La estatua

143-145 top
Cada día deja la basa en que está y por estos corredores y galerías se pasea airosamente. Salen a verla y oírla todos los de la casa, que también canta dulcemente muchas veces, y no hace daño a persona alguna; sólo es necesario desviarse, porque se enfada si la tocan y con eso pasa sin ofender a los que la miran. Se vuelve a su sitio, y cuando todos se han ido, lava y juega, canta y ríe, ocupando en semejantes cosas lo que dura la noche, deduciendo todos por el ruido que hace el ejercicio que tiene.

Luciano de Samosata
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 92

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