Un fuego especial

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Los hombres tienen noticias, por los libros de los sabios y por las canciones de los poetas, de aquel río de fuego cuyos ardientes meandros rodean varias veces las ciénagas de la Estigia. Que todo ello está reservado para los suplicios eternos es cosa sabida por las indicaciones de los demonios y por los oráculos de los poetas. He ahí por qué el mismo Júpiter jura con respeto por las riberas ígneas y por el abismo sombrío; sabe de antemano qué castigo ha sido reservado a él y a sus adeptos y tiembla de horror. Estos tormentos no tendrán ni medida ni término. Ahí un fuego inteligente, quema los miembros y los restaura, los desgarra y los alimenta. De igual manera que el fuego del rayo toca los cuerpos sin destruirlos y que los fuegos del Etna, del Vesubio y otros semejantes arden por siempre sin agotarse, así ese fuego vengador no se mantiene en desdoro de lo que roe, sino que devora los cuerpos y se alimenta sin consumirlos.

Minucio Félix, Octavius (Siglo II)
No. 17, Octubre 1966
Tomo III – Año III
Pág. 411

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