El busto

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Debíamos imaginarlo, eso es todo. Resolver este problema exige algún conocimiento de las propiedades del mármol. He aquí el procedimiento del busto romano.
Esperaba la noche cerrada. Entonces, desplegando el lazo, cuya sinuosidad —sin olvidar las órbitas, los arcos ciliares, las fosas nasales, las orejas, los labios— componían sus innumerables perfiles, desplegando, repito, con método, más extensa que un río, más sólida que el acero, más flexible que la seda, esa cosa viviente, apta para cruzar una reja, para penetrar las murallas, para deslizarse bajo las puertas y por los agujeros de las cerraduras, atento —sin perder de vista so obra—, atento en recordar los más ínfimos nudos que deshacía y que a la vuelta, bajo pena de muerte, tenía que rehacer exactamente, el busto ingenioso y cruel, después de haber atravesado varios inmuebles nocturnos, estranguló al hombre dormido.

Jean Cocteau, en Opera
No. 7, Noviembre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 62

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