El padre y el hijo

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En un pueblo de la provincia de Izumo vivía un campesino tan pobre que cada vez que su mujer daba a luz a un hijo, lo arrojaba al río.

Seis veces renovó el sacrificio. Al séptimo alumbramiento, consideróse ya suficientemente rico como para conservar al niño y educarlo.

Poco a poco, con gran sorpresa suya, fue encariñándose con el pequeño.

Una noche de verano encaminóse a su jardín con el infante en brazos. Éste tenía cinco meses.

La noche, iluminada por una luna inmensa, era tan resplandeciente que el campesino exclamó:

—¡Ah, qué noche tan maravillosamente hermosa!

Entonces el niño, mirándolo fijamente y expresándose como persona mayor dijo:

—¡Oh, padre, la última vez que me arrojaste al agua, la noche era tan hermosa como ésta, y la luna nos miraba como ahora…!

Lafcadio Hearn
No. 22, Abril 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 293

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