La mujer regalada

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Atacaban Constantinopla los ingleses y fracasaron en su empeño gracias a los consejos del general Sabastiani. Agradecido, el sultán Salim le dijo:

—Pídeme cuanto quieras y te lo concederé.

—Ruego a su alteza que me deje ver el harén.

—Está bien, lo verás.

Luego de haberlo visitado, le preguntó el sultán.

—¿Te agradó alguna de las mujeres que viste?

—Sí —respondió el general y señaló a una de ellas.

—Está bien —dijo nuevamente el sultán.

Y en la noche, el general Sebastiani recibió en un plato maravillosamente cincelado la cabeza de la mujer que lo cautivara, con este mensaje.

“En mi calidad de musulmán, no podía ofrecerte a ti, cristiano, una mujer de mi religión. Pero puedes estar seguro de que ésta, en la que demoraste tus miradas, ya no pertenecerá a nadie en la tierra”.

Julio y Edmundo Gouncourt, en DIARIO
No. 3, Julio -1964
Tomo I – Año I
Pág. 29

Julio y Edmundo de Gouncourt
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 117

Día franco

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En aquellos confines del Paraíso el viajero vio un árbol cargado de pájaros blancos, que tenían no sé qué de melancólicos.

—¿Quiénes son esos pájaros? —preguntó.

—Son las almas de los réprobos —le contestaron—. Los domingos tienen permiso para salir del Infierno.

Carmelo Soldano, INFORME SOBRE LOS FERIADOS
No. 3, Julio -1964
Tomo I – Año I
Pág. 28

Carmelo Soldano
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 69

Acto de fe

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Chu Fu Tze, negador de milagros, había muerto; lo velaba su yerno. Al amanecer, el ataúd se elevó y se quedó suspendido en el aire, a dos cuartas del suelo. El piadoso yerno se horrorizó.

—Oh, venerado suegro —suplicó—, no destruyas mi fe de que son imposibles los milagros.

El ataúd, entonces, descendió lentamente, y el yerno recuperó la fe.

Giles, en CONFUNCIANISM AND ITS RIVALS (1915)
No. 3, Julio -1964
Tomo I – Año I
Pág. 26

Giles
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 68

Repudio a la reina Vasti

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10. Y el séptimo día, estando el rey más alegre de lo acostumbrado, y por el demasiado beber recalentado del vino, mandó a Maumán, y Bazata, y Harbona, y Bagata, y Abgata, y César, y Carcas, siete eunucos que estaban de servicio alrededor de él.
11. que condujesen a su presencia a la reina Vasti, con la corona puesta en la cabeza, para hacer ver su hermosura a todo el pueblo y señores, pues era de extremada belleza.
12. La cual lo rehusó, y por más que los eunucos le hicieron presente la orden del rey, no quiso comparecer. Por lo indignado el rey, y ardiendo todo en saña,
13. consultó a los sabios que, según el estilo de los reyes, tenía siempre a su lado, y por cuyo consejo lo hacía todo, pues estaban instruidos en las leyes y costumbres de sus mayores.
15. Preguntóles pues, el rey, qué pena merecía la reina Vastí por no haber querido obedecer la orden que le había enviado el rey por medio de los eunucos.
16. A lo que respondió Mamucán, en presencia del rey y de los grandes: “La reina Vasti no sólo ha ofendido al rey, sino también a todos los pueblos y señores de todas las provincias del rey Asuero.
17. “Porque la repulsa de la reina llegará a noticia de todas las mujeres; por lo tanto, harán éstas poco caso de sus maridos, diciendo: “El rey Asuero mandó venir a su presencia a la reina Vasti, y ella no quiso.”
18. “Con cuyo ejemplo todas las mujeres de los magnates persas y medos harán poco caso de los mandatos de sus maridos; y así, la indignación del rey es muy justa.
19. “Si te parece bien, promúlguese por ti un edicto… para que la reina Vasti no vuelva a aparecer jamás en la presencia del rey, y se dé su corona a otra más digna de ella.
20. “Y hágase saber esto por todas las provincias de tu vastísimo imperio, a fin de que todas las mujeres, así de los grandes como los pequeños, tributen, el amor debido a sus maridos.”

La Biblia, Libro de Esther
No. 6, Octubre 1964
Tomo I – Año I
Pág. 57