba en el instante en que iba a empezar su conversación con el anciano.

Pocas semanas más tarde la joven se dirigía en automóvil a Lichfield, donde se realizaba una fiesta de fin de semana. De pronto tironeó la manga del conductor y le pidió que detuviera el automóvil. Allí a la derecha del camino pavimentado, estaba el sendero campesino de su sueño.

—Espéreme un momento —suplicó, y echó a andar por el sendero, con el corazón latiéndole alocadamente. Ya no se sintió sorprendida cuando el caminito subió enroscándose hasta la cima de la boscosa colina y la dejó ante la casa cuyos menores detalles recordaba ahora con tanta precisión. El mismo anciano del sueño respondió a su impaciente llamado.

—Dígame —dijo ella—, ¿se vende esta casa?

—Sí —respondió el hombre—, pero no le aconsejo que la compre. ¡Esta casa, hija mía, está frecuentada por un fantasma!

—Un fantasma —exclamó la muchacha—. Santo Dios, ¿y quién es?

—Usted —dijo el anciano y cerró suavemente la puerta.

Anónimo
No. 1, Mayo 1964
Tomo I – Año I
Pág. 67

El otro diablo

1  top

Frente a unas vidrieras de Cassinelli había un niño de unos seis años y una niña de siete; bien vestidos, hablaban de Dios y del pecado. Me detuve tras ellos. La niña, tal vez católica, sólo consideraba pecado mentir a Dios. El niño, quizá protestante, preguntaba empecinado qué era entonces mentir a los hombres o robar. “También un enorme pecado —dijo la niña—, pero no el más grande; para los pecados contra los hombres tenemos la confesión. Si confieso, aparece el ángel a mis espaldas; porque si peco aparece el diablo, sólo que no se le ve.” Y la niña, cansada de tanta seriedad, se volvió y dijo en broma:

“¿Ves? No hay nadie detrás de mí.” El niño se volvió a su vez y me vio. “¿Ves? —dijo sin importarle que yo lo oyera—, detrás de mí está el diablo.” “Ya lo veo —dijo la niña—, pero no me refiero a ese.”

Franz Kafka, en La Muralla China
No. 1, Mayo 1964
Tomo I – Año I
Pág. 64

Franz Kafka
No 78, Julio-Agosto 1977
Tomo XII – Año XIII
Pág. 539

Temor de la cólera

1  top
En una de sus guerras, Alí derribó a un hombre y se arrodilló sobre su pecho para decapitarlo. El hombre lo escupió en la cara. Alí se incorporó y lo dejó. Cuando le preguntaron por qué había hecho eso, respondió:
—Me escupió en la cara y temí matarlo estando yo enojado. Sólo quiero matar a mis enemigos estando puro ante Dios.

Ah’med el Qalyubi, Nanadir
No. 1, Mayo 1964
Tomo I – Año I
Pág. 60