Catorce minutos

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William James (Some problems of philosophy, 1911, Pag. 182) niega que puedan transcurrir catorce minutes, porque antes es obligatorio que hayan pasado siete, y antes de siete, tres minutos y medio, y antes de tres minutos y medio, un minuto y tres cuartos, y así hasta el fin, hasta el invisible fin, por tenues laberintos de tiempo.

Jorge Luis Borges, en OTRAS INQUISICIONES
No. 4, Agosto -1964
Tomo I – Año I
Pág. 88

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Torre de la soberbia

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Ese cuento del agujero en el suelo, que baja quién sabe hasta dónde, siempre me ha fascinado. Ahora es una leyenda musulmana; pero no me asombraría que fuera anterior a Mahoma. Trata del sultán Aladino; no el de la lámpara, por supuesto, pero también relacionado con genios y con gigantes. Dicen que ordenó a los gigantes que le erigieran una especie de pagoda, que subiera y subiera hasta sobrepasar las estrellas. Algo como la torre de Babel. Pero los arquitectos de la Torre de babel eran gente doméstica y modesta, como ratones, comparada con Aladino. Sólo querían una torre que llegara al cielo, y se elevara encima y siguiera elevándose para siempre. Y Dios la fulminó, y la hundió en la tierra, abriendo interminablemente un agujero, hasta que hizo un pozo sin fondo, como era la torre sin techo. Y por esa invertida torre de oscuridad, el alma del soberbio sultán se desmorona para siempre.

G. K. Chesterton, en THE MAN WHO KNEW TOO MUCH
No. 4, Agosto -1964
Tomo I – Año I
Pág. 38

G. K. Chesterton, en “The man who knew too much”
No. 77, Junio 1977
Tomo XII – Año XIII
Pág. 372

Sueño infinito de Pao Yu

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Pao Yu soñó que estaba en un jardín idéntico al de su casa: “¿Será posible —dijo— que haya un jardín idéntico al mío?” Se le acercaron unas doncellas. Pao Yu se dijo atónito: “¿Alguien tendrá doncellas iguales d Hsi-Yen, a Pin-Erh y a todas las de casa?” Una de las doncellas exclamó: “ahí está Pao yu. ¿Cómo habrá llegado hasta aquí?” Pao Yu pensó que lo habían reconocido. Se adelantó y les dijo: “Estaba caminando; por casualidad llegué hasta aquí. Caminemos un poco.” Las doncellas se rieron. “¡Qué desatino! Te confundimos con Pao Yu, nuestro amo, pero no eres tan gallardo como él.” Eran doncellas de otro Pao Yu. “Queridas hermanas —les dijo—, yo soy Pao Yu. ¿Quién es vuestro amo?” “Es Pao Yu —contestaron—. Sus padres le dieron ese nombre, que está compuesto de los dos caracteres: Pao (precioso) y Yu (jade), para que su vida fuera larga y feliz. ¿Quién eres tú para usurpar ese nombre?” Se fueron riéndose.

Pao Yu quedó abatido. “Nunca me han tratado tan mal. ¿Por qué me aborrecerán estas doncellas? ¿Habrá, de veras, otro Pao Yu? Tengo que averiguarlo.” Trabajado por esos pensamientos, llegó a un patio que le pareció extrañamente familiar. Subió la escalera y entró en su cuarto. Vio a un joven acostado; al lado de la cama reían y hacían labores unas muchachas. El joven suspiraba. Una de las doncellas le dijo: “¿Qué sueñas, Pao Yu; estás afligido?” “Tuve un sueño muy raro. Soñé que estaba en un jardín y que ustedes no me reconocieron y me dejaron solo. Las seguí hasta la casa y me encontré con otro Pao Yu durmiendo en mi cama.” Al oir este diálogo, Pao Yu no pudo contenerse y exclamó: “Vino en busca de un Pao Yu; eres tú? El joven se levantó y lo abrazó, gritando: “No era un sueño, tú eres Pao Yu” Una voz llamó desde el jardín: “¡Pao Yu!” Los dos Pao Yu temblaron. El soñado se fue. El otro le decía: “¡Vuelve pronto Pao Yu!” Pao yu se despertó. Su doncella Hsi-Yen le preguntó: “¡Qué sueñas Pao Yu; estás afligido?” “Tuve un sueño muy raro. Soñé que estaba en un jardín y que ustedes no me reconocieron”…

Tsao-Hsueh-Kin, en EL SUEÑO DEL APOSENTO ROJO
No. 4, Agosto -1964
Tomo I – Año I
Pág. 33

… de Rolando Revagliatti

Ante mí los dos ejemplares, Mónica y Alfonso y Marcial…

…, de “Minificcionistas de El cuento Revista de Imaginación”, que han tenido la gentileza de despacharme oportunamente. Hoy, por fin, después del Aviso que me dejaran hace varios días, me fue posible irme en ómnibus hasta el edificio de Correo Argentino internacional y tras firmar acá, acá y acá, y mostrar mi documento de identidad a éste, a otro y a otro más, etc., lograr que el empleado de Aduana abriera delante de mí el sobre y después de preguntarme a qué me dedicaba y constatar el contenido me lo diera y saludara afablemente.

Me pude sentar en el ómnibus (acaso sepan que los llamamos colectivos) ya de vuelta para mi casa y durante 60 minutos leí y exploré un ejemplar de esta edición excelente. Estoy más que reconfortado por hallarme divulgado en una obra que tanto trabajo demandó y en la que se han cuidado los detalles, que como sabemos, cuando aúnan sobriedad y belleza, se tornan inefables. Muchas gracias a ustedes.

Estuve viendo las fotografías de la presentación y leyendo desde el blog de Alfonso y viendo y oyendo también el video a partir del programa radial, y la calidez de la amistad “en la imaginación” me dio alcance. Me agradaría contar con las direcciones electrónicas de los cuentistas incluidos, pero no ignoro que es mucho pedir. Y entonces lo que formalizo, a través de ustedes, es mi virtual abrazo para todos.

Los saluda efusivamente,Revagliatti

Rolando Revagliatti
http://www.about.me/rrevagliatti

Llueve

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Un día, hace muchos años, un individuo que había salido de su casa sin paraguas se dio cuenta de que empezaban a caer algunas gotas.

Debería volver a casa a buscar el paraguas —pensó.

Pero después se dijo:

¡Bah! No serán más que cuatro gotas.

Y siguió andando porque tenía mucha prisa.

La lluvia empezó a caer. Entonces el individuo se refugió en un portal.

Esperaré a deje de llover —dijo.

Había empezado el Diluvio Universal

Achille Campanile, en MONIGOTE DE PAPEL
No. 4, Agosto -1964
Tomo I – Año I
Pág. 25

Marcel Schwob

Marcel Schwob

Marcel Schwob

(Chaville, Hauts-de-Seine, 23 de agosto de 1867 – París, 26 de febrero de 1905)

 Fue un escritor, crítico literario y traductor judío francés, autor de relatos y de ensayos donde combina erudición y experiencia vital. La brevedad de su vida no le impidió desarrollar una obra singular y personal, muy próxima al simbolismo.

Hijo de una familia judía acomodada, e ilustrada, instalada en Nantes en 1875 (su padre, que llegó a escribir una obra de teatro con Julio Verne, compró allí el diario Le Phare de la Loire), se trasladó a París para seguir sus estudios en el Liceo Louis-le-Grand, en donde reveló sus dotes como políglota. Fracasó en su intento de ingresar en la Escuela Normal Superior, pero en 1888 obtuvo la licenciatura de letras.

En 1884, descubrió a Robert Louis Stevenson (La isla del tesoro), que será uno de sus modelos y a quien traducirá. Fue también un apasionado del argot, en especial del lenguaje de los coquillards medievales, utilizado por Villon en sus baladas en jerga. Schwob publicó unas series de textos breves, a mitad de camino entre el relato y los poemas en prosa, en los que crea procedimientos literarios que tendrán influencia en autores posteriores. Así, el Libro de Monelle (1894) es precursor de Los alimentos terrestres, de André Gide, y La cruzada de los niños (1896) prefigura Mientras agonizo, de William Faulkner, lo mismo que Las puertas del paraíso de Jerzy Andrzejewski. Igualmente, Jorge Luis Borges escribió que Vidas imaginarias (1896) fue el punto de partida de su narrativa al tomarlo como modelo para su Historia universal de la infamia.

En 1900, se casó con la actriz Marguerite Moreno, a la que había conocido en 1895. De salud muy delicada, Schwob emprenderá viaje a Jersey y a Samoa, y escribirá un relato del accidentado viaje a la isla polinesia, en donde Stevenson acababa de morir. Falleció a causa de una gripe poco después de regresar a Francia, a la edad de 37 años. Fue inhumado en el Cementerio de Montparnasse[1].

 

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Marcel_Schwob

Lucrecio y el amor

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Y he aquí por qué, al regresar a la alta mansión sombría de sus antepasados, se acercó a la hermosa africana, ocupada en cocer un brebaje sobre un bracero de bronce. Pues también ella había reflexionado en sus adentros, y sus pensamientos se habían remontado a la fuente misteriosa de la sonrisa. Lucrecio contempló maquinalmente el berbaje, todavía hirviente en el cuenco de metal. El líquido se fue aquietando poco a poco, y pronto su superficie fue semejante a un cielo turbio y verde. Y la hermosa africana sacudió su frente, haciendo revolar en torno a sus cabellos negros , y levantó en el aire un dedo. Lucrecio, entonces, bebió el filtro. E, inmediatamente, su razón se anegó, y todas las palabras griegas del rollo de papiro se borraron de su memoria. Y, por vez primera, estando loco, conoció el amor; y aquella misma noche, habiendo sido envenenado, conoció la muerte,

Marcel Schwob, en VIDAS IMAGINARIAS
No. 4, Agosto -1964
Tomo I – Año I
Pág. 24