El pez sujeto

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El único código ballenero oficial aprobado por una legislatura es, quizá, el de Holanda, decretado por los Estados Generales de 1695. Aunque ninguna otra nación haya poseído una ballenera escrita, los pescadores norteamericanos, sin embargo, han sido sus propios legisladores y abogados en este asunto. Crearon un sistema que supera, en cuanto a comprensión concisa, a las Pandectas de Justiniano y a los estatutos de la Sociedad China para la supresión de la intervención en los asuntos de otras personas. Sí, estas leyes podrían grabarse en un cuarto de penique de los tiempos de la reina Ana, o en la lengüeta de un arpón, por ser tan breves.

I. Un pez sujeto pertenece a la parte a la que está fijo.

II. Un pez suelto está a disposición de la parte que pueda capturarlo antes.

Herman Melville, en MOBY DICK
No. 4, Agosto -1964
Tomo I – Año I
Pág. 71

Premonición

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Dos personas esperan en la calle un acontecimiento y la aparición de los principales actores. El acontecimiento ya está ocurriendo y ellos son los actores.

Nathaniel Hawthorne, CUADERNOS DE APUNTES
No. 4, Agosto -1964
Tomo I – Año I
Pág. 68

Las lágrimas de Ashera

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El Sol, llamado Adón Adoním (Señor de los Señores) está enamorado de la Tierra (Ashera), la cual a su vez está perdida de amor por su amante cósmico. Este, con el fuego de su pasión, la fecundiza; de estos amores siderales nacen todos los organismos que cubren la superficie de la tierra y habitan en el seno de los mares. Todo es amor en el universo; la misma creación nació del deseo. Pero viene el ardiente sol de verano, que seca la tierra y quema la vegetación. Es el Molek abrasador, el Dios de la amores de Adón con la divina Ashera, y le ha asesinado allá en el Líbano, tomando la forma de un jabalí y mordiéndole en los órganos de la fecundidad, para de esta manera hacer estéril a su amada. Después, el Dios de la Muerte reina solo, con feroz soberanía. Los ardores de la canícula son sus emanaciones. Por el terror lo domina todo. La divina Ashera se convierte en Salambó y llora la muerte de su amante, en el equinoccio de otoño. Pero sus lágrimas, que caen a la tierra en forma de lluvia, no son inútiles, ni el Dios del Amor ha muerto en vano, La sangre que ha derramado en el Líbano, baja a fecundarla. A su contacto todo revive y se alegra, y el mismo Adonis resucita y aparece de nuevo en el cielo.

Levy, ETUDES PHENICIENNES
No. 4, Agosto -1964
Tomo I – Año I
Pág. 67

El último regreso

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Según el teólogo medieval Juan Escoto Erígena (800-877), el universo emanó de Dios, y regresará, finalmente, a Dios.

Por consiguiente, cabe distinguir dos procesos: uno de diferenciación de las criaturas, otro de absorción en la divinidad. En el segundo, llamado deificación, todo lo creado –los ángeles, los hombres, el Infierno, el Diablo- ingresará dichosamente en el Ser Supremo. Entonces, la creación y el Creador se confundirán y el tiempo cesará.

Warren Hope, THE WEEK-END THEOLOGIAN (1897)
No. 4, Agosto -1964
Tomo I – Año I
Pág. 65

Gotha del averno

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Díjose en esta época que en la corte del Infierno había siete príncipes y que el trono del Averno no pertenecía a Satán sino a Belzebú, Señor de los Infiernos, jefe supremo de todos los demonios. Este era el primero entre los príncipes. Luego le seguían: Satán, antiguo jefe destronado, Príncipe de las Sublevaciones: Euronime, Príncipe de la Muerte; Moloch, Príncipe del terror y del País de las Lágrimas; Plutón, Príncipe del Fuego; Pan, Príncipe de los Súbcubos. Después venían varias otras jerarquías y dignidades antes de llegar al populacho de los demonios sin rango.

Wyer
No. 4, Agosto -1964
Tomo I – Año I
Pág. 64

Ezequiel Martínez Estrada

Ezequiel Martínez Estrada

Ezequiel Martínez Estrada

(n. Santa Fe, Argentina, 14-sept-1895 – Buenos Aires, Argentina, 4-nov-1964)

 

Fue un escritor, poeta, ensayista, crítico literario y biógrafo argentino. Recibió dos veces el Premio Nacional de Literatura, en 1933 por su obra poética y en 1937 por el ensayo “Radiografía de la Pampa”. Fue presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) de 1933 a 1934 y de 1942 a 1946.

Santafesino de nacimiento, su familia se trasladó a la localidad de Goyena, en el Sudoeste de la provincia de Buenos Aires, donde su padre abrió un almacén de ramos generales. Luego de la separación de sus padres en 1907, viajó a la ciudad de Buenos Aires, donde vivió con su tía Elisa y estudió en el Colegio Avellaneda. Por razones económicas hubo de interrumpir sus estudios y comenzó a trabajar en el Correo Central de Buenos Aires.

Publicó seis libros de poesía entre los años 1918 y 1929. En 1921 contrajo matrimonio con Agustina Morriconi, una artista plástica argentina. Ejerció la docencia en el Colegio Nacional de la Universidad Nacional de La Plata donde, entre sus alumnos, se contó el luego célebre médico René Favaloro, con quien mantuvo amistad hasta su muerte, y con el dinero obtenido por el segundo Premio Nacional antes citado, compró un campo en Goyena.

Desde 1946 colaboró con la Revista Sur, dirigida por Victoria Ocampo. Publicó durante esa época obras de teatro, cuentos y novelas cortas. En 1949 se radicó en Bahía Blanca, en la casa que es hoy sede de la fundación que lleva su nombre. Además, avaló la creación en Mendoza de la revista “Voces”, fundada – junto con un grupo de intelectuales – por el novel pintor Enrique Sobisch, artista ulteriormente reconocido a nivel internacional.

En los años del peronismo, Martínez Estrada sufrió de neurodermatitis, una enfermedad extremadamente discapacitante de origen psicosomático que lo mantuvo postrado por años en ámbitos hospitalarios y olvidado por casi todos, a excepción de Victoria Ocampo, según dejará consignado el mismo escritor. Luego del golpe de estado de 1955 contra el gobierno de Juan Domingo Perón, y luego de ser sometido a las técnicas terapéuticas del llamado sueño prolongado, su salud mejoró, comenzando una serie de escritos que él llamaba sus “catilinarias” , serie de acerbos escritos dirigidos a la élite argentina, tanto gobierno como intelectuales, prediciendo que la Argentina atravesaría un siglo signado por el “Pre-Peronismo, Peronismo y Post-Peronismo.”

El gobierno peronista lo había privado de su puesto de trabajo en La Plata, que recuperó en 1956 luego del golpe de estado, pero al año siguiente fue nombrado profesor extraordinario en la Universidad Nacional del Sur, en Bahía Blanca. En 1957 asumió la presidencia de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre.

En 1959, Martínez Estrada comienza una serie de viajes a Chile, a la Conferencia de Paz en Viena, donde conoce al poeta cubano Nicolás Guillén, a México, donde enseñó durante un año en el Instituto de Ciencias Políticas en la Universidad Nacional Autónoma de México. Escribe Diferencias y semejanzas entre los países de América Latina, un largo ensayo fijando paralelos con Asia y África, y el concepto emergente del Tercer Mundo, condenando el imperialismo, el colonialismo y expresando admiración por la Revolución Cubana, que sería su siguiente destino.

Desde septiembre de 1960 a noviembre de 1962, fue director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Casa de las Américas en La Habana. Formó así parte de la densa atmósfera intelectual de los primeros años de la revolución: allí estudió en profundidad la obra de José Martí y editó dos libros de discursos de Fidel Castro. Veía en Cuba un destino manifiesto, por el cual los Taínos se unirían a los Amaurotos de Tomás Moro, y la Cuba revolucionaria con el ideal de Cuba de Martí. Esta adhesión a la revolución cubana no sería comprendida ni perdonada por los intelectuales argentinos nucleados en torno de la Revista Sur. Comienza así un aislamiento, en su tierra, que lo acompañará hasta su muerte. Silenciamiento que persiste todavía hoy, por razones no tan fáciles de comprender.

Martínez Estrada deja Cuba después de la crisis de los misiles. El país había sido expulsado de la OEA, y él estaba teniendo problemas de salud y financieros, por lo que decide que “servirá mejor a la revolución desde afuera”. Pasa por México y retorna a Argentina, más precisamente a Bahía Blanca, donde completa sus tres libros sobre José Martí (ninguno publicado en vida y uno de los cuales permaneció inédito hasta 2001), escribe un trabajo sobre Balzac, y continúa escribiendo poemas (notables sus Tres poemas del anochecer – último trabajo publicado en Sur). Él hablaba de volver a Cuba; no está claro si finalmente no lo hizo por su estado de salud o, como indicaría su correspondencia, por sentirse desilusionado con la revolución.

Falleció el 4 de noviembre de 1964 en Bahía Blanca[1].

 

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Ezequiel_Mart%C3%ADnez_Estrada

El salvador victorioso

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Pero ni la gloria del Cielo ni los tormentos del Infierno son eternos. El poder de Angromanyus será aniquilado un día. Tres mil años después de Zoroastro, precedido de dos precursores, nacerá el Salvador victorioso, de una manera sobrenatural y de una virgen. La lucha del bien con el mal habiendo llegado a su período álgido, arderá todo, pero con una llama que solo abrazará a los malvados; y los buenos, incombustibles por su virtud propia, sentirán sólo un calor agradable. Así, todas las criaturas serán purificadas, los muertos resucitados, los espíritus malignos aniquilados, la tierra renovada y la dominación absoluta del luminoso Ahura comenzará para no acabar jamás.

Pompeyo Gener, en LA MUERTE Y EL DIABLO (1884)
No. 4, Agosto -1964
Tomo I – Año I
Pág. 49

Un pañuelo para los otros

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“En mi pabellón se alojan más de ochenta hombres, pero fuera de él lo hacen incontables camaradas. Desde aquí se oyen sus gritos y sus gemidos, y nadie puede socorrerles. A mi lado hay un sargento de Bromberg, que tiene el vientre destrozado por la metralla. El médico mayor le dijo que pronto se iría a casa, pero a los sanitarios les dijo: “No pasará de esta noche, dejadle ahí hasta que muera.”El médico mayor es un buen hombre, sin embargo. Al otro lado, junto a mí y cerca de la pared, yace un soldado de infantería de Breslau, al cual le falta un brazo y la nariz y que me dijo que ahora ya no necesita pañuelo. Al preguntarle yo que hacía cuando tenía que llorar, él me contestó: “De todos los que estamos aquí, incluidos tu y yo, ninguno volverá a llorar más. Otros llorarán pronto por nosotros.”

Carta de un soldado alemán desde Stalingrado, en 1943, de una saca confiscada por órdenes de Hitler.
No. 4, Agosto -1964
Tomo I – Año I
Pág. 45

Carta de un soldado alemán desde Stalingrado, en 1943, de una saca confiscada por órdenes de Hitler.
No. 77, Junio 1977
Tomo XII – Año XIII
Pág. 367

George Loring Frost

George Loring Frost

 

George Loring Frost

 

George Loring Frost nació, supuestamente, en Brentford, Inglaterra, en 1887, y este cuento, supuestamente, pertenece a su libro Memorabilia (1923). Y fue incluido en la Antología de la literatura fantástica, de Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo [Bogotá, Editorial Sudamericana, 1994].

Pero todo parece otra bella jugada borgiana: Frost no aparece en la literatura inglesa y, en cambio, tiene las mismas iniciales del nombre de Borges; los títulos que le atribuye a Frost son típicos del léxico borgiano, incluido aquel de donde dice haberlo tomado, Memorabilia. Y, finalmente, Borges no le colocó fecha de muerte a Frost, siendo tan riguroso en sus notas. Otro misterio[1].

 

[1] http://franciscomendez.blogspot.mx/2010/05/george-loring-frost.html

¿Sería fantasma?

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Al caer la tarde, dos desconocidos se encuentran en los oscuros corredores de una galería de cuadros. Con un ligero escalofrío, uno de ellos dijo:

Este es un lugar siniestro. ¿Usted cree en fantasmas?

Yo no –respondió el otro-. ¿Y usted?

Yo si –dijo el primero y desapareció.

George Loring Frost: MEMORABILIA (1923)
No. 4, Agosto -1964
Tomo I – Año I
Pág. 39

Catorce minutos

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William James (Some problems of philosophy, 1911, Pag. 182) niega que puedan transcurrir catorce minutes, porque antes es obligatorio que hayan pasado siete, y antes de siete, tres minutos y medio, y antes de tres minutos y medio, un minuto y tres cuartos, y así hasta el fin, hasta el invisible fin, por tenues laberintos de tiempo.

Jorge Luis Borges, en OTRAS INQUISICIONES
No. 4, Agosto -1964
Tomo I – Año I
Pág. 88

Torre de la soberbia

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Ese cuento del agujero en el suelo, que baja quién sabe hasta dónde, siempre me ha fascinado. Ahora es una leyenda musulmana; pero no me asombraría que fuera anterior a Mahoma. Trata del sultán Aladino; no el de la lámpara, por supuesto, pero también relacionado con genios y con gigantes. Dicen que ordenó a los gigantes que le erigieran una especie de pagoda, que subiera y subiera hasta sobrepasar las estrellas. Algo como la torre de Babel. Pero los arquitectos de la Torre de babel eran gente doméstica y modesta, como ratones, comparada con Aladino. Sólo querían una torre que llegara al cielo, y se elevara encima y siguiera elevándose para siempre. Y Dios la fulminó, y la hundió en la tierra, abriendo interminablemente un agujero, hasta que hizo un pozo sin fondo, como era la torre sin techo. Y por esa invertida torre de oscuridad, el alma del soberbio sultán se desmorona para siempre.

G. K. Chesterton, en THE MAN WHO KNEW TOO MUCH
No. 4, Agosto -1964
Tomo I – Año I
Pág. 38

G. K. Chesterton, en “The man who knew too much”
No. 77, Junio 1977
Tomo XII – Año XIII
Pág. 372

Sueño infinito de Pao Yu

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Pao Yu soñó que estaba en un jardín idéntico al de su casa: “¿Será posible —dijo— que haya un jardín idéntico al mío?” Se le acercaron unas doncellas. Pao Yu se dijo atónito: “¿Alguien tendrá doncellas iguales d Hsi-Yen, a Pin-Erh y a todas las de casa?” Una de las doncellas exclamó: “ahí está Pao yu. ¿Cómo habrá llegado hasta aquí?” Pao Yu pensó que lo habían reconocido. Se adelantó y les dijo: “Estaba caminando; por casualidad llegué hasta aquí. Caminemos un poco.” Las doncellas se rieron. “¡Qué desatino! Te confundimos con Pao Yu, nuestro amo, pero no eres tan gallardo como él.” Eran doncellas de otro Pao Yu. “Queridas hermanas —les dijo—, yo soy Pao Yu. ¿Quién es vuestro amo?” “Es Pao Yu —contestaron—. Sus padres le dieron ese nombre, que está compuesto de los dos caracteres: Pao (precioso) y Yu (jade), para que su vida fuera larga y feliz. ¿Quién eres tú para usurpar ese nombre?” Se fueron riéndose.

Pao Yu quedó abatido. “Nunca me han tratado tan mal. ¿Por qué me aborrecerán estas doncellas? ¿Habrá, de veras, otro Pao Yu? Tengo que averiguarlo.” Trabajado por esos pensamientos, llegó a un patio que le pareció extrañamente familiar. Subió la escalera y entró en su cuarto. Vio a un joven acostado; al lado de la cama reían y hacían labores unas muchachas. El joven suspiraba. Una de las doncellas le dijo: “¿Qué sueñas, Pao Yu; estás afligido?” “Tuve un sueño muy raro. Soñé que estaba en un jardín y que ustedes no me reconocieron y me dejaron solo. Las seguí hasta la casa y me encontré con otro Pao Yu durmiendo en mi cama.” Al oir este diálogo, Pao Yu no pudo contenerse y exclamó: “Vino en busca de un Pao Yu; eres tú? El joven se levantó y lo abrazó, gritando: “No era un sueño, tú eres Pao Yu” Una voz llamó desde el jardín: “¡Pao Yu!” Los dos Pao Yu temblaron. El soñado se fue. El otro le decía: “¡Vuelve pronto Pao Yu!” Pao yu se despertó. Su doncella Hsi-Yen le preguntó: “¡Qué sueñas Pao Yu; estás afligido?” “Tuve un sueño muy raro. Soñé que estaba en un jardín y que ustedes no me reconocieron”…

Tsao-Hsueh-Kin, en EL SUEÑO DEL APOSENTO ROJO
No. 4, Agosto -1964
Tomo I – Año I
Pág. 33

… de Rolando Revagliatti

Ante mí los dos ejemplares, Mónica y Alfonso y Marcial…

…, de “Minificcionistas de El cuento Revista de Imaginación”, que han tenido la gentileza de despacharme oportunamente. Hoy, por fin, después del Aviso que me dejaran hace varios días, me fue posible irme en ómnibus hasta el edificio de Correo Argentino internacional y tras firmar acá, acá y acá, y mostrar mi documento de identidad a éste, a otro y a otro más, etc., lograr que el empleado de Aduana abriera delante de mí el sobre y después de preguntarme a qué me dedicaba y constatar el contenido me lo diera y saludara afablemente.

Me pude sentar en el ómnibus (acaso sepan que los llamamos colectivos) ya de vuelta para mi casa y durante 60 minutos leí y exploré un ejemplar de esta edición excelente. Estoy más que reconfortado por hallarme divulgado en una obra que tanto trabajo demandó y en la que se han cuidado los detalles, que como sabemos, cuando aúnan sobriedad y belleza, se tornan inefables. Muchas gracias a ustedes.

Estuve viendo las fotografías de la presentación y leyendo desde el blog de Alfonso y viendo y oyendo también el video a partir del programa radial, y la calidez de la amistad “en la imaginación” me dio alcance. Me agradaría contar con las direcciones electrónicas de los cuentistas incluidos, pero no ignoro que es mucho pedir. Y entonces lo que formalizo, a través de ustedes, es mi virtual abrazo para todos.

Los saluda efusivamente,Revagliatti

Rolando Revagliatti
http://www.about.me/rrevagliatti

Llueve

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Un día, hace muchos años, un individuo que había salido de su casa sin paraguas se dio cuenta de que empezaban a caer algunas gotas.

Debería volver a casa a buscar el paraguas —pensó.

Pero después se dijo:

¡Bah! No serán más que cuatro gotas.

Y siguió andando porque tenía mucha prisa.

La lluvia empezó a caer. Entonces el individuo se refugió en un portal.

Esperaré a deje de llover —dijo.

Había empezado el Diluvio Universal

Achille Campanile, en MONIGOTE DE PAPEL
No. 4, Agosto -1964
Tomo I – Año I
Pág. 25

Marcel Schwob

Marcel Schwob

Marcel Schwob

(Chaville, Hauts-de-Seine, 23 de agosto de 1867 – París, 26 de febrero de 1905)

 Fue un escritor, crítico literario y traductor judío francés, autor de relatos y de ensayos donde combina erudición y experiencia vital. La brevedad de su vida no le impidió desarrollar una obra singular y personal, muy próxima al simbolismo.

Hijo de una familia judía acomodada, e ilustrada, instalada en Nantes en 1875 (su padre, que llegó a escribir una obra de teatro con Julio Verne, compró allí el diario Le Phare de la Loire), se trasladó a París para seguir sus estudios en el Liceo Louis-le-Grand, en donde reveló sus dotes como políglota. Fracasó en su intento de ingresar en la Escuela Normal Superior, pero en 1888 obtuvo la licenciatura de letras.

En 1884, descubrió a Robert Louis Stevenson (La isla del tesoro), que será uno de sus modelos y a quien traducirá. Fue también un apasionado del argot, en especial del lenguaje de los coquillards medievales, utilizado por Villon en sus baladas en jerga. Schwob publicó unas series de textos breves, a mitad de camino entre el relato y los poemas en prosa, en los que crea procedimientos literarios que tendrán influencia en autores posteriores. Así, el Libro de Monelle (1894) es precursor de Los alimentos terrestres, de André Gide, y La cruzada de los niños (1896) prefigura Mientras agonizo, de William Faulkner, lo mismo que Las puertas del paraíso de Jerzy Andrzejewski. Igualmente, Jorge Luis Borges escribió que Vidas imaginarias (1896) fue el punto de partida de su narrativa al tomarlo como modelo para su Historia universal de la infamia.

En 1900, se casó con la actriz Marguerite Moreno, a la que había conocido en 1895. De salud muy delicada, Schwob emprenderá viaje a Jersey y a Samoa, y escribirá un relato del accidentado viaje a la isla polinesia, en donde Stevenson acababa de morir. Falleció a causa de una gripe poco después de regresar a Francia, a la edad de 37 años. Fue inhumado en el Cementerio de Montparnasse[1].

 

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Marcel_Schwob

Lucrecio y el amor

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Y he aquí por qué, al regresar a la alta mansión sombría de sus antepasados, se acercó a la hermosa africana, ocupada en cocer un brebaje sobre un bracero de bronce. Pues también ella había reflexionado en sus adentros, y sus pensamientos se habían remontado a la fuente misteriosa de la sonrisa. Lucrecio contempló maquinalmente el berbaje, todavía hirviente en el cuenco de metal. El líquido se fue aquietando poco a poco, y pronto su superficie fue semejante a un cielo turbio y verde. Y la hermosa africana sacudió su frente, haciendo revolar en torno a sus cabellos negros , y levantó en el aire un dedo. Lucrecio, entonces, bebió el filtro. E, inmediatamente, su razón se anegó, y todas las palabras griegas del rollo de papiro se borraron de su memoria. Y, por vez primera, estando loco, conoció el amor; y aquella misma noche, habiendo sido envenenado, conoció la muerte,

Marcel Schwob, en VIDAS IMAGINARIAS
No. 4, Agosto -1964
Tomo I – Año I
Pág. 24

Los niños y el tren

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Atrás de las jaulas se levanta la estación del ferrocarril. Un buen número de niños sube a él, a veces acompañados por sus padres. Suben con regocijo, y cuando el tren comienza su marcha se sobresaltan y luego miran con júbilo la maleza, los bosques, el lago artificial. Lo único singular en este tren es que nunca regresa, y cuando lo hace, los niños que una vez subieron a él son ahora hombres que, como tales, están llenos de miedo y de resentimiento.

José Emilio Pacheco, en EL VIENTO DISTANTE
No. 3, Julio -1964
Tomo I – Año I
Pág. 98

Sin alas

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Un árabe encontró al Profeta y le dijo:

¡Oh, apóstol de Dios! Me gustan los caballos. ¿Hay caballos en el Paraíso?

El profeta respondió:

Si vas al Paraíso, tendrás un caballo con alas, y lo montarás e irás donde quieras.

El árabe replicó:

Los caballos que me gustan no tienen alas.

Thomas Patrick Hughes, A DICTIONARY OF ISLAM
No. 3, Julio -1964
Tomo I – Año I
Pág. 85

José Ortega y Gasset

José Ortega y Gasset

José Ortega y Gasset

 

Ortega nace el 9 de mayo de 1883 en el seno de una familia de la alta burguesía ilustrada madrileña. Cursa estudios en el Colegio de Miraflores de El Palo (Málaga), Universidad de Deusto, y Universidad Central de Madrid. Pero fueron determinantes para su formación los tres viajes a Alemania en 1905, 1907 y 1911, donde estudian el idealismo que será la base de su primer proyecto de regeneración ética y social de España. En 1908 es nombrado catedrático de Psicología, Lógica y Ética de la Escuela Superior de Magisterio de Madrid, y en 1910 catedrático de Metafísica de la Universidad Central de Madrid.

Especialmente decisivo es el año de 1914, año de la Gran Guerra, que ve como una quiebra de los ideales ilustrados.

En sus escritos de Vieja y Nueva Política, Meditaciones del Quijote y Ensayo de Estética a manera de prólogo expone su programa de una modernidad latina alternativa. En 1916 emprende su primer viaje a la Argentina, de gran importancia en su trayectoria profesional, y para las relaciones culturales con Iberoamérica. En 1921 publica en forma de libro su diagnóstico de la situación de España en el expresivo título de España invertebrada. Y en 1923 ofrece el análisis de su época como El tema de nuestro tiempo, consistente en la necesidad de superar el idealismo y volver a la vida, núcleo de su teoría de la razón vital. Esta es fruto de la nueva sensibilidad que advierte en el siglo XX, ejemplificada en el arte nuevo como La deshumanización del arte (1925). Su ruptura con la Dictadura de Primo de Rivera tiene lugar en 1929 con ocasión de su famoso curso ¿Qué es filosofía?. En 1930 publica La rebelión de las masas que tiene una gran repercusión internacional. Promotor de la Asociación al Servicio de la República, no se adscribe a ningún partido, y tiene que exilarse en 1936, pasando de París a la Argentina (1939-1942), para recalar finalmente en Lisboa. Aquí prepara buena parte de lo que queda. como obra póstuma : el Velázquez, Sobre la razón histórica, el Leibniz, El Hombre y la Gente, Epílogo… Regresa ocasionalmente a España, por la cercanía de su familia y para promover iniciativas con el Instituto de Humanidades, con un “apeadero” en Madrid, donde muere el 18 de octubre de 1955[1].

 

[1] http://www.ortegaygasset.edu/fog/ver/2/jose-ortega-y-gasset

El gran Brahamán

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Los discípulos preguntaron una vez al sabio maestro de la India cual era el gran brahmán, es decir, la mayor sabiduría. El maestro no respondió. Creyendo los discípulos que estaba distraído, reiteraron la pregunta. Pero el maestro calló también. Otra vez insistieron los discípulos, sin obtener mejor respuesta. Cuando se hubieron cansado de preguntar, el maestro abrió la boca y dijo:

¿Por qué habéis repetido tantas veces vuestra pregunta, si a la primera os respondí? Sabed que la mayor sabiduría es el silencio.

Contado por José Ortega y Gasset
No. 3, Julio -1964
Tomo I – Año I
Pág. 84