La carta

A nadie aguardaba, pero en medio de aquella callada, controlada angustia, tan parecida a la espera, casi no le sorprendió escuchar el timbre.

Fue hacia la puerta, el cartero le tendió un sobre alargado. De una manera automática lo abrió y una luz cegadora le invadió, fue como si entrara una niebla espesa hecha de fino polvo argentado.

Entonces comprendió:

Se dio cuenta de que había visto el sobre, el sello con la figura de una mano que señalaba la dirección: Calle de Rímini 251. Había una inscripción dentro del contorno de la mano: Dirección inexistente, favor de devolver al remitente. Luego vio dentro de sí, su error, la verdadera dirección era: Calle Rímini 215.

La antes controlada angustia estalló en un grito inaudible.

Al otro día el periódico, El Observador Romano publicó las dos siguientes noticias:

Pese a las amenazas contra su vida, el Primer Ministro, tomó posesión de su cargo, sin incidentes que lamentar.

Y en otra sección:

Akbar Hadid, el conocido terrorista que amenazara de muerte al Primer Ministro, pereció en una explosión, en una casa de las afueras de Roma.

Ríos Alcocer
No. 133, Abril-diciembre 1996
Tomo XXVIII – Año XXXII
Pág. 66

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