Un fantasma

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“¿Qué es un fantasma? —preguntó Stephen—. Un hombre que se ha desvanecido hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres.”

James Joyce
No. 15, Septiembre- Octubre 1965
Tomo III – Año II
Pág. 175

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El agente

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El ser inesperado que se deslizó ante mí, bajando de un hilo que se perdía en el cielo, era transparente. Y pude leer sus pensamientos: venía de otro planeta a buscar a quien lo esperaba.

Nicio de Lumbini
No. 15, Septiembre- Octubre 1965
Tomo III – Año II
Pág. 175

De L’osservatore

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A principios de nuestra era, las llaves de San Pedro se perdieron en los suburbios del Imperio Romano. Se suplica a la persona que las encuentre, tenga la bondad de devolverlas inmediatamente al Papa reinante, ya que desde hace más de quince siglos, las puertas del Reino de los Cielos no han podido ser forzadas con ganzúas.

Juan José Arreola, en PROSODIA
No. 15, Septiembre- Octubre 1965
Tomo III – Año II
Pág. 174

Mi primer amor

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Tenía trece años.

Ella era encantadora.

¡Qué digo encantadora! Era una de las mujeres más bonitas de París.

Pero de eso yo no me daba cuenta. Yo la encontraba bonita, ocurría que lo era extremadamente. Esto no era más que una coincidencia.

…Tenía un sonrisa adorable y ojos acariciadores.

Y voy a preguntarme, ¿Por qué la he amado?

…Soñaba con ella.

¿Decírselo?

Antes la muerte.

Probárselo.

Hacer economías durante toda la semana y cometer una locura el domingo siguiente. Hice estas economías y cometí esta locura. ¡Ocho francos! Un enorme ramo de violetas. ¡Era magnífico! Era el más bello ramo de violetas que se haya visto nunca. Me hacían falta las dos manos para llevarlo.

Mi plan: llegar a su casa a las dos y solicitar verla.

La cosa no fue fácil. Estaba ocupada. Insistí. La camarera me condujo al gabinete.

Se estaba peinando para salir. Entré con el corazón en un brinco.

—¡Hola pequeño! ¿Para qué quieres verme?

No se había vuelto aún. No había visto todavía el ramo; no podía comprender.

…—Para esto, señora.

Y le tendí mis ocho francos de violetas.

¡Oh, qué bonitas!

Me pareció que la partida estaba ganada. Me había aproximado a ella, temblando. Cogió entre sus manos mi ramo como se coge la cabeza de un niño y lo llevó a su bello rostro como para besarlo.

—¡Y huelen bien!

Luego, añadió despidiéndome:

—Dale las gracias de mi parte a tu papá.

 

Sacha Guitry
No. 15, Septiembre- Octubre 1965
Tomo III – Año II
Pág. 170

La gran duda

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Nadie tiene seguridad fuera de la fe, de si está despierto o si duerme; visto que durante el sueño no se cree menos firmemente estar despierto, que cuando se está despierto efectivamente… De modo que, si la mitad de la vida se pasa durmiendo por propia confesión… ¿quién sabe si esa otra mitad de la vida en que creemos estar despiertos, no es un sueño un poco diferente del primero, del que despertamos cuando creemos dormir?

Pascal
No. 15, Septiembre- Octubre 1965
Tomo III – Año II
Pág. 166