Un pañuelo para los otros

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“En mi pabellón se alojan más de ochenta hombres, pero fuera de él lo hacen incontables camaradas. Desde aquí se oyen sus gritos y sus gemidos, y nadie puede socorrerles. A mi lado hay un sargento de Bromberg, que tiene el vientre destrozado por la metralla. El médico mayor le dijo que pronto se iría a casa, pero a los sanitarios les dijo: “No pasará de esta noche, dejadle ahí hasta que muera.”El médico mayor es un buen hombre, sin embargo. Al otro lado, junto a mí y cerca de la pared, yace un soldado de infantería de Breslau, al cual le falta un brazo y la nariz y que me dijo que ahora ya no necesita pañuelo. Al preguntarle yo que hacía cuando tenía que llorar, él me contestó: “De todos los que estamos aquí, incluidos tu y yo, ninguno volverá a llorar más. Otros llorarán pronto por nosotros.”

Carta de un soldado alemán desde Stalingrado, en 1943, de una saca confiscada por órdenes de Hitler.
No. 4, Agosto -1964
Tomo I – Año I
Pág. 45

Carta de un soldado alemán desde Stalingrado, en 1943, de una saca confiscada por órdenes de Hitler.
No. 77, Junio 1977
Tomo XII – Año XIII
Pág. 367

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