Como un búmerang

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Tiene la manía de estar enfermo, lo dice a todo el mundo, el rumor corre y finalmente retorna a él. Se entera así de que está muy grave, según opinan los demás. Entonces vuelve a lanzar la noticia en un tono catastrófico. Y finalmente, amplificada de boca en boca, la noticia lo alcanza por segunda vez, como un bumerang. Así se entera de que está muerto.

Dino Buzzati
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 35

Y así sucesivamente

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En Londres, una banda de ladrones perfora la caja fuerte de una joyería y roba collares de perlas, anillos de oro, piedras preciosas. Allí encuentran la llave de la caja fuerte de la joyería vecina que también saquean y en cuya caja fuerte hallan la llave de la caja fuerte de una tercera joyería, y…

Robert Bresson
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 25

Raymond Chandler

Raymond Chandler

 

Raymond Thornton Chandler

(Chicago, 22 de julio de 1888 – La Jolla, California, 26 de marzo de 1959)

Fue un escritor estadounidense de novela negra.

Su padre, un ingeniero civil estadounidense alcohólico y maltratador, abandonó a su familia y se divorció de su mujer, que vivía con sus tíos maternos, y ella llevó a su hijo a Inglaterra para que recibiese una sólida formación literaria. Ayudado por un próspero abogado cuáquero irlandés que era también tío de su madre, estudió en el Dulwich College de Londres (1900-1905) a clásicos y modernos; era una escuela pública donde se habían formado también escritores como P. G. Wodehouse y C. S. Forester. Después viajó a Francia y Alemania (1905-1907) y se nacionalizó británico en 1907. Tras un breve trabajo en el Almirantazgo que abandonó a causa de no simpatizar con la conducta militar, trabajó como reportero para el London Daily Express y para la Bristol Western Gazette (1908-12). Publicó 27 poemas y su primer relato The Rose Leaf Romance antes de regresar a los Estados Unidos en 1912 con dinero prestado por su tío irlandés. Visitó a su madre y sus otros tíos y se instaló en San Francisco, donde aprendió contabilidad por correspondencia, y luego en Los Ángeles, con su madre, en 1913. Participó en la Primera Guerra Mundial como soldado de los Gordon Highlander de Canadá en las trincheras del frente francés y estaba preparándose como piloto de guerra de la RAF cuando la guerra terminó y regresó a California, donde viviría ya el resto de su vida, trabajando como empleado de banca. Al morir su madre en 1924, se casó con Pearl Cecily Bowen (Cissy Pascal), dieciocho años mayor que él, una mujer con la que ya había entablado relaciones -no aprobadas por su madre-, cuando estaba casada, y una vez divorciada y celebrado el matrimonio, este duró casi treinta años, hasta el fallecimiento de ella en 1954, aunque no tuvo hijos. En 1932, Chandler había logrado ser nombrado vicepresidente del Dabney Oil Syndicate en Signal Hill (California), pero perdió este lucrativo trabajo a causa de su alcoholismo, su absentismo y sus numerosas aventuras con las secretarias. En 1933, a los 45 años y en medio de la Gran Depresión, se dedicó por entero a escribir en pulps, populares revistas de ficción criminal impresas en papel barato.

Su prosa no carece de cualidades estéticas: su estilo supera el impresionismo de Hammet y es característicamente irónico y frecuente en rasgos de ingenio cáustico, sobre todo, en los diálogos. Gracias a él la novela negra ganó una dignidad literaria desconocida hasta entonces. Su primer cuento fue Blackmailers Don’t Shoot, para la revista Black Mask, un pulp dedicado a los relatos de acción; desde entonces no abandonó el género.

Intentó imitar a Dashiell Hammett, pero su estilo es muy diferente; Hammett es seco e impresionista, y Chandler irónico y cínico. Creó ya por entonces al detective privado Philip Marlowe. Entre 1933 y 1939, produjo 19 relatos.

De Hammett toma la denuncia de la sociedad americana de la época, donde el dinero y la búsqueda del poder son los motores verdaderos de las relaciones humanas, con sus consecuentes secuelas de crímenes, marginación e injusticia. Reflexionó sobre el arte de la novela policiaca en su ensayo El simple arte de matar (1950).

A los 51 años aparece su primera novela, El sueño eterno (1939), donde Marlowe se mueve por la cara oscura de la soleada ciudad de Los Ángeles y ayuda a evitar el infarto de un millonario al rescatar a su hija de un chantaje; se considera, sin embargo, que su mejor novela es El largo adiós de (1953), en la cual descubre al asesino de la hija de un millonario, de un escritor y de un amigo suyo. En 1943 se le propuso trabajar en Hollywood adaptando el guion de Double Indemnity (Perdición), sobre la novela de James Cain, dirigida por Billy Wilder. Tras la muerte de su esposa en 1954, el escritor sufrió fuertes depresiones, aumentó su alcoholismo e intentó suicidarse en dos ocasiones.

El Noir Infestival, que se celebra cada diciembre en el municipio italiano de Courmayeur, otorga desde 1991 un premio Raymond Chandler de novela negra en su honor[1].

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Raymond_Chandler

Olvidadizo

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No sirvo para recordar nombres. Intenté alquilar un elefante en Birmania para que recordaran por mi, pues ya se sabe la fama de buena memoria que tienen esos animales, pero decidí que sus trompeteos alarmarían a los vecinos y que en mi pequeña sala, al removerse, me haría astillas los muebles.

Raymond Chandler
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 33

Edna Cantoral

Edna Cantoral

Edna Cantoral Acosta

 Edna nace en el Distrito Federal, México. (1976) A temprana edad se muda con su familia a Guadalajara, Jalisco, México , ciudad donde crece y estudia arte y literatura. Sus maestros son pintores tales como Antonio Acosta, Davis Birks, Carlos Vargas. Aprende grabado de la mano precisa del grabador Herculano Álvarez. Cursó un diplomado en creación literaria en la Escuela de Escritores SOGEM.

Fue becada por el FONCA, Fondo Nacional Para la Cultura y las Artes para estudiar un año (2004-2005)en L’ ENSAD, Escuela Nacional Superior de Artes Decorativas en París, Francia.

Ha participado en 52 exposiciones colectivas, tanto en el país, como en el extranjero: Guadalajara, Baja California, en México; y en Argentina, España, Miami, N. York, Brasil, Japón; entre ellas están: “The Artful Scriptorium”, N.York , “Derroteros”, Galería Adriana Valdés, Guadalajara, PASSION FOR FREEDOM, Unit 24 Gallery, Londres.

Cuenta con 10 exposiciones individuales, una de ellas: La firma del libro de artista: Homenaje a Juan Gelman / Hommage à Juan Gelman en la “Galerie La Hune Brenner”, Paris.

Actualmente vive y trabaja en Guadalajara y tiene la fortuna de vivir creando.

La representa:

GALERIA ADRIANA VALDES, Arte Contemporáneo, Guadalajara, Jalisco. Mexico[1].

[1] http://www.artmajeur.com/es/artist/ednacantorala/artist/edna-cantoral-acosta/66053/biography

Límites

Barro el olor de la tierra mojada. Dentro de un cuarto lejano de pared. Las paredes de la habitación esconden sus límites. No veo los muros del cuarto. Seguro que es una habitación, porque hay un aire constante, no varía, es el mismo aire que huele a tierra mojada, el mismo aire azul-café. Yo barro siempre, porque nunca acabo. Siempre, es palabra que no para, y yo no paro de barrer. Apenas presiento la pared, se me aleja extendiendo el piso y sigo barriendo. Verdad escoba, verdad que nunca acabamos de barrer. Nunca es palabra, que no pasa, es ausente.

Yo barro el piso, el mismo piso de cuadritos. Hileras de cuadritos dentro de cuadritos, de color pegajoso como tierra mojada. ¿Cómo nací escoba? Pienso que nací de ti, a lo mejor soy tu hija. O quien sabe, tal vez sea tu madre, y las madres nacen para cuidar a sus hijos, ¿verdad? Tú conoces el piso mejor que yo. ¿Qué hay debajo de los cuadritos, escoba?, ¿quedan más cuartos por barrer?

Ha de quedar limpio el piso, sin mugre de aire. Cómo se pone sucio el piso, escoba. Se ensucia porque no hay ventanas. Tú me dijiste eso. Me dijiste que cuando te aventé porque ya no quería barrer, viste una pared. Y tú, como toda escoba, deseabas ver una ventana, una ventana por donde se salga el polvo que barremos. No la viste, por eso, dices, el aire es un cubo. Después de que te aventé di vueltas por el cuarto. Perseguí las paredes sin alcanzarlas. Me tiré de panza al suelo. Busqué una puerta entre los cuadros del piso, los cuadritos ya estaban enmugrecidos. El polvo caminó por mi cabeza, como hormigas. El silencio me pesó por kilos; te busqué. Corrí el piso más largo, la escoba más lejana, el silencio encima de mí. Tan encima, que seguro me encogí y cabía entera en un cuadro de suelo. Te alcancé. Me colgué a ti, escoba, ¿te acuerdas? Empecé a barrer, así como barro ahora.

Barro. Sudo el tiempo que llevo barriendo. El tiempo ha de salir como sudor, sí, el agua se escapa, se filtra por las ranuras del suelo. Si el tiempo se quedara en el cuarto, tal vez terminaría de barrer. El agua se va. A lo mejor en algún momento sudaré ríos y el tiempo me arrastrará con él fuera del cuarto. Y ya ves, escoba, barremos, seguimos barriendo.

Edna Cantoral
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 30

Luis Cernuda

Luis Cernuda

Luis Cernuda

(1902/09/21 – 1963/11/05)

Poeta español. Nació el 21 de septiembre de 1902 en Sevilla (España). Hijo de un militar, se educó en un ambiente de rígidos e intransigentes principios.

Inició sus estudios de Derecho en la Universidad de Sevilla, donde conoció a Pedro Salinas, que fue su profesor. Ya en los años veinte se trasladó a la ciudad de Madrid, donde entra en contacto con los ambientes literarios de lo que luego se llamará Generación del 27.

Su descontento con el mundo y su rebeldía se deben, en gran medida, a su condición de homosexual, a su conciencia de ser un marginado. Admite ser un “inadaptado”. Recibió influencias de autores románticos: Keats, Hölderling, Bécquer… También de los clásicos, en especial de Garcilaso.

Durante un año trabajó como lector de español en la Universidad de Toulouse. Cuando se proclamó la República se mostrará dispuesto a colaborar con todo lo que fuera buscar una España más tolerante, liberal y culta. Durante la Guerra Civil participó en el II Congreso de Intelectuales Antifascistas de Valencia, y en 1938 fue a dar unas conferencias a Inglaterra, de donde ya no regresó a España, iniciando un triste exilio. Pasó por Inglaterra, Escocia y, desde 1952, México.

Su primera obra, Perfil del aire (1927), estaba en la línea de la poesía pura. De su estancia en Francia surgió Un río, un amor (1929), influido por el surrealismo. Donde habite el olvido (1934) es un libro desgarrador por la sinceridad con la que aborda el fracaso amoroso. Desde 1936 agrupa toda la poesía que va produciendo bajo el título La realidad y el deseo, al que va añadiendo poemas. En el exilio publicó Las nubes (1940), Con las horas contadas (1950-1956) y Desolación de la quimera (1962). También escribió interesantes ensayos literarios y colaboró en revistas y periódicos mexicanos como Excélsior o Novedades.

Luis Cernuda falleció el 5 de noviembre de 1963 en Ciudad de México[1].

[1] http://www.buscabiografias.com/bios/biografia/verDetalle/2018/Luis%20Cernuda

Emilio García Riera

Emilio García Riera

Emilio García Riera

(Ibiza, España, 17 de noviembre de 1931 – Zapopan, Jalisco, México, 11 de octubre de 2002)

Fue un escritor, actor, historiador y crítico de cine español naturalizado mexicano.

Después de la guerra civil española se trasladó primero a Francia, luego a la República Dominicana, donde falleció su padre, y en 1944 llegó a México, que se convirtió en su país de adopción. Estudió en la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México. Trabajó como investigador en el Centro de Comunicación y como profesor de Sociología del Cine en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y profesor en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de su Alma máter. Se trasladó luego a la ciudad de Guadalajara, donde fue fundador y director del Centro de Investigaciones y Enseñanza Cinematográfica de la Universidad de Guadalajara, la cual le otorgó el doctorado Honoris causa de manera póstuma.

Además de dirigir la colección cinematográfica Grandes Cineastas, contribuyendo con 5 volúmenes (los dedicados a Emilio Fernández, Fernando de Fuentes, Howard Hawks, Max Ophüls y Erich von Stroheim), García Riera fue crítico de cine en varias revistas y periódicos como España Popular, Nuevo Cine, México en la Cultura, Novedades, “Excelsior”, S.nob, Imágenes o Decine. También adaptó al cine junto a Alberto Isaac la obra En este pueblo no hay ladrones (1964), considerada la mejor película basada en un texto de Gabriel García Márquez (en la que actuaron junto a actores profesionales el propio García Márquez, Luis Buñuel, Juan Rulfo, Luis Vicens, Carlos Monsiváis, Arturo Ripstein, Leonora Carrington, José Luis Cuevas y el mismo Emilio García Riera), así como Los días del amor (1971) y En el balcón vacío (1961). También actuó en las películas Tiempo de morir (1965), El mundo loco de los jóvenes (1966) y Las reglas de la vida (1970).

Su principal trabajo, inigualado aún en ningún otro país, fue la Historia Documental del Cine Mexicano, una obra en la que comenta más de 3500 películas rodadas entre 1929 y 1976, publicada por primera vez en Cal y Arena y por segunda en la Universidad de Guadalajara.

Además escribió las siguientes obras:

Historia documental del cine mexicano. (18 tomos)

México visto por el cine extranjero. (4 tomos)

Historia del cine mexicano.

El cine es mejor que la vida. (Cal y Arena, 1990), por esta última recibió el Premio Xavier Villaurrutia.

Las películas de Tin Tan.

Desde 1999 sufría una fibrosis pulmonar que acabó con su vida en 2002[1].

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Emilio_Garc%C3%ADa_Riera

Metafísica

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He aquí lo más cerca que he estado de una intuición metafísica: un día, al afeitarme, detuve de pronto mi  “rastrillo” en una mejilla aún enjabonado y me pregunté cuántas veces llevaba ya cumplido en mi vida ese rito mecánico y matinal; hice cuentas; unas 17 mil veces, cuando menos; bueno, me dije entonces, y si llego a las 25 mil afeitadas, ¿quién me premiará? ¿Dios o Gillette?

Emilio García Riera
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 23

Raymond Queneau

Raymond Queneau

Raymond Queneau

(El Havre (Seine-Maritime), 21 de febrero de 1903 – París, 25 de octubre de 1976)

Fue un escritor, poeta y novelista francés, cofundador de OuLiPo.

Raymond Queneau fue hijo único de Auguste Queneau y Joséphine Mignot. Graduado en 1919 en latín y griego, se trasladó a estudiar en la Sorbona de París donde estudió tanto matemáticas como letras. Se graduó en filosofía y psicología. Ahí se sintió atraído por el movimiento surrealista.

Después de un viaje a Grecia en 1932, empezó a reflexionar sobre las divergencias existentes entre las lenguas habladas y las lenguas escritas, divergencia evidente en el griego pero también en el francés. Estas reflexiones las plasmó en diversos artículos sobre el «neofrancés» y las utilizó en sus novelas. Escribió su primera novela Le Chiendent, publicada en 1933.

Vivió de su trabajo como periodista, realizando pequeños trabajos, y luego, a partir de 1938, de su colaboración con la editorial Gallimard en la que fue traductor, lector, miembro del comité de lectura, entre otros.

Tras la liberación, frecuentó también los medios de Saint-Germain-des-Prés. Su poema Si tu t’imagines, musicado por Joseph Kosma por iniciativa de Jean-Paul Sartre, fue un gran éxito de Juliette Gréco. Otros de sus poemas fueron interpretados por el cuarteto vocal Les Frères Jacques. Escribió libretos para comedias musicales y los diálogos de diversas películas como Monsieur Ripois realizada por René Clément.

En 1947 se publicaron sus Ejercicios de estilo (Exercices de style). Fue también el inicio de las primeras publicaciones que realizó bajo el heterónimo de Sally Mara, siguiendo un procedimiento análogo al de su amigo Boris Vian con el heterónimo Vernon Sullivan.

El 11 de febrero de 1950 (17 de Gueules de 77) fue nombrado «Sátrapa Trascendente» del Colegio de ‘Patafísica.

En 1951 ingresa en la Academia Goncourt (Sociedad Littéraire des Goncourt), en el cubierto sexto, que ocuparía hasta su fallecimiento.

En 1959 publicó Zazie dans le Métro, novela que reveló a Raymond Queneau al gran público. Ese mismo año Olivier Hussenot realizó una adaptación teatral y en 1960 el director Louis Malle una adaptación cinematográfica.

Amante de las ciencias (en 1948 entró en la Sociedad Matemática de Francia), Raymond Queneau siempre intentó aplicar normas aritméticas en la construcción de sus obras. Con motivo de un coloquio sobre su obra, Raymond Queneau et une nouvelle illustration de la langue française, celebrado en septiembre de 1960, en diciembre de ese año fundó, junto a François Le Lionnais, el Séminaire de littérature expérimentale (Selitex), un grupo de investigación literaria y científica que posteriormente se convirtió en el OuLiPo (Obrador de Literatura Potencial).

Se casó en 1928 con Janine Kahn, de la que enviudó en 1972, y con la que tuvo un hijo el 1 de marzo de 1934, Jean-Marie Queneau[1].

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Raymond_Queneau

La perfección

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¿Cuál de todas esas gentes vale un fantasma? A veces Jacobo sigue a un personaje de la calle menos por conocer a ese otro que por volverse él durante unos minutos. Pero esta mañana no descubre a ninguna presa atractiva. Continúa su camino sabiendo dónde va pero de pronto ya no lo sabe porque el tipo se presenta con el aspecto de un ciudadano absolutamente cualquiera. Jacobo se pega a él, y el otro anda con un paso moderado y un poco más y simplemente haraganería. ¿Qué hace este tipo? Parece que nada. No se detiene ante ninguna tienda, no se vuelve a ver a las mujeres, no les pushipushi a los gatos ni pstpst a los perros ni ey a los taxis, no da palmaditas en los cachetes de los niños, no se entretiene pisando sobre las separaciones del empedrado, no pregunta por ninguna calle a ningún gendarme, no entra en los mingitorios, no cruza una calle sin haber mirado a izquierda y a derecha, no estornuda ni eructa ni se tira un pedo, no se tambalea, no echa migas de pan a los pajaritos, ni a los gordos pichones, no espera ningún tranvía, ningún autobús, no desciende a ninguna estación del Metro, no se hurga las narices, no balancea los brazos al caminar, no se rasca la nuca ni el trasero, no saca su pañuelo ni se enjuaga el sudor ni se suena pero tampoco escupe al suelo, no fuma, no se mete las manos a los bolsillos, no tira ni papeles emborujados ni billetes de autobús ni de tranvía al borde las aceras, no cojea, no tiene muecas ni sobresaltos, es un tipo tan bien tan correcto tan cómo se debe ser que Jacobo se pregunta cómo habrá hecho para ser tan perfecto y elegantemente no llamar la atención y entonces el ciudadano se precipita sobre el bolso de mano de una señora y escapa con él en una súbita carrera.

Raymond Queneau
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 20

La libertad

La niña preguntó:

—Papá ¿qué es la libertad?

El padre tomó un caracol, lo acercó a la oreja de la niña y le dijo:

—¡Escucha! Este es el sonido de la libertad.

Pero del fondo del caracol emergió una araña, se introdujo en el oído de la niña y le produjo la muerte.

Pellanda
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 19

Ante un espejo

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Un hombre espantado entra y se mira en el espejo.

—¿Por qué se mira usted en el espejo, cuando no puede encontrar allí más que desagrado?

—El hombre espantoso me responde:

—Señor, de acuerdo a los inmortales principios del 89, todos los hombres somos iguales en derechos; por consiguiente yo estoy muy en mi derecho de mirarme en el espejo, sea  con agrado, sea con desagrado,  pues eso es asunto que sólo concierne a mi conciencia.

En nombre del buen sentido, sin duda yo tenía razón; pero desde el punto de vista de la ley, él no se equivocaba.

Charles Baudelaire
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 17

Todo un recibimiento

Todavía no ha amanecido. Me despierta el ruido que hace Luis al meterse por la ventana de la cocina. La he dejado abierta sabiendo que vendría. Hace ya varios meses que rompimos y él se sigue presentando en los momentos más inesperados. Me acosa, me reclama, “¿quién es ese hombre?, tu sales con él sólo para hacerme sentir mal”. He intentado todo para convencerle que me deje buscar otra pareja, que me deje en paz. Es inútil, “seguiré contigo hasta la muerte”. Considera que conserva sobre mí cierto derecho de propiedad. Me ha amenazado. Suki, mi perrita, apareció envenenada hace ocho días.

Se abre la puerta de mi cuarto y un torbellino salta desde debajo de mi cama y se abalanza sobre el cuello de Luis, tirando una mesita a su paso. Me tapo la cabeza con la sábana, no quiero oír nada. Debo esperar unos minutos a que todo termine. Luego, le avisaré a la policía que mi perro de ataque confundió a mi exnovio con un ladrón.

Alejandra Padilla
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 11

Beber lumbre

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Vinieron las voces marchitas a decirme que allá afuera está haciendo un calor inagotable, que el Sol brilla ciego hacia la tierra, que la noche huraña se esconde en las tinieblas, que la ciudad está quebrada y el calor espanta.

Que todo anda de cabeza, los árboles nacen en el concreto y las casas en los montes, que la tierra mendiga y el hambre reina, que se apaga el campo y la ascosidad retoña, que mejor no salga.

Que un aire mudo cierra puertas y ventanas, que el silencio mata, que la lluvia muere y la flor suspira, que la sed avanza y la sequía florece, que mejor no salga.

Que la brisa húmeda ahora es fuego, que rezar es un calvario, que la vida llora su agonía y muerte…

Déjenme en paz, interrumpo a las voces marchitas, no hay lugar en este mundo para una ciudad así.
Volvieron las voces marchitas a decirme… que mejor no salga.

Patricia Richkarday
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 9

El fenómeno

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Está anunciado fuera de la barraca, pero sin detalles precisos. Sencillamente dan a entender que es monstruoso. El camino para llegar a él es largo, estrecho, con poca luz, indicado por altavoz.

Repentinamente, el altavoz pide silencio. En efecto, uno llega a una habitación sumida en total oscuridad.

De repente, estalla la luz.

Y uno se encuentra frente a un espejo.

Jacques Sternberg
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 7

Zooretrato

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El coyote es un esqueleto largo y fino, tristón, encima del cual han tenido una piel de lobo gris con la vistosa cola hinchada siempre arrastrada por el suelo, con aire desesperado, de abandono y de miseria. Tiene ojos humildes pero de mala persona, la cabeza larga y aguda, los hocicos ligeramente arremangados y los dientes al descubierto. Todo su ser ostenta un aire furtivo. Es la imagen viviente de la necesidad. Siempre tiene hambre, siempre está en desgracia, siempre pobre, siempre sin amigos. Los animales más viles lo desprecian y hasta las pulgas serían capaces de abandonarlo para saltar a picar a una bicicleta. Es tan cobarde que cuando sus dientes te amenazan, el resto de su cuerpo parece presentar excusas.

Mark Twain
Número 129 – 130, Abril-Septiembre 1995
Tomo XXV – Año XXXI
Pág. 5

Anthony Burguess

Anthony Burgess

John Anthony Burgess Wilson

(25 de febrero de 1917 – 22 de noviembre de 1993)

 

Fue un famoso escritor y compositor británico.

Nació en la ciudad de Mánchester, Inglaterra. Su madre murió cuando era aún un niño en 1918.

Burgess trabajó como oficial de educación en Brunéi y Malasia después de la guerra. En 1959 sufrió un colapso en una clase en Malasia. Le fue diagnosticado un tumor cerebral inoperable con pocas probabilidades de vida a largo plazo. Este hecho lo inspiró a escribir con la intención de que su mujer, Lynne, pudiera vivir con holgura con los ingresos provenientes de los derechos de autor. Se retiró de la enseñanza y se convirtió en escritor a tiempo completo conviviendo con la enfermedad durante varios años. Escribió cinco novelas y media en un año. El brutal diagnóstico, que le auguraba cuando más un par de años de vida, no se confirmó finalmente en los hechos, circunstancia que suele ser ofrecida como ejemplo de la influencia benéfica que la actividad artística tendría sobre la salud humana. Esa “media” novela escrita con la convicción de una muerte cercana, se convertiría después en su obra literaria más famosa.

A partir de entonces, escribió y publicó más de cincuenta libros que abarcaban una amplia variedad de temas a lo largo de su carrera. Es autor de enorme cantidad de críticas literarias, ensayos, por ejemplo sobre Shakespeare y Joyce, artículos periodísticos y una veintena de novelas crueles y cáusticas.

Su trabajo más famoso (o reconocido tras la controvertida adaptación para el cine de Stanley Kubrick) fue la novela La naranja mecánica (A Clockwork Orange) escrita en 1962. La novela fue originalmente inspirada por un incidente vivido por el autor durante la Segunda Guerra Mundial, cuando él y su mujer fueron asaltados en 1944, siendo la esposa del propio Burgess víctima de robo y violación por parte de cuatro marines estadounidenses en las calles londinenses. Dado que se encontraba embarazada, la paliza le provocó un aborto. El libro trata sobre la libre voluntad y la moral, y la manipulación de los individuos por fuerzas como los sistemas políticos, la represión, y cómo estas conllevan a la corrupción del ser humano.

El trabajo de Kubrick provocó algo de controversia, entre otros motivos porque la película, pese a haber sido filmada en Gran Bretaña, sigue la versión de la obra según fue editada en los Estados Unidos, la cual no incluye el polémico capítulo final del libro (capítulo 21); en éste, el protagonista se regenera, pues al crecer unos años comprende que es preferible canalizar su energía de un modo constructivo.

La larga lista de las obras del autor incluye, entre otras, The Wanting Seed, Honey for the Bears, One Hand Clapping y Mil novecientos ochenta y cinco. Junto a Jeanne Moreau y André Delvaux fue asimismo jurado del Festival de Cannes de 1975.

Tenía un gran interés por la música, que fue su primera pasión, antes de dedicarse a la literatura. Escribió dos sinfonías, además de varias sonatas y conciertos, alcanzando justa fama como compositor.

Su capacidad para los idiomas (hablaba malayo, ruso, francés, alemán, español, italiano y japonés, además del inglés, su idioma nativo, y un poco de hebreo, chino, sueco y persa), se ve reflejada en la invención del Ulam, lenguaje prehistórico ficticio, para la película En busca del fuego (1981).

Burgess murió de cáncer de pulmón en 1993[1].

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Anthony_Burgess

Jesús Cabral

Jesús Cabral Semblanza

Jesús Cabral

 

Soy un amante de nuestra lengua castellana y me siento latinoamericano nacido en México. Habló y leo. Y como una imagen dice más que mil palabras, siempre he cultivado la imagen, a través de la fotografía, en varias formas. Leo poco, pero bueno y escribo aún menos. Algunos artículos acá y allá. He sido redactor en algún medio informativo y locutor de lo mismo que redacto. Me apasionan algunas obras maestras de la literatura universal, como Crimen y Castigo y el Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha. Mi gusto mayor es el cuento corto y ahora incursiono en la narrativa oral de cuentos cortos. Hay algo en la minificción que la hace única y extraordinariamente apta para la narración oral. He escrito solo un par de cuentos cortos y uno de ellos lo envié a la revista El Cuento, allá por 1992 y muchos años después me enteré con satisfacción que fue publicado (“El día que el crimen apareció en Pinkhills”), un cuento breve, policiaco y algo sangriento. Lo imaginé mientras vivía en un apacible pueblito del sur de California, donde aparentemente nunca pasaba nada… No he vuelto a escribir cuentos, lo tengo que reconocer. Ahora sin embargo disfruto dar a conocer cuentos breves de aquellos que si escriben, poniendo a su servicio mi habilidad verbal para contarlos y eso me llena de satisfacción. Por fortuna el arte del “contador de cuentos” está resurgiendo y me da gusto ser parte de ese movimiento. Vivo en San Cristóbal de Las Casas, donde la cultura en todas sus formas tiene un lugar privilegiado en la vida cotidiana de este centro de mucha cultura en el sureste y que es puerto y puente de unión con el sur de nuestro intenso continente americano. Nunca descarto que en el futuro intente escribir mis cuentos, o mejor dicho mis cuentas, las cuentas de los muchos viajes que en los últimos 30 años he hecho, sobre todo a sudamérica y también al otro lado del “charco” atlántico. Hay tiempo. Viva el cuento[1].

 

[1] Semblanza enviada por el propio Jesús Cabral por e-mail.

Topo

Cava, cava. Se le va la vida en eso. Lleva años cavando ese mismo lugar. Hace su hoyo más y más grande cada vez. No conoce la luz, mucho menos el mundo exterior. Lo único que lo alumbra es una lámpara de petróleo; él sabe que no es eterna, pero no le importa, sus ojos ya se acostumbraron a la oscuridad.

Cava, cava, tiene sus esperanzas puestas en su pala y su pico. Se detiene un momento a recordar la última vez que estuvo en la superficie. Fue cuando alguien le dijo.

—¡Vete al infierno!

Cava, cava. No dejará de cavar.

Francisco J. Sánchez Corral
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 33

Alta fidelidad

Este tipo es un miserable, pensé. Después de la tremenda pelea me odiaría tanto como yo a él. No hay más vueltas que darle, la solución es buscarme otro, creí.

Acto seguido, estaba bajo ochenta kilos de hombre, soberbio, lo mejor, de manos expertas, peludas y suaves, de contoneos precisos, menos exactos, olor exquisito. Los jadeos suplían la música, el ambiente estaba cargado, eléctrico, qué experiencia, yo nunca antes había sentido…, bueno, no así tan…, no sé, intenso. Me tomó de la cintura, me dejó suspendida, como levitando, flotando, mi pelvis enloqueció, mi cuerpo entero se convulsionaba, estaba acabando y no pude evitar gritar Juan, Juan, Juan… Ahí me entró el pavor, me quedé quietecita, era el colmo ser tan mala amante como para andar nombrando a mi estúpido marido al momento del polvito clandestino; pero el espanto dio paso a la ira cuando este condenado empezó a invocar a una tal Betina, qué fraude, qué decepción, qué estafa, todo estaba tan bien. Hasta que fui sacada del trance y abrí los ojos, encontrándome con uno setenta y cinco metros de macho, sudado, pelo negro desordenado y sonrisa enorme, ahí estaba Juan, sin enojos, y yo, Betina, perfectamente estirada entre él y la cama, como bella mariposa de insectario.

Patricia Salgado Middleton
Número 136 – 137, julio-diciembre 1997
Tomo XXIX – Año XXXIII
Pág. 154