Lucrecio y el amor

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Y he aquí por qué, al regresar a la alta mansión sombría de sus antepasados, se acercó a la hermosa africana, ocupada en cocer un brebaje sobre un bracero de bronce. Pues también ella había reflexionado en sus adentros, y sus pensamientos se habían remontado a la fuente misteriosa de la sonrisa. Lucrecio contempló maquinalmente el berbaje, todavía hirviente en el cuenco de metal. El líquido se fue aquietando poco a poco, y pronto su superficie fue semejante a un cielo turbio y verde. Y la hermosa africana sacudió su frente, haciendo revolar en torno a sus cabellos negros , y levantó en el aire un dedo. Lucrecio, entonces, bebió el filtro. E, inmediatamente, su razón se anegó, y todas las palabras griegas del rollo de papiro se borraron de su memoria. Y, por vez primera, estando loco, conoció el amor; y aquella misma noche, habiendo sido envenenado, conoció la muerte,

Marcel Schwob, en VIDAS IMAGINARIAS
No. 4, Agosto -1964
Tomo I – Año I
Pág. 24

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