Odiseo en el Hades

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Vi asimismo a Tántalo, el cual padecía crueles tormentos, de pie en un lago cuya agua le llegaba a la barba. Tenía sed y no conseguía tomar el agua y beber: cuantas veces se bajaba el anciano con intención de beber, otras tantas desaparecía el agua, absorbida por la tierra; la cual se mostraba negruzca en torno a sus pies y un dios la secaba. Encima de él colgaban las frutas de altos árboles —perales, manzanos de espléndidas pomas, higueras y verdes olivos—; y cuando el viejo levantaba los brazos para cogerlas, el viento se las llevaba a las sombrías nubes.

Homero, en La odisea
No. 6, Octubre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 69

Homero, en la Odisea
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 78

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