Fantasías mexicanas

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Por el angosto Callejón de la Condesa dos carrozas se han encontrado. Ninguna retrocede para que pase la otra.

—¡Paso al noble señor don Juan de Padilla y Guzmán, marqués de Santa Fe de Guardiola, oidor de la Real Audiencia de México!

—¡Paso a don Agustín de Echeverz y Subiza, marqués de la Villa de San Miguel de Aguayo, cuyos antepasados guerrearon por su majestad Cesárea, en Hungría, Transilvania y Perpiñán!

—¡Por bisabuelo me lo hube a don Manuel Ponce de León, el que sacó de la leonera el guante de doña Ana!

—¡Mi tatarabuelo, Garcilazo de la Vega, rescató el Ave María del moro que la llevaba atada a la cola de su bridón.

Tres días con sus noches se suceden, y aún están allí los linajudos próceres, sin que ninguno ceda el paso al otro. Al cabo de esos tres días —y para que no sufriera mancilla ninguno de los dos linajes—, mandó el virrey que retrocedieran las carrozas al mismo tiempo, y la una volvióse hacia San Andrés, y la otra fuese por la calle del Puente de San Francisco.

Julio Torri en Ensayos y poemas (1917)
No. 6, Octubre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 56

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