Henry Boguet

 

 

Henry Boguet

Henry Boguet

(1550 Pierrecourt , Haute-Saône – 1619)

Fue un reconocido jurista y juez de Saint-Claude (1596-1616) en el condado de Borgoña. Su fama se debe en gran medida sobre todo como demonologista por su Discours exécrable des Sorciers (1602), que fue reeditado doce veces en veinte años[1].

[1] http://en.wikipedia.org/wiki/Henry_Boguet

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Cuando ellas eran lobas

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Una vez un cazador atacado por una loba le cortó la pata de una cuchillada. Fue a pedir hospitalidad a un castillo y contó el caso al señor, y para dar fe de sus palabras, abrió la bolsa en que había guardado la pata. En vez de la pata halló una mano de dama con sortijas en los dedos. Fueron a ver a la señora del castillo y observaron que escondía el brazo. Habiéndola obligado a enseñarlo resultó faltarle la mano, que era la que el cazador había cortado. Luego confesó ser ella la loba del día anterior.

Boguet
No. 4, Agosto -1964
Tomo I – Año I
Pág. 93

Boguet
No. 143-145, Abril-Diciembre 1999
Tomo XXX – Año XXXV
Pág. 77

Gédéon Tallemant des Réaux

Tallemant des Réaux

Gédéon Tallemant des Réaux

(La Rochelle, Francia, 7 de noviembre de 1619 – París, 6 de noviembre de 1692)

Fue un escritor y poeta francés conocido por sus Historietas, y por su recopilación de biografías cortas de sus contemporáneos.

Tallemant des Réaux pertenecía a una rica familia de banqueros hugonotes de La Rochelle; el nombre de “des Réaux” tiene su origen en una pequeña propiedad que compró en 1650. Desde muy joven se traslada a París, y a los dieciocho años viaja a Italia junto a su hermano François, abad Tallemant. A su regreso a París, su padre obtiene para él el cargo de consejero en el Parlamento de París una vez consigue obtener la titulación en derecho civil y derecho canónico. Como su profesión no le gustaba nada, decide buscar otra fuente de ingresos al casarse con su prima Élisabeth de Rambouillet. Su hermanastro se había casado con una mujer de la familia d’Angennes lo que le permitió acceder al Hôtel de Rambouillet.

Al no ser un ferviente admirador del rey Luis XIII, la marquesa Catherine de Rambouillet sacó provecho de la curiosidad de Tallemant por sus historias que tenían un valor histórico real acerca de los reinados de Enrique IV y de Luis XIII. La sociedad que acudía al Hôtel de Rambouillet fue un terreno abonado para el agudo sentido de la observación de Tallemant, y origen de sus despiadadas aunque nunca falsas críticas. En sus Historietas, traza semblanzas de escritores como Voiture, Guez de Balzac, Malherbe, Chapelain, Boisrobert, Conrart, Des Barreaux, Gombauld, Scarron, Malherbe, La Fontaine, Pascal, Marie de Gournay, Marie-Catherine de Villedieu, el abad d’Aubignac, Pierre Corneille, Georges de Scudéry, Madeleine de Scudéry, Madeleine de Sablé, Marie de Sévigné o Racan. También habla de personalidades políticas como Richelieu, de famosos como el actor Mondory y de las cortesanas de peor reputación, como Marion Delorme, Ninon de Lenclos o Angélique Paulet.

Las Historietas tienen un inestimable valor para la historia literaria del Siglo XVII. Aunque se publicaron de modo semiclandestino, la obra permaneció como manuscrito hasta su publicación en 1834-36. Causó incredulidad en el mejor de los casos e indignación en el peor de ellos, ya que no era esa la imagen que en el Siglo XIX se quería proporcionar del Gran Siglo francés. A pesar de todo, testimonios independientes dieron verosimilitud a cuanto en ellas se había escrito.

Muy relacionado con Valentin Conrart, Tallemant des Réaux también fue poeta y, a pesar de que su actual fama tiene su origen en sus Historietas, contribuyó como poeta en la Guirnalda de Julia. Su obra quedó manuscrita hasta su publicación en 1834. Tallemant también trabajó en la redacción de unas Memorias sobre la regencia de Ana de Austria cuyo manuscrito se ha perdido.

El final de su vida está marcado por los problemas relacionados con la creciente represión sobre los Hugonotes que concluiría con el edicto de Fontainebleau. En 1660, su esposa se convierte al catolicismo antes de retirarse a un convento. Sin embargo, su hija es expulsada por pretender mantener sus creencias religiosas. El propio Tallemant abjura en 1684, en un gesto que no fue totalmente desinteresado, ya que sirvió para que obtuviera una pensión de 2.000 libras en un momento en el que había sufrido graves problemas financieros[1].

 

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/G%C3%A9d%C3%A9on_Tallemant_des_R%C3%A9aux

La puerta de la desgracia

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La espada ardiente me roía las cejas y me penetraba en los ojos doloridos. Entonces todo vaciló. El mar cargó un soplo espeso y ardiente. Me pareció que el cielo se abría en toda su extensión para dejar que lloviera fuego. Todo mi ser se distendió y crispé la mano sobre el revólver. El gatillo cedió, toqué el vientre pulido de la culata y allí, con el ruido seco y ensordecedor, todo comenzó. Sacudí el sudor y el sol. Comprendí que había destruido el equilibrio del día, el silencio excepcional de una playa en la que había sido feliz. Entonces, tiré aún cuatro veces sobre el cuerpo inerte en el que las balas se hundían sin que se notara. Y era como cuatro breves golpes que daba en la puerta de la desgracia.

Albert Camus, en EL EXTRANJERO
No. 4, Agosto -1964
Tomo I – Año I
Pág. 86

Albert Camus
No. 23, Mayo 1967
Tomo IV – Año III
Pág. 428

Meditación del Infierno

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Allá un pueblo subterráneo de pensamientos consentidos, deseos, actos ocultos, vergüenzas solitarias, conversaciones y palabras, fue tendiendo sus redes invisibles; sin los colores del deleite, porque luego debíase “ver con la vista de la imaginación los grandes fuegos, y las ánimas como en cuerpos ígneos; oír con las orejas llantos, alaridos, voces, blasfemias contra Cristo Nuestro Señor y contra todos los santos; oler con el olfato humo, piedra azufre, sentina y cosas pútridas; gustar con el gusto cosas amargas, así como lágrimas, tristeza y el verme de la conciencia; tocar con el tacto es, a saber, como los fuegos tocan y abrasan las ánimas”. Ya desde la víspera se había dado como primer preámbulo de la composición del lugar, “ver con la vista de la imaginación la longura, anchura y profundidad del Infierno”… la execración del vicio lujurioso, para que cada uno de los ejercitantes mire su retrato y la misería.

Agustín Yáñez, en AL FILO DEL AGUA
No. 4, Agosto -1964
Tomo I – Año I
Pág. 81