La isla afortunada

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Jambulo relata que, navegando hacia Arabia por necesidades comerciales, fue apresado por unos corsarios etíopes y asistió al degüello de sus compañeros, salvo uno que, como el, quedó en reserva para una ceremonia expiatoria que tenía lugar en Etiopía cada seiscientos años. Esta ceremonia consistía en poner a dos hombres sobre una barca apta para la navegación de altura, y los cales debían hacerse a la vela rumbo al sur. Si los dioses les eran propicios, debían encontrar en su camino una isla en la que hallarían generosa hospitalidad. Con ello Etiopía se aseguraba la felicidad por seiscientos años más. Jambulo y su compañero, después de una travesía de cuatro meses, llegaron, efectivamente, a una isla habitada por unos hombres totalmente distintos a los que ellos conocían: su altura era de dos metros, sus huesos elásticos, su cuerpo lampiño, su nariz guarnecida por una excrecencia parecida a una epiglotis, la lengua bifurcada en la raíz, adecuada para así reproducir una mayor variedad de sonidos y para conversar con dos personas a la vez. Vivían ciento cincuenta años y, una vez llegados a esta edad echábanse sobre una hierba que tenía la propiedad de provocar una muerte dulce.

Alexis Chassang
No. 09, Enero-Febrero 1965
Tomo II – Año I
Pág. 51

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