Un aurívoro

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No puedo resistir la tentación de citar este rasgo francés: un amigo mío, deseando adquirir una finca de un millón aproximadamente, en el centro de Francia, escribió a un notario de provincia. No tuvo contestación, cosa que le extrañó. Supo entonces de un modo indirecto que “el despacho del notario X no tomaba en consideración las cartas que no contuviesen un sello de vainticinco céntimos para la contestación”.

Paul Morand, en LOS SIETE PECADOS CAPITALES.
No. 3, Julio -1964
Tomo I – Año I
Pág. 56

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