Historia de los dos reyes y los laberintos

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Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían, esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró el socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja alguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía un laberinto mejor y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó a sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribó sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y le dijo: “¡Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que te veden el paso”.

Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con Aquel que no muere.

De The land of Midian Revisited (1879) de R. F. Burton
No. 25, Agosto 1967
Tomo IV – Año IV
Pág. 655

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William Saroyan

William Saroyan

William Saroyan

(Fresno, California, 31 de agosto de 1908 – íd., 18 de mayo de 1981)

Fue un escritor armenio-estadounidense que escribió numerosas obras y cuentos cuyos temas giraban en torno a los primeros años de vida de un hijo de inmigrantes pobres armenios, retratando el universo provinciano del oeste de los Estados Unidos. Sus historias fueron muy populares durante los años de la Gran Depresión.

William Saroyan nació en Fresno, California, en los Estados Unidos de América, hijo de un inmigrante armenio, propietario de un viñedo y educado como ministro presbiteriano. Su padre, tras haber emigrado a Nueva Jersey para trabajar en el campo, muere en 1911 a causa de una peritonitis, por lo cual William y sus hermanos pasaron a un orfanato en Alameda. Seis años más tarde la familia se reunió con la madre en Fresno. En 1921, William asiste la escuela técnica para aprender mecanografía y a los quince años abandona los estudios. Tras ver algunos escritos de su padre que su madre le muestra, William decide convertirse en escritor. Logra continuar los estudios con sus propios recursos, obtenidos penosamente de diversos empleos ocasionales y del más estable que tuvo en la Compañía de Telégrafos de San Francisco, donde trabajó como administrador. Algunos de sus primeros artículos fueron publicados en The Overland Monthly y sus primeros cuentos aparecieron en la década de 1930, entre ellos “La rueda descompuesta” (The Broken Wheel), escrito bajo el seudónimo de Sirak Goryan y publicado en el periódico armenio Hairenik, en 1933. En febrero de 1934 empezó su meteórica carrera literaria al vender el relato “El atrevido joven del trapecio volante” a la revista Story. Convertido de la noche a la mañana en uno de los escritores más populares de América, probó suerte en el teatro en 1939 y al año siguiente ganó el Premio Pulitzer, que rechazó por principios. Su primera novela larga, La comedia humana, fue adaptada al cine, lo que le reportó sesenta mil dólares de la época, que repartió generosamente entre amigos y parientes.

Muchas de sus historias se fundaban en experiencias de la infancia entre los agricultores armenio-americanos del Valle de San Joaquín, o trataban el tema del desarraigo del inmigrante y el más general de la condición humana, siempre desde un punto de vista muy cervantino. El libro Me llamo Aram (1940), colección de historias acerca del pequeño Aram Garoghlanian y su familia inmigrante, compuesto de pintorescos personajes, lo consagra como un gran maestro de la narrativa norteamericana contemporánea y un escritor con una sensibilidad poco común para revelar la sustancia íntima de que está formada la vida corriente de todo ser humano[1].

 

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/William_Saroyan

Yolanda Sassoon

Yolanda Sassoon

 

Yolanda Sasson

En mi infancia, necesité llenar mis tardes con algo que por razones diversas no pudo ser el juego. Entonces, uno a uno, llegaron a mí los cuentos de hadas, todos de manos de mi padre. Pero no eran eso nada más. La peculiaridad era que los seres maravillosos encerrados en sus páginas eran chinos, rusos, ingleses, turcos, alemanes, escandinavos, japoneses…

 Me asomé a la diversidad de relatos de ese universo mágico, cada uno con sus respectivos duendes, fantasmas, hadas, ogros, dragones y brujas. Hoy, viven dentro de mí y quiero recordarlos con su aroma de bosque, con la misma intensidad que los imaginé cuando era niña. Por eso escribo[1].

 

[1]Semblanza cortesía de Yolanda Sassson recibida por e-mail.

Common prayer (liturgia de la Iglesia Anglicana)

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Las llanuras, Señor, todo el silencio del ánimo, los corredores perdidos, las columnas, los lugares por donde hemos caminado, las caras que hemos contemplado, y el canto de los niños. Pero por sobre todo los jeroglíficos, la santidad, la imagen de piedra, la línea sencilla, nuestro lenguaje, la curva articulada, la hoja, por ejemplo, el sueño y la sonrisa, la caída de la mano, el toque de miembros, el amor a los universos, ningún temor a la muerte y algún ansia. Sí, y la luz, nuestro sol, Señor, y el sol de los hombres desconocidos, las mañanas perdidas en tiempos de gigantes y pigmeos en todas partes, un hombre llamado Bach, otro conocido por Cezanne y otros anónimos, las multitudes se funden en una masa anónima, nuestro rostro, la mañana de ignorados tumultos, nuestra forma, la estatura, los hombres que caminan en la luz en varios sitios, Asia para empezar, Europa, África y, a través del mar fluido y generoso, el Atlántico, rumbo al oeste y hacia este lugar, América, y la marcha de los soldados de marina, y los gastos del pálido Wilson, libertad para lituania, ¡salud, Polonia! Y los condados de Texas, (o distritos) dulces melones y pobreza, nuestro agradecimiento, Señor. Y en cuanto a números, de manera que pueda quedar registrado nuestro dolor, uno para la pena, dos para el dolor, tres para la locura y mil, diez mil, y toda una eternidad, años alegres, la barba de Darwin, digamos, asumamos realidades numéricas, la riqueza de Ford, la de Mellon, la popbreza de —pensemos en un digno nombre—Pound, o digamos del joven desconocido y anónimo de Clay Country, Iowa, sentado solo, escribiendo relatos para Dios y el “Saturday Evening Post:” esa es la idea, el anonimato del horror, la soledad, esperando la fama y una breve nota, tú, el nombre, hijo mío, eres famoso, un cuento en el “Post”, muchas gracias, Señor.

William Saroyan
No. 25, Agosto 1967
Tomo IV – Año IV
Pág. 636

De cueros: Cuento LXXXI

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Era un caballero a quien no sabía mal el vino, y estando en conversación con otros, después de haber comido, parecióle a él que fue afrentado de otro caballero, y por esto le desafió que se mataría con él con las armas que quisiese, respondió su contrario que él aceptaba el desafío con tal que no fuese en cueros.

Juan de Timoneda
No. 25, Agosto 1967
Tomo IV – Año IV
Pág. 635

De cueros: Cuento LXXIX

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Una cortesana, siendo poco su caudal, y habiendo empleado todo su ajuar en guadameciles para un pequeño aposento que tenía, vino un galán a visitarla, y ella le dijo:

—¿Qué le parece, señor, mi pobre posada?

—Paréceme que es como el lechón, que lo mejor que tiene son los cueros. —respondió.

Juan de Timoneda
No. 25, Agosto 1967
Tomo IV – Año IV
Pág. 635

Pesador de almas

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Entre los Sakai, se cree que el alma abandona el cuerpo por la parte posterior de la cabeza y se dirige hacia Occidente. El muerto trata de entrar en el Cielo por la misma puerta que utilizan las almas de los Malayos, pero, como no lo consigue, pasa por el puente Menteg, tendido sobre una caldera de agua hirviendo. El puente es en realidad el tronco de un árbol sin corteza. Las almas de los malvados caen en la caldera. Yemang se apodera de ellos, los abrasa hasta dejarlos convertidos en cenizas; entonces los pesa: si las almas son livianas, las envía al Cielo, de no ser así, continúa quemándolas para purificarlas por el fuego.

Mircea Eliade
No. 25, Agosto 1967
Tomo IV – Año IV
Pág. 631