Venta de vientos

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El arte de amarrar al viento con tres nudos, de tal modo que según se vayan aflojando, el viento sople cada vez más fuerte, ha sido atribuido a los brujos de Laponia y a las brujas de Shetland… Los marinos de Shetland todavía compran vientos en forma de pañuelos anudados o de cuerdas, de las viejas que pretenden regir las tormentas; se dice que hay viejas comadres de Lerwick que viven de vender los vientos.

Sir James George Frazer en LA RAMA DORADA
No. 09, Enero-Febrero 1965
Tomo II – Año I
Pág. 45

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Los cuervos

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… Pero tuvimos un rey, y su nahual era cuervo. Se hacía cuervo cuando quería, con los poderes antiguos de Topiltzin y Ometecutli. Se hacía cuervo nuestro rey, y se iba a volar sobre los sembrados ajenos, entre los cuervos de Sayula, de Autlán, de Amula y de Tamazula. Y veía que todos tenían el maíz que nos quitaron. Y como su nahual era cuervo, supo que los cuervos buscan y esconden las cosas. Y con los poderes antiguos de Topiltzin y Ometeculi, nos enseñó a todos para que nos volviéramos cuervos. Y un año limpiamos las tierras, que todas estaban llenas de chayotillo, de garañona y capitaneja. Limpiamos y labramos la tierra, como si tuviéramos maíz para sembrarla. Y cuando comenzaron las lluvias, ya para meterse el sol, nos hacíamos cuervos y nos íbamos volando para buscar el maíz que sembraban las gentes de Sayula, de Autlán, de Amula y de Tamazula. Volvíamos cada quien con un gran en el pico, a esconderlo en la tierra de Zapotlán. Pero como nos costaba mucho trabajo encontrar las semillas y todos teníamos ganas de comer maíz, nuestro Rey Cuervo dijo que los que se tragaran el grano por el camino, se quedarían ya cuervos, volando y graznando entre los surcos, buscando para siempre el maíz enterrado. Y muchos de nosotros no aguantaron las ganas y se tragaron el grano en vez de sembrarlo en nuestra tierra. Y ya no volvieron a ser hombres como nosotros.

Juan José Arreola, en LA FERIA
No. 09, Enero-Febrero 1965
Tomo II – Año I
Pág. 40

EL egoista

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Una versión recogida por sir William Jones quiere que un dios del Indostán, a quien el celibato afligía, solicitara de otro dios que éste le cediera una de sus 14,516 mujeres. El marido consintió con estas palabras “Llévate a la que encuentres desocupada.” El necesitado recorrió los 14,516 palacios; en cada uno la señora estaba con el señor.

Este se había desdoblado 14,516 veces, y cada mujer creía ser la única que gozaba de sus favores.

Simao Pereyra, S. J.
No. 09, Enero-Febrero 1965
Tomo II – Año I
Pág. 37

Kurt Tucholsky

Kurt Tucholsky

Kurt Tucholsky

(Berlín, 1890-Hindas, Suecia, 1935)

 

El periodista y escritor alemán de ascendencia judía Kurt Tucholsky nació el 9 de enero de 1890 en Berlín-Moabit. Su infancia transcurrió en Stettinn (territorio que en la actualidad pertenece a Polonia) y su formación académica tuvo lugar primero en el Instituto Francés y luego en el Königliche Wilhelms Gymnasium. Tras aprobar el examen conocido como Abitur, el joven comenzó a estudiar leyes en Berlín, una carrera que finalizó en la Universidad de Jena, donde a principios de 1915 obtuvo el doctorado con “cum laude”.

Sin embargo, Tucholsky nunca llegó a ejercer la abogacía porque prefirió inclinarse hacia el mundo de las letras, ámbito en el cual se destacó como escritor y periodista (aunque esta última actividad se vio interrumpida por el inicio de la I Guerra Mundial ya que, durante dos años, ninguno de sus artículos llegó a ser publicado). Tiempo después, fue reclutado como soldado y enviado al Frente Este, aunque terminó como corresponsal y colaborador del diario “Der Flieger”.

Ya terminada su obligación bélica, en diciembre de 1918 Tucholsky retomó su actividad periodística y, en ese marco, fue editor en jefe del suplemento satírico semanal “Ulk” y colaboró de forma regular con la revista “Die Weltbühne”. Por ese entonces, este autor que también trabajó como economista en el banco de Berlín “Bett, Simon & Co.” comenzó a escribir bajo los seudónimos de Kaspar Hauser, Peter Panter, Theobald Tiger e Ignaz Wrobel.

“El cielo de los prusianos”, “Prensa y realidad”, “La sonrisa de Mona Lisa”, “Aprended a reir sin llorar”, “Hace ocho años”, “La frase hecha” y “El palacio de Gripsholm: Una historia de verano” son algunas de las obras literarias creadas por este alemán que renunció al judaísmo el 1 de julio de 1914 para convertirse en protestante. Su muerte se produjo en Suecia el 21 de diciembre de 1935[1].

 

 

[1] http://www.poemas-del-alma.com/blog/biografias/biografia-de-kurt-tucholsky

La pulga

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En el departamento del Gard —allá donde se encuentran Nimes y el Río Gard—, la empleada de una pequeña oficina de correos, señorita de edad indeterminada, tenía la fea costumbre de abrir todas las cartas que pasaban por sus manos y de leerlas.

Todo el mundo lo sabía, pero en Francia, ciertas instituciones —como los porteros y los servicios postales— son tabú. No se pueden tocar y no se tocan.

La señorita, pues, seguía leyendo las cartas, y sus indiscreciones eran causa de discordia entre los habitantes.

En ese mismo departamento, había un hermoso castillo, habitado por un conde muy inteligente.

Puede que ocurrir que un conde sea inteligente, hasta en Francia. Y aquel conde ideó un día un plan, cuya ejecución no tardó en acometer.

Ante un ujier que, a petición suya, se trasladó al castillo el conde escribió a uno de sus corresponsales la siguiente carta:

“Querido amigo:

“Sabiendo que la malsana curiosidad de la empleada postal, la señorita Emilia Dupont, no conoce límites, y que dicha persona abre todas nuestras cartas para leerlas, te envío adjunto, para curarla de una vez para siempre, una pulga viva. Te saluda cordialmente tu amigo (firmado)

Koks.”

El conde selló la carta con todo cuidado en presencia del ujier; pero no metió ninguna pulga dentro del sobre.

Cuando la carta llegó a su destino, ya tenía una.

 

Kurt Tucholsky
No. 09, Enero-Febrero 1965
Tomo II – Año I
Pág. 34

Silogismo de Bias

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“La mujer con quien te cases será hermosa o fea; si es hermosa, prepárate a compartirla con otro; si es fea, te casarás con una furia. No es mejor lo uno que lo otro: luego no te cases.” Ahora bien; dícese que esta respuesta puede retorcerse de este modo: “Si aquella con quien me case es hermosa, no será una furia; si es fea, estoy seguro de no compartirla con otro; luego debo casarme.”

No se cita al autor
No. 09, Enero-Febrero 1965
Tomo II – Año I
Pág. 25