¡Ya le tocaba!

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“De ese Urbina —el compadre y lugarteniente de Pancho Villa—, se contaba que invitó a comer a un compadre que acaba de vender unas mulas. Y a los postres, Urbina, ya borracho, seguía brincando mientras enlazaba con el brazo derecho la espalda de su compadre. Hacía calor y el compadre se llevó la mano a la bolsa de atrás del pantalón, para sacar la “mascada”, pañolón colorado de los rancheros. Urbina, en su delirio de sangre y alcohol, imaginó que el compadre sacaba la pistola, y adelantándose, sin dejar de abrazarlo, con la izquierda le perforó de un tiro el corazón. Cayó el compadre muerto, y cuando lo extendieron sobre el pavimento, en su mano crispada sólo apareció el pañuelo… Viendo lo cual, Urbina se echó a llorar y decía:

—¡Pobrecito de mi compadre! Es que ya le tocaba.

José Vasconcelos
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 76

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