Paolo y Francesca

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No están en el infierno por adúlteros (Dante, Infierno, V). Se amaban, es cierto. Pero rechazaron la alternativa del pecado, la vergüenza, el inevitable hastío. Eligieron la muerte. No podían suicidarse. El suicidio los condenaría, los separaría por toda la eternidad. Idearon otro plan: obligar a Gianciotto (el marido de Francesca) a que los matase. Empezaron: multiplicaban en su presencia las miradas de complicidad, los suspiros, los rubores. Gianciotto, que era celosísimo, cayó en la trampa. Una noche lo esperaron en la alcoba de Francesca. Sabían que los vigilaba. Cuando oyeron sus pasos, copiaron la figura de los adúlteros, se tomaron de las manos, por primera vez se besaron. Gianciotto entró (ellos, temblando, cerraron los ojos) y los mató. Dios los condenó, a causa de ese crimen de Gianciotto, a un infinito acoplamiento en el segundo círculo del infierno.

Marco Denevi
No. 15, Septiembre- Octubre 1965
Tomo III – Año II
Pág. 178

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