De cómo tres maestros de nigromancia fueron a la corte del emperador Federico

27 top

El emperador Federico fue nobilísimo señor, a cuya corte acudían de todas partes aquellos que tenían alguna capacidad, porque era generoso y recibía con amabilidad a quienes poseían algún mérito especial. A él acudían músicos, poetas y agradables noveladores, artistas, justadores, esgrimistas y personas de toda calidad.

Un día, estando el emperador Federico por sentarse a la mesa ya tendida, y en tanto que hacía distribuir el agua, llegaron tres maestros de nigromancia con tres esclavinas. Saludáronlo de pronto; el emperador preguntó: ¿cuál de vosotros tres es el principal? Uno se adelantó y dijo: señor, yo soy. El emperador le rogó cortésmente que mostrara su arte. Ellos lo mostraron haciendo sus encantamientos y sus artes. El tiempo comenzó a descomponerse: llovió de pronto, hubo truenos, relámpagos y rayos, y parecía que cayera un granizo como globitos de acero. Los caballeros huían por las habitaciones de un lado a otro. Aclaró el tiempo: los nigromantes pidieron licencia, y reclamaron su premio. El emperador les dijo: pedid. Ellos pidieron: el conde de San Bonifazio estaba más cerca del emperador; y dijeron: meser, ordena a éste que venga en socorro nuestro, contra nuestros enemigos. El emperador ordenó de muy buen modo al conde, que fuera.

El conde se puso en camino con ellos. Lleváronlo a una hermosa ciudad, donde le mostraron caballeros de gran linaje y hermosos corceles: preparáronle hermosas armas, y dijéronle: estos están a sus órdenes. Los enemigos salieron a la batalla. El conde los derrotó, y liberó el país. Y después libró otras tres batallas campales. Venció la tierra. Le dieron mujer. Tuvo hijos. Al poco tiempo fue señor de la comarca.

Los nigromantes lo dejaron durante mucho tiempo; después volvieron. El hijo del conde tenía ya sus cuarenta años. El conde era viejo. Al volver a verle, los maestros le preguntaron si quería ir a ver al emperador y a la corte. El conde respondió: el imperio estará ya cambiado, las gentes serán todas nuevas: ¿adónde iré? Los nigromantes le dijeron: de todos modos queremos llevarte.

Pusiéronle en camino: caminaron mucho tiempo. Llegaron a la corte. Se encontraron con el emperador y sus caballeros y con que todavía se distribuía el agua, como cuando el conde partiera con los nigromantes. El emperador hacía contar al conde el suceso, y éste lo contaba diciendo: Yo tengo mujer. Hijos que tienen cuarenta años. He librado tres batallas campales: el mundo está completamente cambiado: ¿qué significa esto? Y el emperador con gran entusiasmo hacía que el conde contara a los nobles y caballeros, el suceso que le había ocurrido.

Del NOVELLINO
No. 27, Diciembre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 151

Anuncios

Gitanos

27 top

Eran gitanos nuevos. Hombres y mujeres jóvenes que sólo conocían su propia lengua, ejemplares hermosos de piel aceitada y manos inteligentes, cuyos bailes y músicas sembraron en las calles un pánico de alborotada alegría, con sus loros pintados de todos los colores que recitaban romanzas italianas, y la gallina que ponía un centenar de huevos de oro al son de la pandereta, y el mono amaestrado que adivinaba el pensamiento, y la máquina múltiple que servía al mismo tiempo para pegar botones y bajar la fiebre, y el aparato para olvidar la mala memoria, y el emplasto para perder el tiempo, y un millar de invenciones más, tan ingeniosas e insólitas, que José Arcadio Buendía hubiera querido inventar la máquina de la memoria para poder acordarse de todos.

Gabriel García Márquez
No. 27, Diciembre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 147

Rumor del cosmos

22 top

En el rumor del Cosmos, entre los silbidos de las estrellas que estallan y los crujidos de las galaxias que chocan percibiremos algún día las débiles pulsaciones rítmicas que son la voz de la inteligencia. Entonces descubriremos por primera vez solamente (¡solamente!) que hay en el Universo otras mentes además de las nuestras; más tarde aprenderemos a interpretar esas señales, algunas de las cuales quizás sean portadoras de las imágenes. Serán el equivalente de la imagen telegrafiada o de la televisión. Será muy fácil descifrar su código y reconstruir esas imágenes. Algún día, que quizás no esté lejos, una pantalla de rayos catódicos nos mostrará vistas de otro mundo.

Arthur C. Clarke
No. 22, Abril 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 357

… de Jaime Adolfo Muñoz Torres

1989. el maestro Edmundo Valadés viene a Aguascalientes en Feria del libro. Es invitado por el Instituto Cultural. Nos habla del cuento y de El Cuento. Al terminar, como siempre, varias personas se acercan a preguntar, felicitar, o como yo, a hacer bola. El hecho es, le informan que su regreso a Ciudad México, se retrasa. No será a la una de la tarde, sino a las siete. Escucho eso y lo invito a comer a mi casa. No era yo un completo desconocido para él, ya me había visto en el grupo de Felipe San José. Sencilla y espontáneamente aceptó, así que me vi caminando con él, de Casa de Cultura, a mi casa. Tal vez siete cuadras. Elegí la ruta más turística, La Plaza, calles peatonales, el Parián. Era bajito de estatura, vestía traje con corbata. Ya en la calle nadie lo conoció, nadie lo abordaba, ni saludaba. Yo tan orgulloso que me sentía de caminar con él, pero era evidente que a nadie importábamos. Al voltear a decir algún comentario, ya no estaba a mi lado, ni cerca. Desapareció. Lo vi caminando allá por otra calle, al alcanzarlo me hizo fijarme en un perrito, sus orejas, las patas, las manchas, leía en él, de que razas era descendiente. No recuerdo de cuales mencionó, pero me quedó claro su conocimiento del tema canino y su gran cariño por los perros. Luego llegamos frente al templo de San Diego. Ahora la cátedra fue sobre las campanas, me hizo ver las formas de los badajos, que me fijara en las inscripciones, en los faldones, supe que tenía labio, hombro y pie, ya casi una persona. Por lo tanto, en cuentos, perros y campanas era una enciclopedia viviente, cuando menos esos tres temas, pero, apenas hacía cinco cuadras que caminábamos juntos. En casa, invitamos a todos, mis hermanos y padres. Como a Rosa María le había leído La muerte tiene permiso, un día en la playa, la sorprendí, le estaba presentando al autor. Don Edmundo platicó con todos, y un buen rato, feliz con mi padre, era un campesino simpático. Como siempre llega la hora de despedirse. Dejó dos libros con dedicatoria, que también las comparto con su mensaje
:

...de Jaime adolfo 1

En La muerte tienen permiso: Para Jaime Adolfo Muñoz Torres, deseándole todo éxito en el tránsito de mercurio a las masas narrativas, amistosamente. (Firma) Ags. 1989.

 

 

... de Jaime Adolfo 2

La del Sumario de la revista 109-110: Para Jaime y Amelia Muñoz, agradeciéndoles su gentil hospitalidad y haber convivido en el seno de su amable y unida familia. Con la amistad de (Firma)

 

 

IMG_8752

Jaime Adolfo Muñoz con la camisa comemorativa de 50 años de EL CUENTO

La alhaja

22 top

Francina pasea y no piensa en nada. De repente su pie derecho rehúsa pasar delante de su pie izquierdo.

Vedla pues plantada, inconmovible, ante un escaparate.

No se ha parado para mirarse en los espejos ni arreglarse el cabello. Mira una alhaja. La mira obstinadamente y si la alhaja tuviera alas iría por sí misma a colocarse, sortija, en el dedo de Francine; broche, sobre su blusa o, pendiente, en el lóbulo de su ojera.

Para verla mejor, entorna los ojos, y llega, para poseerla al menos bajo sus párpados, a cerrarlos. Parece que duerme.

Pero detrás del escaparate, llegada del fondo de la tienda, aparece una mano. Surge blanca y fina del puño de la camisa. Se diría que entra hábilmente en una pajarera. Está acostumbrada.

Sin quemarse en el fuego de los diamantes, sin despertar a las piedras adormecidas, se insinúa entre ellas y con la punta de sus ágiles dedos como haciendo los cuernos a Francina que la observa con inquietud, roba la alhaja.

Jules Renard
No. 22, Abril 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 355