Supermagos

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Después de destruir a los budistas de la India, cuentan que Sankara marchó a Nepal, donde tuvo algunas diferencias con el Gran Lama. Para probarle sus poderes sobrenaturales voló por el aire, más cuando pasó sobre el Gran Lama, éste percibió su sombra deformándose y ondulándose por las desigualdades del suelo y clavó su cuchillo en ella; Sankara cayó y se quebró el cuello

Cuento budista
No. 09, Enero-Febrero 1965
Tomo II – Año I
Pág. 74

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Riesgo espantoso

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Entre la aparente confusión de nuestro misterioso mundo, los individuos se hallan tan definitivamente insertos en un sistema, y cada sistema se encuentra tan estrechamente vinculado a otro u otros, y finalmente, a un total, que el hecho de salir por un instante de su sistema expone al hombre al riesgo espantoso de perder para siempre su lugar propio en todo el mundo.

Nathaniel Hawthrone, en WAKEFIELD
No. 09, Enero-Febrero 1965
Tomo II – Año I
Pág. 66

El presagio

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He oído a Lucío Flaco, sumo sacerdote de Marte, referir la historia siguiente: “Cecilia, hija de Metelo, quería casar a la hija de su hermano y según la antigua costumbre, fue con su sobrina para recibir un presagio. La doncella estaba de pie y Cecilia sentada y pasó un rato sin que se oyera una sola palabra. La sobrina se cansó y dijo a Cecilia: ‘Déjame sentarme un momento.’ ‘Claro que sí, querida —dijo Cecilia—, te dejo mi lugar.’

“Estas palabras eran el presagio, porque Cecilia murió en breve y la sobrina se casó con el viudo.”

Cicerón, en DE DIVINATIONE
No. 09, Enero-Febrero 1965
Tomo II – Año I
Pág. 57

La isla afortunada

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Jambulo relata que, navegando hacia Arabia por necesidades comerciales, fue apresado por unos corsarios etíopes y asistió al degüello de sus compañeros, salvo uno que, como el, quedó en reserva para una ceremonia expiatoria que tenía lugar en Etiopía cada seiscientos años. Esta ceremonia consistía en poner a dos hombres sobre una barca apta para la navegación de altura, y los cales debían hacerse a la vela rumbo al sur. Si los dioses les eran propicios, debían encontrar en su camino una isla en la que hallarían generosa hospitalidad. Con ello Etiopía se aseguraba la felicidad por seiscientos años más. Jambulo y su compañero, después de una travesía de cuatro meses, llegaron, efectivamente, a una isla habitada por unos hombres totalmente distintos a los que ellos conocían: su altura era de dos metros, sus huesos elásticos, su cuerpo lampiño, su nariz guarnecida por una excrecencia parecida a una epiglotis, la lengua bifurcada en la raíz, adecuada para así reproducir una mayor variedad de sonidos y para conversar con dos personas a la vez. Vivían ciento cincuenta años y, una vez llegados a esta edad echábanse sobre una hierba que tenía la propiedad de provocar una muerte dulce.

Alexis Chassang
No. 09, Enero-Febrero 1965
Tomo II – Año I
Pág. 51