El hijo Andrómedo

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Supongamos que Andrómeda es una galaxia decente, compuesta de anticuada materia, y que pasé en ella diez años explorando de un lado a otro, y que luego dé la vuelta y regrese a casa. Se imaginarán que por mi hazaña me acogería un estruendoso recibimiento en Nueva York. Nada de eso. Yo tendría unos cincuenta años más, pero en la Tierra habría envejecido en más de cuatro millones. Todos mis amigos habrían muerto; que nadie hablaría mi idioma, ni inglés ni húngaro; los científicos tendrían que descifrar lentamente mis notas. Viviría una nueva raza que nosotros podríamos considerar como una extraña y horrible especie nueva, pero que sería en realidad muy superior y mucho mejor que la nuestra, y lo que harían conmigo, ejemplar de una antigua, fabulosa, irrazonable y extinguida raza, es evidente: me encerrarían en un parque zoológico.

Edward Teller
No. 6, Octubre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 49

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James Boswell

James Boswell

James Boswell, noveno Laird Auchinleck

(Edimburgo, 29 de octubre de 1740 – Londres, 19 de mayo de 1795)

Fue un abogado, y escritor escocés, hijo de Lord Auchinleck (leáse lord Affleck), juez del tribunal supremo de Escocia, estudió derecho primero en las universidades de Edimburgo (1753-1758) y Glasgow (1758-1762), donde fue alumno de Adam Smith. Posteriormente, completaría su formación en Utrecht. Antes de partir para dicha ciudad, conoció el 16 de mayo de 1763 a Samuel Johnson en Londres, figura a la que profesaba una gran admiración y con la que le uniría, posteriormente, una gran amistad. Tras graduarse en Utrecht, realizó numerosos viajes por Europa, en los que se relacionó además con personajes relevantes de su tiempo, tales como Rousseau, Voltaire, el general Pasquale Paoli, David Hume,… Fruto de esos viajes, animado por Samuel Johnson, esbozaría varios libros de viajes como Boswell in Holland, Boswell on the Grand Tour: Germany and Switzerland (1763-1764) que no se publicaron hasta el siglo XX, y escribiría y publicaría An Account of Corsica (1768), del que se sentía muy orgulloso por sus tendencias pro-corsas y su amistad con Paoli.

Tras esta etapa, residió un tiempo en Londres antes de volver a Edimburgo, donde se casó en 1769, y donde comenzó a ejercer la abogacía, sin gran éxito. Su vida fue especialmente licenciosa, frívola y disoluta: solía salir de casa, y tras pasar semanas enteras entre prostíbulos y tabernas, volver a ella con alguna infección venérea. En ese tiempo, solía realizar un viaje anual a Londres en primavera, donde pasaba la Pascua con Johnson, quien siempre le ofrecía sus consejos. En 1773, invitó a Samuel Johnson a Escocia, y con él realizaría un memorable viaje por las Hébridas que relataría en A Journal of a Tour to the Hebrides (1785). Durante este tiempo comenzaría a frecuentar los círculos de Lord Monboddo y Lord Kames en Edimburgo, donde se codearía además con el poeta Robert Burns, John Home, Adam Smith,… Además, por su amistad con Samuel Johnson se hizo miembro de The Club, club de caballeros londinense compuesto por la flor y nata de los círculos intelectuales británicos, contándose entre sus miembros, entre otros, el propio Samuel Johnson, el pintor sir Joshua Reynolds, el gran historiador Edward Gibbon, el escritor Thomas Sheridan y su hijo, el escritor y dramaturgo Oliver Goldsmith, el famoso actor David Garrick, el político Edmund Burke, el naturalista sir Joseph Banks,…

Durante este tiempo llevaría un diario detallado de todos sus encuentros con Johnson y otras personalidades de la época. Por ejemplo, estuvo en el lecho de muerte de David Hume, al que Boswell le preguntó si no prefería enmendarse y creer en una vida después de la muerte para poder encontrarse con sus amigos, a lo que Hume contestó que ninguno de sus amigos había creído en la vida después de la muerte, por lo que no esperaba encontrarlos;… Conversaciones como esta las recogía en sus diarios y su correspondencia, que son una valiosa fuente de anécdotas y de datos sobre la vida durante el siglo XVIII.

Sin embargo, su opus magnum es la biografía de Johnson, La vida de Samuel Johnson (1791), en la que, a partir de las notas que él mismo tomaba de sus conversaciones con Johnson, y de la correspondencia y anécdotas que otros le proporcionaron, realiza un soberbio retrato del doctor Johnson, de su tiempo, obra y opiniones, amén de reclamar el valor de la amistad. Esta obra está considerada como la mejor biografía en lengua inglesa, y ha sido tomada como un referente biográfico moderno —el mundo anglosajón incluso afirma que Boswell creó la biografía moderna.

Tras la muerte de Johnson en 1784, Boswell se mudó a Londres, donde probó suerte en los tribunales londinenses, de nuevo con poco éxito. Por entonces, afectado por alguna enfermedad venérea y el alcoholismo, su salud se vio resentida. Su propia fama y posición social se fueron volviendo más y más precarias conforme su círculo de amistades iba falleciendo y, debilitado y apartado de la mayor parte de los círculos intelectuales del momento, dedicó sus últimos años a escribir su La vida de Samuel Johnson como vehículo para reivindicar a su amigo. La propia publicación de la biografía en 1791 le acarreó numerosos problemas, al publicar en ella detalles, anécdotas y correspondencia entre Johnson y muchas personalidades todavía vivas que, pese a haberle proporcionado la información, consideraron que Boswell había violado su confianza y su intimidad al publicar sin ningún pudor los detalles y los nombres de los involucrados.

Finalmente, falleció en 1795, mientras preparaba la cuarta edición de La vida de Samuel Johnson, que fue completada, aportando numerosas notas, por el erudito shakesperiano Edmond Malone, también amigo de Samuel Johnson y del propio Boswell.

Su fama póstuma fue, curiosamente, la de un idiota y un pervertido: los intelectuales del s.XIX consideraban que la magnífica biografía del Dr.Johnson era fruto de la feliz labor de un idiota; su familia, abochornada por su fama de libertino, utilizaría su retrato para lanzar, literalmente, dardos contra él. La leyenda dice que parte de su correspondencia fue descubierta (y rescatada) en Calais de entre las hojas que un pescadero usaba para envolver el pescado (anécdota parecida a la de Bach y el carnicero de Mendelssohn), y la mayoría de su correspondencia, diarios y notas serían ocultadas por vergüenza hasta que fueron redescubiertas en 1920 en el castillo de Malahide, al norte de Dublín, donde se habían afincado, por matrimonio con los Talbot, algunos de sus descendientes. Desde entonces, su figura vivió una gran revalorización, con la publicación de biografías, ensayos y estudios críticas que lo elevaron a una figura prominente del panorama intelectual dieciochesco. Desde luego, Boswell se codeó con las principales luminarias de la época (y en sus cartas y notas aporta valioso material sobre ellos), y escribió una de las obras cumbre del género biográfico, contribuyendo sobremanera a la fama póstuma del Dr. Johnson, y a que otros muchos intelectuales de la época no hayan caído en el olvido.

Fue Boswell el primer autor que utilizó el adjetivo “romántico”. En su obra de 1768 “An Account of Corsica” el término aparece cuatro veces: para calificar la vista de la ciudad de Corti desde el monasterio de los Franciscanos, para describir un agreste valle en el que se asentó la orden de la Iglesia griega de San Basilio, al nombrar el sonido de un instrumento de cuerda parecido a la cítara y en la mención al retiro de Rousseau en Ginebra[1].

 

[1]http://es.wikipedia.org/wiki/James_Boswell

Filiación de los bienaventurados

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Después de un altercado sobre política, el doctor Johnson, que era conservador, y el padre de Boswell, que era liberal, se despidieron amistosamente. Ahora están en otro, y más alto, modo de existencia: y, como los dos fueron meritorios cristianos, confío que se hayan encontrado en la felicidad. Debo, sin embargo, observar, de acuerdo a los principios políticos de mi amigo, y a los míos propios, que se han encontrado en un sitio donde no entran liberales.

James Boswell, Journal of a tour to the Herbides (1785)
No. 6, Octubre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 44

Pierre Versins

Pierre Versins

Pierre Versins

(12 enero, 1923 – 18 abril, 2001)

 

Su nombre real Jacques Chamson. Fue un enciclopedista que dedicó su vida a escribir y a estudiar algo que él mismo bautizó como las “conjeturas romanescas racionales”. Así lo hizo con una importante colección de trabajos de Ciencia Ficción y finalmente escribió su Enciclopedia de la Utopía.

Pierre versins poseyó  una gran colección de libros relacionados con la ciencia ficción. En particular, contiene una colección de más de mil libros antiguos sobre todo de algunos de los precursores del género. También contiene una colección clásica de más de dos mil libros publicados entre 1900 y 1950 y, por último, una colección moderna compuesta de todas las ediciones especializadas, pequeña prensa y revista francesa dedicada a la ciencia ficción. Estas colecciones se completan con una cantidad importante de Inglés, alemán y libros italianos y por cientos de literatura secundaria.

Fuera de los libros, la colección también incluye doce mil libros de cómics (novelas gráficas, revistas, cómics y obras de arte originales), una cantidad importante de carteles de cine, de los fotomontajes y cientos de juguetes, modernos o antiguos[1].

Hacia 1976 Pierre Versins donó sus cosas a la ciudad de Yverdon-Brains y se creó entonces la Maison d’Ailleurs. Para esa época no soñaba con ser un museo y apenas funcionaba en un piso de tres salas, pero en los años 90’s, la municipalidad decidió instalar la colección, en el edificio de la vieja prisión, un edificio  de l806, el museo abrió sus puertas en su nueva instalación en 1991.

 

 

[1] http://www.ailleurs.ch/en/collections/fonds-pierre-versins/

Lluvia de mujeres

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Las primeras llegaron al comenzar el mes de mayo. Eran tan bellas que hicieron soñar a los hombres a lo largo de los días y a lo largo de las noches.

Poco se tardó en saber que no eran nada hurañas, y los hombres se transfirieron la nueva. Hacían el amor con tal refinamiento, que dejaban muy atrás el ardor de sus rivales terrestres. El número ya grande de solteras aumentó.

Y seguían cayendo del cielo, más deseables que nunca, eclipsando a la mujer más maravillosa. Sólo el amor contaba para los hombres, y ellas no envejecían.

Mucho tiempo pasó antes que se dieran cuenta de que eran estériles.

Así que, cuando medio siglo más tarde sus robustos amantes llegaron de Venus, sólo quedaban en la Tierra hombres decrépitos y mujeres ancianas.

Tuvieron con ellos muchos cuidados y los trataron sin brutalidad.

Pierre Versins
No. 6, Octubre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 39

Se daba su lugar

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Andrea, la sirvienta, está preocupada.
—En el Socorro —explicó— el padre nos dijo que hay otra vida. Si uno supiera, señora, que le va a tocar una casa buena, como ésta, en que la tratan a una con consideración, no me importaría; pero francamente, trabajar allá con desconocidos, con déspotas que abusan del pobre…

Rita Acevedo de Zaldumbide, en Minucias porteñas del otro siglo (1907)
No. 6, Octubre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 29