Poético

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Los patagones piensan que las estrellas son los muertos de la tribu y que van de cacería por la Vía Láctea.

L. C. Princhard
No. 27, Diciembre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 196

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Edda

Edda

 

Edda

Los Edda son colecciones de historias relacionadas con la mitología nórdica. Con este nombre se conocen dos recopilaciones literarias islandesas medievales que juntas forman el corpus más importante para conocer la mitología nórdica.

Son partes fragmentarias de una antigua tradición escáldica de narración oral (actualmente perdida) que fue recopilada y escrita por eruditos que preservaron una parte de estas historias.

Las compilaciones son dos: la Edda prosaica (conocida también como Edda menor o Edda de Snorri) y la Edda poética (también llamada Edda Mayor o Edda de Saemund). Propiamente el título de Edda fue dado a los recientes por Snorri, pero luego aplicado a la poética.

En la Edda poética se recopilan poemas muy antiguos, de carácter mitológico y heroico, realizada por un autor anónimo hacia 1250.

La Edda de Snórri fue compuesta por Snorri Sturluson (1179–1241) hacia los años 1220 ó 1225. No son poemas sino que están en prosa. Y tiene muchas recomendaciones para poetas, ya que el poeta guerrero islandés Snorri intentaba, con esa recopilación en prosa, ayudar a la formación de poetas en el estilo tradicional escáldico, una forma de poesía que data del siglo IX, muy popular en Islandia.

Existe un número de teorías referentes al origen del término Edda. Una teoría sostiene que es idéntica a la palabra que parece significar ‘La gran abuela’ (véase Ríg). Otra teoría argumenta que Edda significa ‘Poética’. Una tercer teoría estipula que significa ‘El libro de Oddi’, donde Oddi es el lugar en que Snorri Sturluson fue educado.

La primera traducción de los Eddas al español la realizó Ángel de los Ríos en 1856, con ayuda de una versión francesa. Existen traducciones recientes de Luis Lerate y Enrique Bernárdez[1].

 

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Edda

El Nifleim

El Nifleim o infierno fue abierto muchos inviernos antes de formar la tierra. En medio de su recinto hay una fuente, de donde salen con ímpetu los ríos siguientes: La Congoja, la Perdición, el Abismo, la Tempestad y el Bramido. A orillas de estos ríos, se eleva un inmenso edificio cuya puerta se abre por el lado de la media noche y está formado de cadáveres de serpientes, cuyas cabezas vueltas hacia el interior, vomitan veneno, del cual se forma un río en que son sumergidos los condenados. En aquella mansión hay nueve recintos diferentes: en el primero habita la muerte, que tiene por ministros al Hambre, la Miseria y el Dolor; poco más lejos se descubre el lóbrego Nastrond o ribera de los cadáveres, y más lejana una floresta de hierro en la que están encadenados los gigantes; tres mares cubiertos de nieblas circundan esa floresta y en ella se hallan las débiles sombras de los guerreros pusilánimes. Sobre los asesinos y perjuros vuela un negro dragón, que los devora y los vomita sin descanso y expiran y renacen a cada momento entre sus anchos ijares; otros condenados son despedazados por el perro Manargamor que vuelve a derecha e izquierda su deforme cabeza, y alrededor de Nifleim giran de continuo el lobo Fenris, la serpiente Mingard y el dios Loke, que vigila por la continuidad de las penas impuestas a los malos y a los cobardes.

Edda

No. 27, Diciembre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 193

Justicia

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Los habitantes de Duzak son devorados por reptiles venenosos, traspasados con puñales, ahogados con humo, sofocados por un olor infecto: las mujeres que con su locuacidad atormentaron a sus maridos, son ahorcadas y su lengua les sale por el cuello.

Pastoret
No. 27, Diciembre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 188

Oscar Acosta

Óscar Acosta

Óscar Acosta

(Tegucigalpa, 1933)

 

Poeta, narrador, periodista y editor hondureño perteneciente a la llamada Generación del 50, caracterizada por el deseo de renovación del lenguaje y la cuidada elaboración metafórica.

Diplomático de carrera, fundó en Tegucigalpa, en compañía de otros intelectuales, la Editorial Nuevo Continente y las revistas Extra y Presente, y posteriormente la Editorial Iberoamericana. En la década de 1960 fue director de la Editorial Universitaria y de la revista literaria Universidad de Honduras. Mientras realizaba estudios de Derecho, organizó con otros estudiantes el Círculo Literario Universitario.

Entre otros galardones, recibió en 1960 el Premio de Poesía Rubén Darío, en Nicaragua; el de Ensayo Rafael Heliodoro Valle, por la UNAH, en 1979; el Nacional de Literatura Ramón Rosa y el de los Juegos Florales Centroamericanos de Quetzaltenango, Guatemala. Como diplomático representó a Honduras en Perú, España, Italia y El Vaticano; actualmente es como asesor en la Cancillería Hondureña. Miembro de número de la Academia Hondureña de la Lengua, preside además la Asociación de Prensa.

Entre sus libros de poesía hay que mencionar Responso al cuerpo presente de José Trinidad Reyes (1953), Poesía Menor (1957), Tiempo detenido (1962), Antología personal (1965 y 1971), Mi país (1971). Su poesía es profunda y serena, de tono intimista.

El arca (1956) es una colección de relatos que abrió un nuevo camino a la literatura hondureña, rompiendo con la tradición costumbrista de la narrativa del su país. Recopiló también poemas de otros autores en obras como Antología de la nueva poesía hondureña (1967) y Poesía hondureña de hoy ( 1971). Entre sus estudios destaca Rafael Heliodoro Valle, vida y obra (1964)[1].

 

[1] http://www.biografiasyvidas.com/biografia/a/acosta_oscar.htm

La espada

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Una bruja le dijo al príncipe Ricardo, hermano del rey Harold, que iba a morir victimado por su propia espada. En la noche la arpía fue quemada viva, en la hoguera, para que no revelara ese secreto. Ricardo, protegido por las sombras, arrojó su espada al río. Veinte años después, recordando el funesto presagio, cuando encabezaba a sus soldados, desvió la ruta y prefirió pasar por un puente situado tres millas abajo del sitio donde había arrojado su arma. Fue derribado por su propio caballo y cayó al río, atravesándole su espada el corazón. En veinte años la espada había sido arrastrada tres millas por las aguas.

Óscar Acosta
No. 27, Diciembre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 176