El presagio

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He oído a Lucío Flaco, sumo sacerdote de Marte, referir la historia siguiente: “Cecilia, hija de Metelo, quería casar a la hija de su hermano y según la antigua costumbre, fue con su sobrina para recibir un presagio. La doncella estaba de pie y Cecilia sentada y pasó un rato sin que se oyera una sola palabra. La sobrina se cansó y dijo a Cecilia: ‘Déjame sentarme un momento.’ ‘Claro que sí, querida —dijo Cecilia—, te dejo mi lugar.’

“Estas palabras eran el presagio, porque Cecilia murió en breve y la sobrina se casó con el viudo.”

Cicerón, en DE DIVINATIONE
No. 09, Enero-Febrero 1965
Tomo II – Año I
Pág. 57

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