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No. 4, Agosto -1964
Tomo I – Año I

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Los niños y el tren

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Atrás de las jaulas se levanta la estación del ferrocarril. Un buen número de niños sube a él, a veces acompañados por sus padres. Suben con regocijo, y cuando el tren comienza su marcha se sobresaltan y luego miran con júbilo la maleza, los bosques, el lago artificial. Lo único singular en este tren es que nunca regresa, y cuando lo hace, los niños que una vez subieron a él son ahora hombres que, como tales, están llenos de miedo y de resentimiento.

José Emilio Pacheco, en EL VIENTO DISTANTE
No. 3, Julio -1964
Tomo I – Año I
Pág. 98

Sin alas

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Un árabe encontró al Profeta y le dijo:

¡Oh, apóstol de Dios! Me gustan los caballos. ¿Hay caballos en el Paraíso?

El profeta respondió:

Si vas al Paraíso, tendrás un caballo con alas, y lo montarás e irás donde quieras.

El árabe replicó:

Los caballos que me gustan no tienen alas.

Thomas Patrick Hughes, A DICTIONARY OF ISLAM
No. 3, Julio -1964
Tomo I – Año I
Pág. 85

José Ortega y Gasset

José Ortega y Gasset

José Ortega y Gasset

 

Ortega nace el 9 de mayo de 1883 en el seno de una familia de la alta burguesía ilustrada madrileña. Cursa estudios en el Colegio de Miraflores de El Palo (Málaga), Universidad de Deusto, y Universidad Central de Madrid. Pero fueron determinantes para su formación los tres viajes a Alemania en 1905, 1907 y 1911, donde estudian el idealismo que será la base de su primer proyecto de regeneración ética y social de España. En 1908 es nombrado catedrático de Psicología, Lógica y Ética de la Escuela Superior de Magisterio de Madrid, y en 1910 catedrático de Metafísica de la Universidad Central de Madrid.

Especialmente decisivo es el año de 1914, año de la Gran Guerra, que ve como una quiebra de los ideales ilustrados.

En sus escritos de Vieja y Nueva Política, Meditaciones del Quijote y Ensayo de Estética a manera de prólogo expone su programa de una modernidad latina alternativa. En 1916 emprende su primer viaje a la Argentina, de gran importancia en su trayectoria profesional, y para las relaciones culturales con Iberoamérica. En 1921 publica en forma de libro su diagnóstico de la situación de España en el expresivo título de España invertebrada. Y en 1923 ofrece el análisis de su época como El tema de nuestro tiempo, consistente en la necesidad de superar el idealismo y volver a la vida, núcleo de su teoría de la razón vital. Esta es fruto de la nueva sensibilidad que advierte en el siglo XX, ejemplificada en el arte nuevo como La deshumanización del arte (1925). Su ruptura con la Dictadura de Primo de Rivera tiene lugar en 1929 con ocasión de su famoso curso ¿Qué es filosofía?. En 1930 publica La rebelión de las masas que tiene una gran repercusión internacional. Promotor de la Asociación al Servicio de la República, no se adscribe a ningún partido, y tiene que exilarse en 1936, pasando de París a la Argentina (1939-1942), para recalar finalmente en Lisboa. Aquí prepara buena parte de lo que queda. como obra póstuma : el Velázquez, Sobre la razón histórica, el Leibniz, El Hombre y la Gente, Epílogo… Regresa ocasionalmente a España, por la cercanía de su familia y para promover iniciativas con el Instituto de Humanidades, con un “apeadero” en Madrid, donde muere el 18 de octubre de 1955[1].

 

[1] http://www.ortegaygasset.edu/fog/ver/2/jose-ortega-y-gasset

El gran Brahamán

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Los discípulos preguntaron una vez al sabio maestro de la India cual era el gran brahmán, es decir, la mayor sabiduría. El maestro no respondió. Creyendo los discípulos que estaba distraído, reiteraron la pregunta. Pero el maestro calló también. Otra vez insistieron los discípulos, sin obtener mejor respuesta. Cuando se hubieron cansado de preguntar, el maestro abrió la boca y dijo:

¿Por qué habéis repetido tantas veces vuestra pregunta, si a la primera os respondí? Sabed que la mayor sabiduría es el silencio.

Contado por José Ortega y Gasset
No. 3, Julio -1964
Tomo I – Año I
Pág. 84

El ciervo escondido

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Un leñador de Cheng se encontró en el campo con un ciervo asustado y lo mató. Para evitar que otros lo descubrieran, lo enterró en el bosque y lo tapó con hojas y ramas. Poco después olvidó el sitio donde lo había ocultado y creyó que todo había ocurrido en un sueño. Lo contó, como si fuera un sueño, a toda la gente. Entre los oyentes hubo uno que fue a buscar el ciervo escondido y lo encontró. Lo llevó a su casa y dijo a su mujer:

Un leñador soñó que había matado un ciervo y olvidó donde lo había escondido, y ahora yo lo he encontrado. Ese hombre sí que es un soñador.

Tú habrás soñado que viste un leñador que había matado un ciervo ¿Realmente crees que hubo un leñador? Pero como aquí está el ciervo, tu sueño debe ser verdadero – dijo la mujer.

Aun suponiendo que encontré el ciervo por un sueño –contestó el marido-, ¿a qué preocuparse averiguando cuál de los dos soñó?

Aquella noche, el leñador volvió a su casa pensando todavía en el ciervo y realmente soñó, y en el sueño soñó el lugar donde había ocultado el ciervo y también soñó quien lo había encontrado. Al alba fue a casa del otro y encontró el ciervo. Ambos discutieron y fueron ante un juez, para que resolviera el asunto. El juez le dijo al leñador:

Realmente mataste un ciervo y creíste que era un sueño. Después soñaste realmente y creíste que era verdad. El otro encontró el ciervo y ahora te lo disputa, pero la mujer piensa que soñó que había encontrado un ciervo que otro había matado. Luego nadie mató al ciervo. Pero como aquí está el ciervo, lo mejor es que se lo repartan.

El caso llegó a oídos del rey de Cheng, y el rey de Cheng dijo:

¿Y ese juez no estará soñando que reparte un ciervo?

Liehtse (c. 300 a. C.)
No. 3, Julio -1964
Tomo I – Año I
Pág. 65