A La Gioconda

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Con los ojos y el gesto de un alucinado así se dirigió entonces a Mona Lisa:

—Quiero que seas mía, tan mía como lo fuiste de Francisco del Giocondo. Deseo palpar la seda de tus luctuosos cabellos, ansío verme en las lagunas encantadas de tus ojos; codicio poseer tu boca alucinante; anhelo desfallecer acariciando por tus manos principescas. Si te tienta el lujo yo te daré estolas de zorros plateados; collares de perlas de Ceilán; esmeraldas de Colombia, zafiros de Cachemira; rubíes de Burma; diamantes del Brasil, jades de Kwen Lung; turquesas de Visapur; ópalos de México y alejandritas de Ekateriemburgo; carruajes tirados por cabellos ingleses; automóviles como salones ambulantes; lebreles rusos de hocico aguzado; perros japoneses de pelo de seda y falderos de Chihuahua que escondas tu manguito de chinchilla; hoteles de salones ajuareados con muebles de París y tapizados con alfombras de Persia; yates adornados como palacios y un libro de cheques para realizar todos tus caprichos.

Efrén Rebolledo
No. 33, Noviembre – 1968
Tomo III – Año II
Pág. 61

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