Mi hija

143-145 top
Su muñeca murió ayer, pero hoy está mejor.

Jules Renard
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 32

Anuncios

Los peces

143-145 top
A orillas de un río, un monje tibetano se encontró con un pescador que cocía en una marmita una sopa de pescados. El monje, sin decir palabra, se bebió la marmita de sopa hirviendo. El pescador le reprochó su glotonería. El monje entró en el agua y orinó: Salieron los peces que había comido y se fueron nadando.

Alexandra David-Neel
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 29

El pueblo más cercano

143-145 top
Mi abuelo solía decir:
“la vida es asombrosamente corta. Ahora, al recordarla, se me aparece tan condensada, que por ejemplo, casi no comprendo cómo un joven puede tomar la decisión de ir a caballo hasta el pueblo más cercano, sin temer —y descontando por supuesto la mala suerte que aún el lapso de una vida normal y feliz no alcance ni para empezar semejante viaje.

Franz Kafka
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 28

Inyección

Podría ser un arma letal. No debo dejarme engañar, esto duele. Podría tener una burbuja de aire y causarme la muerte. Podría empezar a convulsionar. La aguja está demasiado afilada, el hoyo en mi piel sería inmenso.
Esta enfermera tal vez quiere vengarse del poco sueldo que le pagan haciendo parecer que fue un accidente, por despecho, a lo mejor. No quiero, prefiero estar enfermo, ya me cansé de tener los dientes apretados.
¿Cómo podré salir de aquí? No debí dejar que me trajeran, mejor mañana, y quizá ya me haya aliviado, hoy podría desmayarme, no comí bien. Ojalá que alguien llame a la enfermera ahorita, y que sea urgente y que tenga que irse.
No, que no se acerque… claro que no encuentra la vena así que mejor vengo después. ¡Tengo que gritar!… si pudiera mantener mis ojos abiertos y pudiera… respirar.

Michel Padilla
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 27

El robo

143-145 top
El sueño en sí tuvo poco de singular, desde luego: que le robaban unos prismáticos, el traje de jugar golf y la boquilla de ámbar. Lo que sí ofrece ya cierto interés es que al recorrer la casa, a la mañana siguiente, pudo comprobar con desconsuelo que en efecto se los habían robado.

Francisco Tario
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 26