Los abuelos

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“Amarrarse con un cordel el dedo gordo del pie a la cama. Un papelito con nombre y dirección en el bolsillo de la pijama. Los mayores deberán llevar las gafas y el pasaporte”. A la mañana siguiente había que ponerse en fila frente al baño y dejarse contar. Mi abuelo creía que los niños podíamos volar mientras dormíamos y amanecer del otro lado del mar. “Cosas de viejos”, decía mi abuela, “¿Cuándo has visto que falte alguno de ustedes?”. Y era verdad, siempre estábamos completos, pero ella se levantaba tarde en la noche y nos cerraba la ventana de la habitación por fuera.

Dalia Subacius Folch
No. 133, Abril-diciembre 1996
Tomo XXVIII – Año XXXII
Pág. 37

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