Tercer aviso

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El despertador suena fastidiante en tus sienes, tu mente cual máquina tragamonedas se enciende comenzando a marcar una a una las actividades en tu vida: deberás levantarte y meter los pies en las pantuflas mientras las sábanas se deslizan cama abajo, el despertador lanza el segundo aviso dándote cuenta de que llevas cinco minutos de retraso sobre esa rutina.

Cierras los ojos, no estás llorando, pero no puedes negar que su imagen sigue en tu mente, esa carita llena de rabia, hasta le salía espuma por la boca —piensas mientras repites su nombre —Mayra… ¡Pinche vieja! —gritas —¡Nadie por muy buena que esté le puede decir a Joaquín Morales que no sabe coger!—. Y con la misma actitud de yo-todo-lo-sé-y-no-te-atrevas-a-negarlo, envuelves a Mayra-fría-boca-azul en la sábana todavía olorosa a sexo, mientras de un golpe callas al despertador que ya está dando su tercer aviso.

Martha Regina López Morales
No. 133, Abril-diciembre 1996
Tomo XXVIII – Año XXXII
Pág. 13

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