Hormiga

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Los que eran de opinión que las almas de los hombres volvían a entrar en los cuerpos de animales irracionales, creían que los demasiado codiciosos de allegar hacienda y encerrar trigo en sus trojes, muriendo, volvían sus almas a tomar los cuerpos de hormigas, y de allí les venía tanta sagacidad, diligencia y prudencia.

En la Etiopía Occidental se crían hormigas tan grandes como un gran perro; con los pies sacan las arenas de oro y persiguen hasta la muerte al que intenta robar su tesoro.

Sebastián de Covarrubias. Tesoro de la lengua castellana (1,611)
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 146

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