Boeli Van Leeuwen

Boeli van Leeuwen

Boeli van Leeuwen

Hijo de Pieter Hendrik van Leeuwen, master distrito Curacao, Bonaire entonces Gobernador y posteriormente Gobernador de las Islas de Barlovento.

Van Leeuwen estudió derecho en la Universidad de Leiden y su doctorado en la Universidad de Amsterdam. En Curazao, ocupó diversos cargos públicos entre ellos el de secretario ejecutivo de las Indias Occidentales. Después de su retiro, trabajó como defensor público en el Scharloo municipio.

Como escritor, debutó en 1959 con la novela La roca de tropiezo en 1961. Dentro de este trabajo de vida juega un papel importante en Curazao. Es a menudo vinculada a importantes temas bíblicos acerca de la culpabilidad, la sexualidad y la responsabilidad. Las paradojas entre el medio ambiente individual y social se expresan así.

En 2007, Van Leeuwen recibió en su cumpleaños número 85 el ‘dinero oeuvre’ de la Fundación Holandesa de Literatura, que fue entregado formalmente al palacio del Gobernador de las Antillas Neerlandesas, Curazao[1].

 

[1] http://nl.wikipedia.org/wiki/Boeli_van_Leeuwen

Como un bacilo

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Sus estudios fracasaron muy pronto: la primera vez que tuvo que analizar un muslo contraído, recién pescado de la solución de formol, se salió de la clase y no volvió a poner nunca más un pie en la sala de anatomía. Me contó después, que al ver aquel pedazo gris y arrugado de cuerpo humano, se dio cuenta por primera vez de su propia mortalidad: la idea de lo ineludible de la muerte se le plantó en aquel instante, como un bacilo, en la conciencia.

Boeli Van Leeuwe, en La piedra del tropiezo
No. 7, Noviembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 88

Esto es amor

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—¿Por qué me haces sufrir?

—Porque te amo.

Le tocaba a él el turno de enojarse.

—¡No, no me amas! Aquel que ama, quiere la felicidad y no el dolor.

—Quien ama quiere solamente el amor, aún a costa del dolor.

—Entonces me haces sufrir de propósito.

—Sí, para ver si me amas.

Italo Calvino, en El barón rampante.
No. 7, Noviembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 87

Reencuentro

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Las dos amigas se habían separado hacía muchos años, y en un andén cualquiera se habían vuelto a encontrar.

La una, Cristina, había tenido dolores y estaba satisfecha de sus alegrías. La otra, Lisa, que había sido siempre la cortasueños de las trenzas ilusionadas de Cristina, había tenido una vida neutra.

—Y tú, ¿qué haces ahora? —preguntó Cristina a Lisa.

—Yo —respondió Lisa —busco las lágrimas que no he llorado.

Ramón Gómez de la Serna, en Caprichos
No. 7, Noviembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 78

Infalibilidad mutua

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Steele, un protestante, dice en una dedicatoria al papa, que la única diferencia entre nuestras iglesias en cuanto a la certeza de sus doctrinas es que la iglesia de Roma es infalible y la iglesia de Inglaterra nunca se equivoca.

Benjamín Franklin
No. 7, Noviembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 73

Benjamin Franklin
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 42

El busto

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Debíamos imaginarlo, eso es todo. Resolver este problema exige algún conocimiento de las propiedades del mármol. He aquí el procedimiento del busto romano.
Esperaba la noche cerrada. Entonces, desplegando el lazo, cuya sinuosidad —sin olvidar las órbitas, los arcos ciliares, las fosas nasales, las orejas, los labios— componían sus innumerables perfiles, desplegando, repito, con método, más extensa que un río, más sólida que el acero, más flexible que la seda, esa cosa viviente, apta para cruzar una reja, para penetrar las murallas, para deslizarse bajo las puertas y por los agujeros de las cerraduras, atento —sin perder de vista so obra—, atento en recordar los más ínfimos nudos que deshacía y que a la vuelta, bajo pena de muerte, tenía que rehacer exactamente, el busto ingenioso y cruel, después de haber atravesado varios inmuebles nocturnos, estranguló al hombre dormido.

Jean Cocteau, en Opera
No. 7, Noviembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 62