José Bianco

José Bianco

José Bianco

José “Pepe” Bianco fue un escritor argentino, nacido en la ciudad de Buenos Aires en 1908 y fallecido en la misma ciudad en 1986. Cultivó la novela, el cuento y el ensayo. Incursionó también en el periodismo y en la traducción. Fue secretario de la revista Sur por dos décadas y Jorge Luis Borges se contaba entre sus admiradores.1 2

Comenzó su carrera literaria en marzo de 1929, con la publicación de cuento El Límite, en La Nación, en donde ya mostraba su estilo pulcro y elegante. Posteriormente publicaría La Pequeña Gyaros en 1932, con el que obtuvo el Premio Biblioteca del Jockey Club. En 1941 aparece una de sus obras maestras, Sombras suele vestir. Escrito originalmente para la antología de la literatura fantástica que realizaron Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares, Bianco se demoró en la escritura y la antología se publicó sin su relato en 1940 (apareció en este libro recién en 1967, en una nueva edición). En 1943 ve la luz otra de sus obras cumbres, Las Ratas.

Algunas de sus obras fueron prologadas por Jorge Luis Borges, de quién era amigo. Formó parte del círculo de la revista Sur, fundada y dirigida por Victoria Ocampo, para luego formar parte del directorio como secretario de redacción, entre 1938 y 1961, año en que Ocampo decide separarlo de su puesto por su visita a Cuba, donde había triunfado la Revolución, y su participación como jurado en el Premio Casa de las Américas. En Sur fue donde apareció publicado por primera vez Sombras suele vestir, en su número 85 de octubre de 1941. También en las ediciones de Sur fue publicado Las Ratas. José Bianco fue muy amigo del escritor cubano Virgilio Piñera y de Juan José Hernández, cuyos herederos legaron a la Biblioteca Nacional los escritos y memorabilia de treinta años de amistad.3

En 1961, comenzó con su trabajo dentro de EUDEBA, la editorial universitaria de Buenos Aires, a la que renuncia en 1967, por causa de la intervención de la dictadura de Juan Carlos Onganía, quién había accedido al poder en 1966.

En el año 1973 publicó su novela La pérdida del reino, un roman à clef que tiene como protagonistas a la alta sociedad de Buenos Aires y Córdoba, y al ambiente artístico e intelectual de la París de posguerra. Con una prosa refinada y medida, narra la historia de un escritor que se debate entre el amor y la imposibilidad de escribir. Esta obra se inscribe en la genealogía literaria que trazan dos autores faros para Bianco, Henry James y Marcel Proust.

Murió en Buenos Aires en 1986 por complicaciones respiratorias[1].

 

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Bianco

Anuncios

Cuento

143-145 top
Se cuenta de Voltaire que una noche se alojó, con algunos compañeros de viaje, en una posada del camino. Después de cenar, empezaron a contar historias de ladrones. Cuando le llegó el turno a Voltaire, dijo:

—Hubo una vez un Recaudador general de Impuestos —y se calló.

Cuando los demás lo alentaron a proseguir, añadió:

—Ese es el cuento.

Ambrose Bierce
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 51

Fin

143-145 top
El profesor Jones trabajó en la teoría del tiempo, durante muchos años.

—Y he encontrado la ecuación clave —informó a su hija, un día—. El tiempo es un campo. Esta máquina que he hecho puede manipular, e incluso invertir, ese campo.

Oprimiendo un botón al hablar prosiguió:

—Esto debe hacer correr el tiempo hacia tiempo el correr debe esto.

Prosiguió, hablar al botón un oprimiendo.

—Campo, ese, invertir incluso e, manipular puede hecho he que máquina esta. Campo un es tiempo el —día un, hija su a informó— clave ecuación la encontrado he y.

Años muchos durante, tiempo del teoría la en trabajó jones profesor el.

Fredric Brown
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 50

El peatón

143-145 top
Se dice, se rumora, afirman en los salones, en las fiestas, alguien o algunos enterados, que Jaime Sabines es un gran poeta. O cuando menos un buen poeta. O un poeta decente, valioso. O simplemente, pero realmente, un poeta.

Le llega la noticia a Jaime y éste se alegra: ¡Qué maravilla! ¡Soy un poeta! ¡Soy un poeta importante! ¡Soy un gran poeta!

Convencido, sale a la calle, o llega a casa, convencido. Pero en la calle nadie, y en la casa menos: nadie se da cuenta de que es un poeta. ¿Por qué los poetas no tienen una estrella en la frente, o un resplandor visible, o un rayo que les salga de las orejas?

¡Dios mío!, dice Jaime. Tengo que ser papá o marido, o trabajar en la fábrica como otros cualquiera, o andar, como cualquiera, de peatón.

Y esta vez se queda echado en la cama con una alegría dulce y tranquila.

Jaime Sabines
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 48