El novio

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La señorita Alice Keith, de treinta años de edad y prometida del diputado Andrews, soñó un domingo que un cerdo estaba en el comedor de su casa, desayunándose. Impresionada por esta horrible pesadilla despertó, se vistió rápidamente y abandonó el dormitorio. Al entrar al comedor, su novio —con quien partiría a caballo a un paseo campestre—, comía con apetito encantador una manzana, invitado por la tía de la señorita Keith , miss Helen Pycroft, cuyo novio había muerto valientemente en 1922, en el sitio de Punjab.

Oscar Acosta
No. 26, Septiembre – Octubre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 89

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El Panchatantra

El Panchatantra

El Panchatantra

Es una colección de fábulas en idioma sánscrito, en prosa y verso, compuesto después del siglo III a. C. Se atribuye a Vishnú Sharma.

Etimología: ‘cinco principios’ (siendo pañchá: ‘cinco’, y tantra: ‘principio’).

El Pancha-tantra (200 a. C.) tiene muchas fábulas en común con las Fábulas de Esopo (del siglo VI a. C.).

Al escritor tracio Esopo (siglo VII a VI a. C.) se lo considera el padre de todas las fábulas, porque de sus traducciones (del griego) provienen las fábulas de Reinhart el Zorro (1180), varias de las del infante Don Juan Manuel en El conde Lucanor y, más tarde, las de La Fontaine (1621-1695). Sin embargo, La Fontaine publicó Las fábulas de Bidpai en 1679, basándose en «el sabio indio Pilpay».

Según la historia que se cuenta en el Hitopadesha (siglo VII), el rey Sudarshana, preocupado por la educación de sus jóvenes príncipes, le encarga la enseñanza de la moral a un bráhmana (sacerdote) llamado Visnú Sharma (quien es considerado el autor del Pancha-tantra).

El texto consiste en la ilustración antropomórfica de los cinco principios más importantes del rāja nīti (‘ciencia política’) a través de los animales. Los cinco principios ilustrados son:

Mitra bheda (como dividir a los amigos)

Mitra lābha (cómo ganar amigos)

Suhrid bheda (disensión con la amada)

Vigraha (separación)

Sandhi (unión)

El Panchatantra alcanzó su forma actual entre el 300 y el 400 d. C. Hacia el 570 fue traducido al persa, por orden del rey sasánida Anushiraván (Cosroes I, 501-579). Desde el persa pasó al árabe hacia el 850.

En el año 570 fue traducida al pahlavi (o persa literario) y pocos años más tarde al sirio. En el siglo VIII el iraní Ibn Al-Muqaffa lo tradujo del persa al árabe. De allí se creó la colección árabe Kalila wa-Dimna, que se difundió por toda Europa. Fue exportado en forma oral y escrita a China, Indonesia y el sudeste de Asia por monjes budistas. Los viajeros llevaron sus historias a Persia, Arabia, y en el siglo IX a Grecia y de ahí al resto de Europa. En el siglo XII se tradujo al hebreo. Esta traducción se considera fuente de la mayor parte de las versiones europeas.

En 1251, posiblemente el rey español Alfonso X el Sabio (todavía infante) mandó traducir el texto árabe al castellano: Calila e Dimna. En 1278, Jean de Capoue la tradujo al latín con el título Directorium humanae vitae. En 1313, Raymond de Beziers la tradujo nuevamente al latín y se le ofreció al rey Felipe el Hermoso (1268-1314) con motivo de la caballería de su hijo Luis, rey de Navarra, el futuro Luis el Obstinado (1289-1316). En 1644, Gilbert Gaulmin (bajo un seudónimo) tradujo la versión persa al francés con el título El libro de la luz o la conducta de los reyes, compuesto por el sabio indio Pilpay y traducida al francés por David Sahid de Isfahán, capital de Persia. En 1666, el padre Père Poussines la tradujo nuevamente al latín con el título Specimen sapientiae indorum veterum (‘modelo de la sapiencia de los antiguos indios’). Por alguna razón, casi todos los traductores nombran a un tal Pilpaï como autor, aunque en las versiones persas e indias no se lo nombra.

A partir del Panchatantra, el autor Naraian Pandit produjo una versión libre llamada Jitopadesha (siglo XII). Se cree que a Narayana le gustaba tanto ese texto que lo reescribió, mejorando el flujo de historias y agregando varias de su propia creación, por lo que el Hitopadesha, aunque similar en contenido y estructura al Pancha-tantra, es más abundante[1].

 

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Panchatantra

Los bramanes y el león

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En cierto pueblo había cuatro brahmanes que eran amigos. Tres habían alcanzado el confín de cuanto los hombres pueden saber, pero les faltaba cordura. El otro desdeñaba el saber; sólo tenía cordura. Un día se reunieron. ¿De qué sirven las prendas dijeron, si no viajamos, si no logramos el favor de los reyes, si no ganamos dinero? Ante todo, viajemos.

Pero cuando habían recorrido un trecho, dijo el mayor:

—Uno de nosotros, el cuarto, es un simple, que no tiene más que cordura. Sin el saber, con mera cordura, nadie obtiene el favor de los reyes. Por consiguiente, no compartiremos con él nuestras ganancias. Que se vuelva a su casa.

El segundo dijo:

—Mi inteligente amigo, careces de sabiduría. Vuelve a tu casa.

El tercero dijo:

—Esta no es manera de proceder. Desde niños hemos jugado juntos. Ven, mi noble amigo. Tú tendrás parte de nuestras ganancias.

Siguieron su camino y en un bosque hallaron los huesos de un león. Uno de ellos dijo:

—Buena ocasión para ejercitar nuestros conocimientos. Aquí hay una animal muerto, resucitémoslo.

El primero dijo:

—Sé componer el esqueleto.

El segundo dijo:

—Puedo suministrar la piel, la carne y la sangre.

El tercero dijo:

—Se darle vida.

El primero compuso el esqueleto, el segundo suministró la piel, la carne y la sangre. El tercero se disponía a infundir vida, cuando el hombre cuerdo observó:

—Es un león. Si lo resucitan, nos va a matar a todos.

—Eres muy simple —dijo el otro—. No seré yo el que frustre la labor de la sabiduría.

—En tal caso —respondió el hombre cuerdo—. Aguarda que me suba a este árbol.

Cuando lo hubo hecho, resucitaron al león; este se levantó y mató a los tres. El hombre cuerdo esperó que se alejara el león, para bajar del árbol y volver a su casa.

Panchatantra (siglo II a. C.)
No. 26, Septiembre – Octubre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 81

Saint Simon

Saint-Simon

 

Saint-Simon

(Henri de Saint-Simon o Claude-Henri de Rouvroy, Conde de Saint-Simon)

 

 Socialismo Utópico es el nombre con el cual se ha denominado al conjunto heterogéneo de doctrinas que proponían una reforma social y que surgieron con anterioridad al marxismo y al anarquismo. Entre las principales motivaciones que dieron al Socialismo Utópico razón de ser se cuenta la necesidad imperiosa de encontrar respuestas a los problemas que suponía la victoria del liberalismo y el incipiente industrialismo en Europa. En las más importantes “plazas” europeas el Socialismo Utópico halló un referente, mientras tanto, en Francia, su máximo exponente ha sido Henri de Saint-Simon o Claude-Henri de Rouvroy, Conde de Saint-Simon, como también se lo conoció.

Saint-Simon nació el 16 de Julio del año 1760 en la ciudad de París , en el seno de una familia aristocrática, pero que por diferentes situaciones había perdido su valor económico; Saint-Simon era el sobrino nieto del duque Louis de Rouvroy, destacado por las memorias que redactó acerca de la corte del rey Luis XIV.

El dictamen familiar lo obligaba a seguir una carrera militar, algo que Saint-Simon cumplió durante un tiempo, sin embargo, tras la Revolución Francesa se haría republicano, se alejaría del ámbito militar y se acercaría al político. En el año 1792 fue nombrado como presidente de la comuna de París, sin embargo, tras algunas acusaciones se alejó del cargo teniendo primero que responder ante la justicia por algunas irregularidades en su gestión.

A partir del año 1794 se dedicaría de lleno a la teorización social de su país, plasmando oportunamente en diferentes obras el producto de sus pensamientos, propuestas e ideas y de este modo pudo de a poco ir acomodando su alicaída situación económica. Entre sus obras más importantes se cuentan: Sistema Industrial y Nuevo Cristianismo.

Porque justamente Saint-Simon ha sido el primer teórico con el que contó la sociedad industrial, por eso muchos lo sindican como el padre del socialismo francés. Además de ser vital para el delineamiento de la democracia socialista europea, Saint-Simon, fue el primero en predecir tal como ocurrió en el futuro la industrialización del mundo y en creer que la solución de la mayoría de los problemas que afrontaba la sociedad se encontrarían en los desarrollos de la ciencia y de la tecnología.

La idea rectora del pensamiento de Saint-Simon proponía que el primer objetivo político del estado debía ser el desarrollo de la producción, situación que sí o sí demandaba que el gobierno esté conformado por industriales de todo tipo, obreros, campesinos y propietarios.

Otra proposición también muy innovadora dentro del orden social que promovía era que los científicos ocupasen el rol de los clérigos dentro de la sociedad, mientras que la función de la religión sería la de guía de las clases más bajas en lo que respecta a su lucha por mejorar sus condiciones de vida.

Otra idea original y a la vez paradójica, si tenemos en consideración su origen aristocrático, es que Saint-Simon se convirtió en un defensor a favor de la abolición de los derechos heredados.

Dejando un legado que marcaría profundamente a quienes estuvieron a su lado y recogieron su guante (Auguste Comte), Saint-Simon, dejó de existir físicamente a los 64 años el 19 de Mayo de 1825 en París[1].

 

[1] http://www.quien.net/saint-simon.php

Las máscaras

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El teniente general Bouligneux y el mariscal de campo Wartigny perecieron frente a Verue; eran dos hombres de gran valor pero muy singulares. El invierno precedente se habían hecho varias máscaras de personas de la corte, tomadas del natural. Dichas personas las llevaban bajo otras máscaras, de modo que al quitarse la primera máscara los demás se equivocaban al confundir la segunda máscara con el rostro verdadero, ya dicho rostro era muy diferente. La broma divirtió mucho. Ese invierno se quiso repetir la distracción. Grande fue la sorpresa al encontrar a las máscaras tomadas del natural frescas y tal cual se hallaban cuando se guardaron después del carnaval, con excepción de las de Bouligneux y Wartigny, que aunque conservaban su perfecta semejanza habían adquirido la palidez y la consunción de las personas que acaban de morir. Ellos las lucieron en un baile y produjeron tanto horror que se trató de retocar las máscaras con rojo, pero el rojo se borraba de inmediato, y la consunción no tenía arreglo. Esta circunstancia me pareció tan extraordinaria que la considero digna de referirse, pero me hubiera cuidado de hacerlo si toda la corte no hubiera sido testigo de ello, como yo, y si no hubiese sorprendido mucho, y varias veces, por este hecho extraño y singular. Por último, ambas máscaras fueron arrojadas a la basura.

Saint-Simon
No. 26, Septiembre – Octubre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 80

Cónclave

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También la muerte de Lutero fue puesta bajo el signo de Satanás. Thyraeus, Daemon, l 8, 11, refiere que, cuando Lutero murió, todos los endemoniados que se encontraban en la ciudad de Gheel (Ducado de Brabante) fueron momentáneamente liberados. El día siguiente a las exequias, un exorcista preguntó a los demonios adonde habían ido en el interín, y ellos contestaron que por orden de su jefe se trasladaron para asistir a los funerales del hereje. El propio servidor de Lutero declaró que, habiendo sacado la cabeza por la ventana para tomar aire, había visto muchos espíritus de horrible aspecto bailar y revolotear sobre el sitio de su muerte.

Giuseppe Faggin
No. 26, Septiembre – Octubre 1967
Tomo V – Año IV
Pág. 66