Ideal femenino

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Para el que no sea matemático, las deducciones de la teoría de la relatividad son incomprensibles; oíd si no: suponed un hombre viajando a la velocidad de 161 000 millas por segundo; si extiende su brazo horizontalmente, verá que tiene 30 pulgadas de largo; más si lo eleva verticalmente, y si le fuera posible medirlo, comprobaría que se había acortado 15 pulgadas. Si la velocidad aumenta la contracción será más grande; y si llegase a adquirir la velocidad de la luz, se acabaría toda dimensión, e igualmente se acabaría el tiempo; el viajero que caminara con la velocidad de la luz, no envejecería un segundo, por la sencilla razón de que ha transcurrido el tiempo.

Pedro C. Sánchez
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 84

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El autor

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Temporada 1950

Cae el telón en el quinto acto: “El burgués ennoblecido”. La sala atiborrada de público, se estremece con los aplausos. Es un clamor, semejante a una tormenta. Los actores, hasta los más humildes, se deshacen en genuflexiones. De pronto, suena un grito de galería:

—¡El autor! ¡El autor a escena!

Aparece Moliere, sudoroso y enrojecido, y los aplausos se redoblan.

Francisco Tario
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 83

Cazadores

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Orpheus Mc. Gee asesinó a Robert Alexander el 20 de abril de 1874. El cadáver de Alexander fue encontrado en la arboleda, como a cincuenta metros de su casa, balaceado en la espalda y en la nuca. Mc Gee fue apresado en posesión del rifle de su víctima. Confesó que imitó al pavo salvaje y Alexander salió de su casa armado. Volvió a imitar al pavo y Alexander entró en la arboleda. Mc Gee lo cazó.

Glenn Shirley
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 82

El legislador y la pastilla de jabón

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Un miembro de la legislatura de Kansas encontró un día una pastilla de jabón. Iba a seguir su camino sin prestarle atención, cuando la pastilla de jabón insistió en estrechar su mano. Pensando que tal vez la pastilla de jabón gozaba acaso del derecho del voto, el legislador estrechó a la pastilla cordialmente. Cuando la soltó, se dio cuenta de que tenía jabón adherido a sus dedos. Alarmadísimo, llegó hasta un río y se lavó la mano para quitarse el jabón. Sin darse cuenta, puso algo de jabón en la otra mano, que también tuvo que lavar. Cuando terminó con la operación, sus dos manos estaban tan blancas que tuvo que acostarse en seguida y llamar al médico.

Ambrose Bierce
No. 13, Junio 1965
Tomo III – Año II
Pág. 498

Ambose Bierce
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 80

Homero

Homero

Homero

(s.VIII a.C.)

Poeta griego. En palabras de Hegel, Homero es «el elemento en el que el mundo griego vive como el hombre vive en el aire». Admirado, imitado y citado por todos los poetas, filósofos y artistas griegos que le siguieron, es el poeta por antonomasia de la literatura clásica, a pesar de lo cual la biografía de Homero aparece rodeada del más profundo misterio, hasta el punto de que su propia existencia histórica ha sido puesta en tela de juicio.

Las más antiguas noticias sobre Homero sitúan su nacimiento en Quíos, aunque ya desde la Antigüedad fueron siete las ciudades que se disputaron ser su patria: Colofón, Cumas, Pilos Ítaca, Argos, Atenas, Esmirna y la ya mencionada Quíos. Para Simónides de Amorgos y Píndaro, sólo las dos últimas podían reclamar el honor de ser su cuna.

Aunque son varias las vidas de Homero que han llegado hasta nosotros, su contenido, incluida la famosa ceguera del poeta, es legendario y novelesco. La más antigua, atribuida sin fundamento a Herodoto, data del siglo V a.C. En ella, Homero es presentado como el hijo de una huérfana seducida, de nombre Creteidas, que le dio a luz en Esmirna. Conocido como Melesígenes, pronto destacó por sus cualidades artísticas, iniciando una vida bohemia. Una enfermedad lo dejó ciego, y desde entonces pasó a llamarse Homero. La muerte, siempre según el seudo Herodoto, sorprendió a Homero en Íos, en el curso de un viaje a Atenas.}

Los problemas que plantea Homero cristalizaron a partir del siglo XVII en la llamada «cuestión homérica», iniciada por François Hédelin, abate de Aubignac, quien sostenía que los dos grandes poemas a él atribuidos, la Ilíada y la Odisea, eran fruto del ensamblaje de obras de distinta procedencia, lo que explicaría las numerosas incongruencias que contienen.

Sus tesis fueron seguidas por filólogos como Friedrich August Wolf. El debate entre los partidarios de la corriente analítica y los unitaristas, que defienden la paternidad homérica de los poemas, sigue en la actualidad abierto[1].

 

[1] http://www.biografiasyvidas.com/biografia/h/homero.htm